jueves, 19 de noviembre de 2009

Clorpromazina: antes y después


La historia canónica de la psicofarmacología establece su inicio en el año luminoso de 1952 en que fue descubierta la clorpromazina, el primer antipsicótico. Tal si antes hubiese habido una especie de agujero negro en la farmacopea donde habrían estado subsumidas apenas algunas tisanas y pócimas inanes. Por otro lado, es frecuente asumir casi cual un precepto -dado por la industria farmacéutica- que los psicofármacos hoy disponibles son imperfectibles e impecables maravillas.

Sin embargo, es obvio que antes de los antidepresivos como los inhibidores de la recaptación de serptonina y aún antes de los tricíclicos y los inhibidores de la monoaminooxidasa, la gente también experimentaba depresiones, disforias y enfurruñamientos de toda severidad y laya. Y también se medicaba en multitud de casos. Apuntando a lo mismo que aseveramos antes, podría motivar una sonrisa irónica -pero algo despistada- dar una mirada a algunos de aquellos productos que tal vez usaron nuestras abuelas en prevención de sus episodios de spleen y para mantener su vitalidad y equilibrio corporal y mental.






El jarabe del profesor Pagliano, sino efectivo en sus consumidores, al menos sí fue un ejemplo de vitalidad pues empezó a producirse en 1834 y seguía comercializándose en diversas partes del mundo occidental hasta entrada la década de 1930 -de aquella época son los avisos- ¡y sigue elaborándose hasta hoy! -claro que ya no se publicita hoy como una panacea cual entonces-.

Sabido es también que para diversos estados de ansiedad por problemas de la vida diaria -que muchos llaman ahora 'estrés'- y que eran recurrentes por diversas razones en las existencias de muchos cuitados prójimos, la alternativa simple y socorrida fue el uso de comprimidos y cucharadas. Algunas de nuestras abuelitas por ejemplo usaron diversas preparaciones de barbitúricos como cosa cotidiana para alivio de sus patatuses y soponcios.




O la clásica escopolamina -también llamada hioscina- y que hoy usualmente se cree útil apenas para los cólicos y retortijones de vientre. (Ambos avisos son de los años 1920).


Pero no sólo nuestras abuelitas fueron usuarias de barbitúricos. También nuestras madres heredaron el legado. Antes de la aparición de las benzodiazepinas en los años 1960 siguieron usándose combinaciones de barbitúricos a granel, véase que la población pediátrica también era medicada ('niños difíciles'):


Las benzodiazepinas se impusieron luego por el notable margen de seguridad respecto a los barbitúricos. Probablemente ello influyó en que se llegue a preconizar su uso en 'patologías' tan aterradoras y extendidas como el 'stress' escolar y el 'stréss' profesional, entre otras.




Sean estas imágenes, austero muestrario de algunos fármacos usados antes y después de la clorpromazina (en forma racional a veces pero otras tantas de modo irracional), un preámbulo para un par de artículos de David Healy, psiquiatra crítico de la psiquiatría -¿es que hay otra forma de ser psiquiatra?- y desmitificador de la psicofarmacología. Healy, en sus radicales cuestionamientos puede ser desmesurado a veces pero su postura es muy necesaria en un entorno profesional como el psiquiátrico donde somos inundados por la industria farmacéutica que nos quiere hacer creer que con ellos empieza y termina nuestra práctica.

Leamos pues a nuestro saludablemente díscolo autor:

- Healy D. The dilemmas possed by new and fashionable treatments. Advances in Psychiatric Treatment 2001; 7: 322-327.)

- Healy D. Some continuities and discontinuities in the pharmacotherapy of nervous conditions before and after chlorpromazine and imipramine. History of Psychiatry 2000; 11: 393-412. (Vía Scribd)




(Ah, las imágenes provienen del interesante archivo de la Fundación Uriach).

2 comentarios:

Jesús Castro Rodríguez dijo...

Me parece imprescindible la postura desmesurada de Leahey, sobre todo teniendo en cuenta que no es la norma, que la norma el la postura desmesurada pero al contrario....
Efectivamente se medicalizan los términos y se ponen básicamente las mismas soluciones que hace dos siglos, porque el que determinados medicamentos tengan mayor margen de seguridad, no implican sino eso...., el caso es como solución sigue siendo pobre y me parece que en la mayor parte de los casos iatrogénica y desnaturalizada. También entiendo que al menos es algo.
Una auténtica maravilla los grabados de publicidad que presentas en la entrada. Algunos de ellos, dan directamente miedo, sobre todo los del "Pacium" (menudo nombrecito).

Pablo dijo...

El jarabe Pagliano, bajo el nombre de Girolamo Pagliano que fue su inventor (Ernesto es el hijo y sucesor) siguió vendiéndose en Buenos Aires, Argentina hasta entrada la década de 1980.
Yo se lo compraba a mi abuela en una farmacia de Bernal que seguía trayéndolo en su envase antiquísimo.