viernes, 6 de noviembre de 2009

El pabellón número 6, de Antón Chéjov




Антон Павлович Чехов

Antón Pávlovich Chéjov (1860-1904) es uno de los maestros del relato breve de toda la historia de la literatura. Hijo de la Gran Madre Rusia, médico de profesión y artista por vocación, sufrió distintas penurias económicas y la tuberculosis se lo llevó tempranamente. Respecto a la aparente contradicción entre su ocupación como galeno y su desempeño literario, solía explicar donosamente: "La medicina es mi esposa legítima y la literatura mi amante. Cuando me aburro de una paso la noche con la otra. Puede parecer escandaloso, pero no es monótono y además ninguna sufre por mi infidelidad. Si yo no tuviera mi trabajo como médico, sería difícil poner mi pensamiento y mi libertad de espíritu en la literatura."Dentro de su producción son abundantes los retratos de médicos: la mayoría de ellos son presentados como individuos con escasa presencia de ánimo, incapaces de enfrentarse a la vida, apocados, pusilánimes. ¿Podría generalizarse y ver en tales arquetipos una proyección del ser de Chéjov?

Nuestro narrador falleció en Alemania en 1904. Se cuenta que cuando su doctor le quiso poner una bolsa de hielo sobre el pecho, habría girado a verlo y también dicho: 'no se pone hielo sobre un corazón vacío'. Pidió una postrer copa de champaña, la bebió y expiró. Su cuerpo fue enviado de vuelta a Moscú en un vagón de tren con el letrero de 'ostras'. Tal vez, bon vivant como había sido, no podría haber dejado de comentar sobre la feliz unión entre la champaña y las ostras.

El pabellón número 6 (título a veces traducido como La sala número 6) es una narración escrita en 1892: el aludido pabellón es el edificio destartalado y misérrimo de un hospital rural donde se albergan a los escasos orates de la aldea. La narración nos abisma en la vida rutinaria y desesperanzada del Doctor Andrei Efímich Raguin, su relación con los pacientes, con el prepotente y brutal Nikita, guarda del pabellón, y con algunos otros paisanos y coetáneos. El desenlace del relato es anunciado por una descarnada frase del médico protagonista: "Mi enfermedad sólo consiste en que en 20 años no he encontrado más que a una persona inteligente en todo el pueblo, y éste es un lunático." El decrescendo remata en un final desconcertante pero ineludible y leal a la trama.

El comentario más frecuente de las obras de Chéjov es que en sus relatos "no pasa nada." En un sentido la posición de que "no pasa nada" podría ser un mecanismo de defensa que implica un "no me pasa nada a mí." ¿Hubo en la vida breve de Chéjov, en su dicotómico avatar, en el conocimiento de su inevitable y pronta muerte, refugio suficiente en semejante consolador mecanismo?

Chéjov con su esposa, la actriz Olga Knipper.
Chejov Anton El Pabellon Numero 6





NB: Este relato también es denominado, en algunas ediciones de Chejov, como "El loco"


Referencia:


- Ober WB. La infección de Boswell y otros ensayos. Análisis médico de las enfermedades de literatos. FCE. México, 1995.

4 comentarios:

José Manuel Brea dijo...

Chéjov es uno de mis dioses literarios y el pabellón nº 6 me impactó en su momento. Su amargo escepticismo me hizo pensar… “¿para qué hay que molestar a la gente que se muera, si la muerte es el final normal y legítimo de todos?” Saludos, amigo Lizardo.

Lizardo dijo...

Saludos, amigo José Manuel. Yo he tratado de salvarme con la frase de Chéjov sobre su 'bigamia' pero hasta ahora no me funciona muy bien. Seguiremos intentando. Un abrazo.

sin pepas... dijo...

pienso que la forma en que él describió a los médicos en sus relatos es la manera en que él los vió a su alrededor, quien sabe tomando ello para hacerse una autocrítica. los médicos suelen volverse indiferentes al sufrimiento humano precisamente por verlo de una forma cotidiana y retratarlos de la forma en que lo hizo, fue quizá su manera de llamar la atención no sólo a sus colegas sino a sí mismo

no coincido con la expresión de que en sus relatos "no pasa nada"; al contrario, pasa mucho. acabo de terminar de leer "pabellón número 6" una vez más, después de muchos años de haberlo leído ya, y no solamente me vuelve a hacer reflexionar como antes, sino que encuentro más detalles que no recordaba o a los que no les presté importancia en su momento. quizá porque en ese entonces no había conocido un sanatorio de locos de provincia peruana que me hizo salir casi llorando

gracias, lizardo. con el blog, ya consumaste el pecado, y ya ves: te funciona de maravilla; todo lo que escribes es poesía: ya eres bígamo por completo

Lizardo dijo...

Se agradece, pero no es para tanto.