sábado, 28 de noviembre de 2009

Oh, Serendipia






Cuando se empieza a revisar la historia de la psicofarmacología -y de hecho de varias otras ramas de la ciencia y la tecnología- llama la atención un término inglés que no resulta familiar: "serendipity". Este vocablo, cuyo equivalente castellano 'serendipia' no se encuentra aceptado en el Diccionario de la Real Academia (*), tiene una interesante historia y un conceptuoso significado: el descubrimiento azaroso pero sagaz de eventos inesperados que se captan al vuelo y con fortuna.

Walpole, dieciochesco escritor británico, fue quien dio cuño a este feliz término basado en una antigua leyenda asiática sobre los Tres hermanos Príncipes de Serendip y sus avispados juicios y hábiles deducciones. Refundida entre las noches de las Mil y Una también se encuentra una versión de la antigua fábula. Se sabe que geográficamente el lugar correspondiente hoy a Sri Lanka habría sido ayer el territorio del reino de Serendipia.

Así la observación del efecto ataráxico -tranquilidad o indiferencia ante los estímulos ambientales- como efecto de la clorpromazina que se había diseñado en Francia a fines de los años 1940 como antihistamínico y fármaco preanestésico, fue perspicaz logro del anestesista H Laborit que luego fue benéficamente aprovechado por los psiquiatras J Delay y P Deniker para su empleo paulatino en enfermos psicóticos. De hecho, la serendipia estuvo presente mucho antes en una larga cadena de sucesos: la busqueda de análogos de la quinina llevó a la síntesis de colorantes como el azul de metileno, del uso de estos colorantes se encontró que varios eran antihelmínticos, posteriormente se derivó una estructura química que fue el esqueleto de las fenotiazinas -los primeros antipsicóticos-...

Y allí no terminó la historia. Moléculas similares a la clorpromazina como la imipramina -un tricíclico como la clorpromazina y que ya se había sintetizado antes- empezó a usarse también en psiquiatría. La observación empero fue que no se calmaban los pacientes agitados sino mas bien se activaban aquellos deprimidos, melancólicos. He aquí entonces a un antidepresivo tricíclico. Lo hizo R Kuhn en 1958. Por otro lado, pero en el mismo año, N Kline observó inteligentemente que un fármaco antituberculoso denominado iproniazida tenía como efecto "secundario" mejorar el ánimo y la astenia de los pacientes tísicos. He aquí entonces a otro antidepresivo, precursor de los actuales inhibidores de la monoaminooxidasa.



Moléculas de Clorpromazina e Imipramina.

Pero esta parrafada no pretende revisar ni someramente la historia de la psicofarmacología ni tampoco de otros medicamentos hallados por serendipia -como la mismísima indispensable penicilina-. Una página electrónica del Bryn Mawr College que ostenta el nombre fausto de Serendip y ofrece inspiradores vínculos sobre neurociencias, cultura y arte, era el motivo de la entrada. Su lema es provocador: "Looking for “the answer” to a question? There are plenty of websites out there which will tell you what to think. Serendip instead aims at helping you to think for yourself, and in the process of discovery to formulate new questions and new explorations."


La serendipia. Así sea.
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(*)Lamentable es la supuesta equivalencia en nuestro idioma para serendipia: 'de chiripa', un pseudosinónimo pues sólo alude al completo azar, a la irracional fortuna. Pero serendipia es más que eso eso pues involucra la preparación y conocimientos previos que auspicien el advenimiento del súbito, conspícuo hallazgo.


ENLACES:

- Bahn T. The rol of serendipity in drug discovery. Dialogues in Clinical Neurosciences 2006; 8: 335-344.


- Lehmann H, Bahn T. The history of psychopharmacology of schizophrenia. Can J Psychiatry 1997; 42: 152-162.


Referencia:

3 comentarios:

sin pepas... dijo...

amén

Tony Chávez Uceda dijo...

Luego de unos 11 días de intensa activdad académica, incluyendo los toques finales del debate sobre Mahler vs Shostakovich en los "diálogos..." Me aventuro en los caminos principescos del Serendip...
Benceno, cicloexano tres veces insaturado, de arranque se ve que su volumen de distribución es grande, al poder transpasar las barreras de las membranas celulares, compuestas por fosfolípidos de larga cadena, obviamente, podrá romper fácilmente la barrera hematoencefálica. Dos bencenos ya nos aseguran una buena entrada en el cerebro. Aunque debemos reparar en el puente entre ambos, una es una amida, y la otra una tiamida. El azufre le confiere a la clorpromazina alguna propiedad espacial más orgánica, o talvez eso incida en su selectividad en el lóbulo frontal. Pero notemos también que tiene una molécula de cloro, que debe tener un rol más para impedir el contacto químico ente neuronas, si no recordemos, como están recargadas de halógenos las moléculas de los anestésicos Sevorane y Halotane.

http://upload.wikimedia.org/wikipedia/commons/d/d1/Sevoflurane-3D-balls.png


¿Alguna molécula de cloro más le aumentaría la potencia? ¿Y si lo sustituyésemos por fluor o bromo? ¿Qué otra configuración le eximiría de provocar efectos en la vía piramidal?

En todo caso, el efecto antidopaminérgico se da en la terminal N dimetilo, que mimetiza un poco el terminal N de la Dopamina (que cuenta con un benceno). Es decir, es una inhibición por competencia, que tiene la desventaja de necesitar mayores cantidades de fármaco.

¿Cómo es esta vía dopaminérgica en nuestro lóbulo frontal, que en exceso nos desconecta de la realidad? ¿Acaso la coherencia de las ideas depende solo de esta bella molécula que nos hace latir tan lindo el corazón cuando nos enamoramos, que provoca las sensaciones placenteras en el cerebro?

Sigamos embriagándonos con los razonamientos Serendípicos....

Lizardo dijo...

Siempre supimos que habías sido marcado por las clases del Profesor Astudillo en Química Orgánica pero, la verdad Tony, me pasmas.
Un saludo.