viernes, 3 de abril de 2009

Mirá lo que hacen la giente chilena, po' ¿Cachay?





Nada más odioso que las comparaciones -dijo un mochuelo- pero si son dignos de emulación los entes aventajados, qué duda cabe que no debieran rechazarse los cotejos. Nada más odioso que las comparaciones, seguramente, pero para los acomplejados.

En nuestro vecino del sur existe una comunidad de profesionales dedicados al trabajo en salud mental (llámense psiquiatras, psicólogos, enfermeras, trabajadoras sociales, tecnólogos médicos) que se ha congregado en la Sociedad Chilena de Salud Mental. Visitando su página en internet podemos apreciar la prolífica producción editorial y académica, docente y gremial, de esta entidad que desde su enunciado aspira a una multiplicidad de perspectivas para enriquecer su diálogo interno. La Sociedad Chilena de Salud Mental fue fundada en 1983 y sostiene su propia Revista de Psiquiatría y Salud Mental, nada menos.

¿Y de dónde surge esta asociación? Pues de un instituto psiquiátrico, sí señor, no de un instituto que se jacte de ser "de salud mental": el Instituto Psiquiátrico "Dr. José Horwitz". Visitando su página electrónica nos enteramos que se ubica al norte de Santiago, que es más antiguo que nuestro Hospital Larco Herrera -empezó a funcionar en 1852 como "casa de orates"- y dispone en la actualidad de cerca de 500 camas. Llama poderosamente la atención este hecho pues en nuestro medio impera el dogma de que el trabajo asistencial -y hasta docente- es incompatible del todo con cualquier actividad de investigación y producción científica. He aquí un contundente mentís a tal disparatado aserto.

Por añadidura, el número de psiquiatras en el "José Horwitz"... ¿será de 200, de 250, de 300? No señores, nada de eso: es poco más de 90 el número de colegas allí -o sea el doble de médicos de nuestro Instituto Nacional de Salud Mental "Honorio Delgado-Hideyo Noguchi- pero los psiquiatras mapochos atienden cinco veces más camas de hospitalización. De Ripley realmente...

Mientras tanto, el tema candente de nuestras sociedades científicas y gremiales suele ser el "intrusismo" y la amenaza de ese cuco, cosa que de por sí no está mal, pero que es una posición pasiva y defensiva, muy corta de miras: como si la ley pudiese determinar a quién confía la gente su salud mental, como si el campo de la salud mental fuese diminuto y bastase un gremio y su modelo de enfoque para afrontar un territorio tan vasto.

El lema de la Sociedad Chilena de Salud Mental lo resume impecablemente: "la salud mental es tarea de todos."

¿Acaso en el Perú la salud mental es tarea de algunos? ¿Por ventura sólo a los psiquiatras del "José Horwitz" los quisieron sus mamás? No, desde luego que no, pero nuestras almas de pájaro mochuelo se resienten. Mejor ni revisemos la historia del Mundial de Chile 1962: son odiosas las comparaciones, ya sabemos.