jueves, 26 de noviembre de 2009

Hoy en el manicomio: Depresión puerperal





Después del baby shower y la decoración de la habitación con motivos de los backyardigans y la ecografía 4D -para ver claramente el pipí que mantuvo en vilo a todos- con estampado del respectivo ecosonograma en camisetas blancas para el papá más feliz y la mamá más linda y más feliz y los cuatro abuelos recontramásfelices que todos, y luego del ajuar celeste pastel y las malas noches de los últimos días previos al parto y de la cesárea por supuesta distocia y porque 'los niños que nacen de cesárea son más inteligentes' y las visitas en la clínica y la mayúscula expectativa de la llegada a la casa del nuevo hermoso, esperadísimo y apachurrable bebé, y después...

Después hubo tiempo para tomar aire.

Pero rapidito nomás porque ahí mismo empezó la adaptación a la rutina imprevisible de berreos, de meconios, de tetadas, de insomnios, de bostezos, de angustias porque se soltó la caquita o porque salió un granito, porque duerme mucho, porque duerme poco, porque empezó a silbarle el pechito y vomitaba, y no subía de peso y no paraba de llorar.

Ahí la madre empezó a decaer y quebrarse, ya no era el baby blues, eran meses de desgano, de fastidio, llanto, anhedonia, y culpa mezclada con ira y con pena porque tenía que poner de su parte y estaba poniendo de su parte pero cada vez más era una parte que se hacía chiquita a sus ojos y más grande era lo demás, el muro con los backyardigans mudos e irónicos, los cuatro muros, los ocho biberones esterilizados.

Pero lo que la decidió a buscar ayuda fueron las ideas obsesivas cada vez que veía una tijera o cuchillo o aguja: pensaba, imaginaba, casi se veía clavándolos en la fontanela de la criatura o en los brillantes globitos oculares. Ahí ya no aguantó más y fue a consulta.

En las entrevistas advertimos esas emociones contrarias en ella, ambivalentes, entre la edulcorada fábula de la maternidad y la realidad sin edulcorante, además de que la colega -¿olvidé decir que la paciente era también médico?- asumía un extremado perfeccionismo en sus roles de madre, esposa y profesional, además de otros factores interpersonales. Su mente acalambrada como un músculo cansado producía esas obsesiones torturantes, abrumadoras, en medio de su tristeza y su frustración.

Pero ella había decidido seguir adelante. Y ese primer paso era el más importante de todos.




ENLACE:

- Bromley LA. How surviving depression made me a better doctor and a better person. Can Fam Physician 2007; 53: 1527-1528.

9 comentarios:

Jesús Castro Rodríguez dijo...

Siempre que he visto un caso de este tipo en cosulta tiene semejantes características.
LLama la atención lo simplista, edulcorado y "rosa" de la percepción de la maternidad, con el consiguiente desmoronamiento de esa idílica percepción, cuando se baja al terreno de la realidad.
Además, creo que la madre lo que expresa con esas ideas no es sino el temor a perder el control, porque creo que en realidad lleva tanto tiempo controlándose que es lo que desea, aunque no en el sentido de hacer daño al bebé. El bebé es el objeto que la mantiene "atada" y "controlada". Seguramente es una madre que no se permite el procastinar, es decir, el dejar al niño con alguien cercano, el "escaquearse" de vez en cuando, porque entonces siente que es una mala madre.
Yo soy padre de tres (en breve de cuatro) y lo único que nos diferencia a mi y a mi mujer de esta madre, es que no tenemos ideas "rosa" sobre casi nada, y por tanto somos conscientes de la dureza de la situación (así que vale el escaquearse aunque sea pasándole la pelota al otro) y que asumimos que no tenemos que controlar lo que sentimos ni lo que pensamos en determinados momentos, solo tenemos que controlar lo que hacemos, eso es lo que nos convierte en buenos o malos cuidadores.
De lo que es raro oir hablar a la gente, es de lo durísimo que es ser padres. Pone a la pareja al límite y saca lo peor de uno mismo (auque desde luego de todo hay y depende de la experiencia y de como sea la criaturita). Siempre dije que preferia cavar de sol a sol en una cantera que estar todo el día dedicado exclusivamente al cuidado de mis hijos (y sin embargo adoro ser padre). Cuando dices esto, hay gente que cree que no eres buena persona o buen padre. A mi me parece que al contrario, siendo esto así, y reconociendolo, eso si que es tener un mérito. Si fuera todo estupendo y maravilloso, ¿que mérito tendría, que esfuerzo requeriría?.
Saludos.

Lizardo dijo...

Qué decirle, Jesús, ha puesto Ud. el dedo en la llaga propiamente: nos hemos tragado el cuento con zapatos y todo y ciertamente las experiencias de la paternidad y la maternidad son arduas, exigentes y ponen a prueba a la pareja, claro que sí. Ahí está, como Ud. dice, el mérito.
Suscribo plenamente su comentario. Saludos.

sin pepas... dijo...

al menos en este caso, las leyes muestran un poco de comprensión en la materia porque las mujeres que cometen crímenes durante el estado puerperal son, en la mayoría de los casos, ininmputables

terorífico saber que una madre pueda tan siquiera lastimar a su crío. lo bueno de este caso es que la mujer es médica y como tal, se pudo dar cuenta que algo estaba pasando en su mente y decidió pedir ayuda, pero, ¿y el resto? escalofriante

Lizardo dijo...

A ver, la depresión, sea o no puerperal, acarrea un riesgo suicida importante, pero en el caso de la puerperal, por la misma circunstancia, se aduna al riesgo suicida el riesgo filicida -de hecho no sólo en la depresión puerperal sino en cuadros depresivos que afligen a madres con hijos pequeños-. El riesgo es mayor si la depresión se complica como psicosis puerperal.
Los fenómenos descritos en la viñeta son obsesivos, se ven en algunas depresiones, y no acarrean mayor riesgo de ejecutarse por la misma naturaleza de su obsesividad.
Ciertamente la depresión puerperal, que afecta hasta al 10% de las mujeres en el puerperio, es un problema serio que merece conocerse, reconocerse y tratarse pues, más allá de los riesgos suicida y filicida, altera la interacción madre-hijo y propende a hechos de maltrato infantil.

Anónimo dijo...

Adorable manera de comprender la naturaleza femenina... como siempre es un gusto leerte Lizardo.
A.-

sin pepas... dijo...

sicosis puerperal, Dios mío, tantas cosas que la gente lega en asuntos siquiátricos (como yo) desconoce. gracias por compartir lizardo

Tony Chávez Uceda dijo...

Yo recuerdo haber ayudado a una colega en realizar su tesis, la que tenía por tema la depresión post parto. Puedo coincidir que no es un cuadro tan manifiesto y tan florido como en otras depresiones, y está rodeada por un halo de culpa de la deprimida, ya que la expectativa general de los que la rodean es de "no te alegra ser la madre de tan bella criatura". Recuerdo también que esa experiencia práctica me fue convenciendo de la organicidad de los transtornos mentales, un abrazo querido amigo.

Lizardo dijo...

Los reproches que emergen comprensiblemente de la frustración familiar ante la imposibilidad del acaramelado ensueño de la maternidad están a la orden del día, lo cual a su vez no hace sino perpetuar el círculo negativo de la depresión. Tú lo has dicho: "no te alegra ser la madre de tan bella criatura." Y así por el estilo.
Salud, amigo.

sin pepas... dijo...

"... no es un cuadro tan manifiesto y tan florido como en otras depresiones..." ¿qué depresión será florida, lizardo? si existe, quisiera ordenar una de ésas, tenerla en stock para cuando se precise y ¡zas! al momento indicado, ¡una depresión florida para sin pepas! ¿con qué irá bien? ¿vino, champaña, café o chocolate? iré poniendo todo a la mano, me muero por tener una de ésas, tal vez sea mi regalo de navidad, que deprime tanto...