sábado, 1 de agosto de 2009

Azoteas





Carlos Enrique Polanco. Homenaje a Arguedas. Óleo, 70 x 50 cm, 1998.

Por aquí se estila decir que alguien "está mal de la azotea" cuando padece problemas mentales, un eufemismo equivalente a "estar mal de la cabeza" -pero no con cefalea- o andar "medio coca-cola" -mas no por sed sino para no pronunciar la palabra maldita que alude a la razón perdida-.

Pero la azotea no suele ser un lugar importante de la casa.

Sólo alude a algo que está allá arriba, en contacto con las nubes y los pájaros. Que está porque tiene que estar pues: el inevitable reverso del techo, el otro lado del albo 'cielo raso'. Y como ya está ahí, qué hacer: es la azotea nada más.


CE Polanco. Paisaje urbano. Óleo, 70 x 100 cm. 1992.


La azotea es un lugar vergonzante, un sótano fácil, un desván hundido en el cielo, propicio para trastos y despojos, para corrales y cuartuchos. Pero muchas veces es el único lugar de casa donde brilla el sol -y los eclipses-, donde irrumpe el amanecer -y las borrascas-.

"Quiso lanzarse de la azotea porque estaba mal de la azotea", dicen, "tiene algo en la azotea", acusan, como si la azotea pudiese estar vacía, como si no se llenase de botellas y crepúsculo, de luz de astro, de vuelo de aviones y cometas, de juegos de infancia, de polvo de estrellas y de urbe. Pero vacía jamás: allí recala desterrado el pariente intruso, el indeseable, el que nadie quiere ver como en el cuento de Ribeyro: a la azotea con el que seguramente estaba "mal de la azotea".

O de sombras de aves migratorias o de furtivas cópulas gatunas aunque sea, pero cómo estaría vacía una azotea si allí cabe el cielo todo.



CE Polanco. Techos. Óleo, 70 x 100 cm. 1992.


Pues azotea inservible, vacía, no hay. En mi ciudad natal, por ejemplo, no llueve; no llueve agua pero sí cenizas: cenizas de los cañaverales que se queman en las empresas azucareras cercanas y de donde viene el dulzor. Nosotros jugábamos con aquella frágil amiga en la azotea para no desordenar la casa.
Para no desordenar el orden.

Porque en la azotea no hay orden ni desorden -como decía Luchito H respecto a la poesía-. Y las casas debieran construirse pensando y sintiendo -e imaginando a las azoteas-, hacerse desde arriba hacia abajo si fuese el caso, advirtiendo ese mirador desbocado que no acostumbramos.

A la azotea se llega por una escalera chiquitita y empinada, sin alfombra. Por ella bajaba yo de las inacabables tardes de mi infancia. Y por ella sigo subiendo ahora a ver las azoteas y "las azoteas", con sus revoltijos y sus desórdenes, con sus días y sus noches, y con idéntico fervor.




CE Polanco. Danzante con músicos. Óleo, 120 x 100 cm. 2002.




ENLACE:



- Galería virtual del pintor peruano Carlos Enrique Polanco.

- Ribeyro sobre las pinturas de C.E. Polanco.


CE Polanco. Techos. Óleo, 70 x 100 cm. 1993.


6 comentarios:

sin pepas... dijo...

otra vez tuve el problema para poder leer el enlace desde mi compu... interesante, vas a las azoteas a "ver las azoteas" es que así tenemos a nuestros enfermitos, en las azoteas... en todo caso, gracias por ir a visitarlos, estén donde estuvieren

de mi azotea se podía subir al techo de mi casa, algo que siempre me gustaba hacer, me agradaba el frescor de la tarde y a veces dormía por un rato, al arrullo del viento, felizmente nunca me caí y "la azotea" sigue andando

Tony Chávez Uceda dijo...

En la escena final que tengo planificado para "conversación en la catedral" se muestra una toma de una azotea, llena de suciedad y de chatarra y de trastos viejos y de todas esas cosas que tan maravillosamente se describen en el texto del maestro Ribeyro. Gracias por publicarlo, me ha dado algun parámetro visual para la composición de esas imágenes. Bueno, yo hice este video collage

http://www.youtube.com/watch?v=vu_jnX-eXKQ

para ilustrar el movimiento de cámaras y el tipo de encuadres que se sucederán, pero no pude encontrar una foto de una azotea ruinosa. Y eso que invertí cuatro dias buceando en las profundidades de la red, y en cinco idiomas. Parece que la internet es esquiva o fóbica de publicar fotos de azoteas decrépitas, de esas azoteas que tanto abundan en nuestro país, y que son el ejemplo de como levantarnos, de esa inmundicia, hacia el mástil y luego nuestra bella bandera ondeando en el aire frío y húmedo de Lima. Todo eso a los fastuosos sones de la sinfonía 7 de Shostakovich.

Ya llegará el día en que pueda filmar eso, aunque sea en una cámara digital, eso sí, a 24 cuadros por segundo, y con obturador algo lento.

Lizardo dijo...

Ciertamente falta el gran fotógrafo de las azoteas urbanas en nuestro medio. Para las pinturas, Polanco. De hecho no fue sencillo encontrar imágenes adecuadas sobre la esplondorosa ruina de las azoteas.
Veremos el video con calma.
La azotea de la infancia es un tema y un recuerdo siempre cercano.
Gracias por sus comentarios.

Iván dijo...

Qué maestro es Polanco realmente.

Rodolfo Pereira dijo...

Hola Lizardo,
Hace unos días subí al altillo de mi casa en Washington DC, y allí me encontré con una caja de cartón que no había abierto por muchos años. Miles de mudanzas, algunas de país en país, y otras de estado en estado, o al interior de una misma ciudad, me impidieron abrirlo a tiempo. A veces pienso que tanta mudanza significa que huyo de algo o alguien, que hasta hoy no he identificado.
Pero al abrir ese cajón inofensivo, me encontré de pronto con una copia intacta de mi película "El rey de las azoteas", filmada en 16 mm. Julio Ramón autorizó la filmación, sus derechos de autor fueron comprados y tengo entendido que la miraba con gusto. Todavía tengo conmigo algunas cartas que intercambiamos juntos, durante el proceso de escritura del guión. En fin, me gustaría que veas el corto haciendo click en el siguiente enlace:
http://vimeo.com/7107918
Esa película forma parte de otras que también he recuperado.
No sé si podrías postearla en tu blog.
Cualquier comentario, me lo puedes enviar a rodopereira@aol.com

Un abrazo

Lizardo dijo...

Gracias por esta noticia, Rodolfo. Qué bueno saber que se hizo un video sobre el cuento de Ribeyro. Vamos a disfrutarlo. Saludos.