domingo, 16 de agosto de 2009

Tortura psicológica








Acostumbrados estamos a evocar como tortura los tormentos físicos existentes desde los más antiguos tiempos: la provocación del dolor físico en sus más refinados modos y que en distintas civilizaciones ha procurado el logro de torvos propósitos, la revelación forzada de graves secretos, o el simple y malsano deleite ante la penuria del enemigo prisionero.

Pero la modernidad de los tiempos ha perfeccionado más tal costumbre sádica: ahora ya no se propende a la 'picana eléctrica' o al 'submarino' solamente. Hoy la tortura no tiene que dejar moretones o cicatrices en la piel: los verdugos saben bien que las heridas pueden ser más perdurables si inflaman la memoria, el sentimiento, la vida mental toda, y también más pronto el quiebre de la resistencia en el torturado, más pleno el desmoronamiento de su voluntad.

En los Estados Unidos de Norteamérica, luego del 9/11, se capturaron y recluyeron prisioneros en diversos países invadidos y en las mazmorras de Guantánamo. Con el cambio de la administración Bush por la de Obama han empezado a salir a luz los hechos de tortura protagonizados no por soldados aislados en el fragor de la batalla sino ejecutados de manera sistemática y organizada desde las más altas esferas del poder, justamente en el país que se considera el campeón de la libertad y la democracia, el paladín de la justicia y los derechos humanos .

¿Debiera sorprender que detrás de estas torturas psicológicas se hallen precisamente profesionales de la salud mental? No sería la primera vez que acontece ello. Como solía decir un recordado maestro: "La psiquiatría -y tampoco la psicología- nos inmunizan contra la psicopatología." Cuánta razón tenía, cuánta razón...


ENLACES:

- '2 U.S. Architects of Harsh Tactics in 9/11’s Wake', by Scott Shane. The New York Times, 11/08/2009.

- 'Break them down: systematic use of psychological tortures by U.S. forces'. Report of Physicians for Human Rights.

5 comentarios:

José Manuel Brea dijo...

Interesante tema amigo Lizardo. Tengo entendido que todos los malvados, torturadores y tiranos, acusan algún trastorno de personalidad, ya del grupo peculiar o sádico/sadomasoquista. ¿Me equivoco? Un afectuoso saludo.

sin pepas... dijo...

uy, me dejas la piel de gallina, lizardo. para temblar, los que juegan con la mente humana son más peligrosos que los cogoteros

Lizardo dijo...

Ciertamente se ha descrito como rasgos de personalidad sádica la incapacidad para conmoverse con el dolor ajeno y aún la proclividad a procurarlo por el deleite que la congoja ajena produce en el que la provoca. Por su delimitación no del todo clara con la personalidad antisocial no ha sido incluído en clasificaciones actuales. Y como se puede verificar, hay gente así en diversos ámbitos, no sólo en las gehenas de tortura. Desde la perspectiva psicoanalítica en mayor o menor medida tendríamos todos una vertiente sádica durante el desarrollo psicosexual y que se modifica a lo largo de éste -pero con la atingencia que el psicoanálisis suele usar los términos de manera muy metafórica-. Habría entonces un límite de 'normalidad' sádica y un límite de 'normalidad' masoquista como extremos de un espectro.

Muchas gracias por los comentarios Dr. Brea y Dr. sin pepas.

(A propósito, leo Dr. Brea que en la Península están a la expectativa de la gripe A H1N1: acá ya se va desinflando el globo y no merece más titulares. Suerte allá con los trajines que vendrán).

sin pepas... dijo...

jajajajajajaja no seas pendejo lizardo

Jorge Silva Spiers dijo...

Creo que lo más peligroso para la existencia de las torturas es que haya gente que las justifique como medida para combatir las iniquidades de algunos. Resulta ciertamente irónico que existan seres humanos que justifiquen que supuestamente quien debe defender a las personas de los abusos y atropellos sean justamente quienes abusen y atropellen a otros torturándolos.