sábado, 25 de abril de 2009

Martín Adán, etilismo y genio poético




Martín Adán (1908-1985)




Martín Adán, seudónimo literario de Don Rafael de la Fuente Benavides, fue preclaro lírida peruano y una de las más altas voces literarias del siglo XX en nuestro continente. Proveniente de familia de abolengo rancio y acrisolada estirpe, quedó huérfano a edad temprana y al cuidado de una rígida y castradora tía, la tía Tarcila. Su vida estuvo marcada por desaforado etilismo que lo obligó en varias ocasiones al internamiento -voluntario, cabe anotar- en el ahora antiguo Hospital Larco Herrera al cuidado médico de Honorio Delgado en el famoso pabellón N° 2, dirigido por el insigne psiquiatra arequipeño. En palabras del propio Martín Adán, expresadas durante la elaboración de su historial clínico: "es penoso para un hombre confesar su desadaptación, su incapacidad para vivir..."

Martín Adán fracasó en las diversas ocupaciones y empleos que le eran facilitados por las recomendaciones familiares. Su consumo de alcohol se inició a los 18 años y estuvo internado en cuatro ocasiones en el Larco Herrera durante largas temporadas de años de duración -con largos "permisos" igualmente de los que volvía más postrado en su adicción, a veces conducido por la policía, pues llegaba a consumir hasta "alcohol concentrado"-. Precisamente Honorio Delgado, a modo de potente ergoterapia, lo obligó a concluir su tesis universitaria "De lo barroco en el Perú". Martín Adán fue asimismo tributario de los avances de la terapéutica biológica de ese tiempo y recibió terapia de coma insulínico, a ver si podía domeñarse en modo tal su impenitente alcoholismo. Pero el etanol le ganó con creces a la insulina.



Martín Adán, joven.

"¿Quieres tú saber de mi vida?
Yo sólo sé de mi paso,
De mi peso,
De mi tristeza y de mi zapato.
¿Por qué preguntas quién soy,
Adónde voy?... Porque sabes harto
Lo del Poeta, el duro
Y sensible volumen de ser mi humano,
Que es un cuerpo y vocación,
Sin embargo.
Si nací, lo recuerda el Año
Aquel de quien no me acuerdo,
Porque vivo, porque me mato."


(...)
"¿Quién soy? Soy mi qué,
Inefable e innumerable
Figura y alma de la ira.
No, eso fue al fin... y era al principio,
Antes de donde el principio principia.
Soy un cuerpo de espíritu de furia
Asentada y de aceda ironía.
No, no soy el que busca
El poema, ni siquiera la vida...
Soy un animal acosado por su ser
Que es una verdad y una mentira.
"
(De Escrito a ciegas)

Martín Adán recibió el Premio Nacional de Literatura en 1946 -posteriormente lo volvió a recibir en 1976-. En los intervalos en que no se hallaba hospitalizado solía deambular entre hoteles precarios y los bares brumosos del centro de Lima, sobreviviendo ajustadamente con los intereses del capital producto de la venta de la señorial casona de sus ancestros. Su producción lírica era vertida en ajadas servilletas o arrugados manteles, muchos de ellos irremediablemente perdidos. En 1956 fue elegido miembro de la Academia Peruana de la Lengua pero nunca llegó a asistir a las sesiones. En sus años postreros ya no frecuentó el Larco Herrera sino que se confinó en una clínica psiquiátrica privada. Falleció durante una intervención quirúrgica el 29 de enero de 1985 en el Hospital Loayza: ya tenía algún tiempo alojado en el Asilo Canevaro del Rímac, a cargo de la Beneficencia Pública.


El poeta en sus días finales.

"La vida no se elige: la vida se padece.
¡Ay, cuánto sé que creo!... ¡y el saber se me olvida!
¡Y cada mañana es como a su fin la Vida!
¡Y me estoy esperando al principio que empiece!

Y así voy todo tiempo porque la uña crece,
Porque aún soy la sombra de cada escena sida...
Y vivo, porque soy eterno entre la ida
Cosa y la por venir como entre zeta y ese...

Dios es tenaz, tenaz como su creatura.
Y la mujer que lava la ropa del esposo
Y el agua que se está contenida e impura...

Y la vida es eterna, aunque yo no lo diga.
Y la Vida es lo que soy, en el llanto o el gozo.
Y la vida es cualquiera instante que se siga.
"

(De Diario de Poeta)



Desde quince años antes de su muerte había dejado de escribir. Un proceso depresivo insidioso y pertinaz, aunado a los estragos del alcoholismo, minaron su capacidad de producción intelectual. Se le recuerda al final de sus años entregado a la lectura de la Biblia con una enorme lupa y ataviado con su eterno pijama a rayas. Su obra desperdigada ha sido compilada y editada en diversos volúmenes en los que se plasma su transición, desde el audaz modernismo vertido en su precoz novela La casa de cartón, redactada en su adolescencia, pasando por el hermético barroquismo y gongorismo de su poesía madura, hasta el depurado y final existencialismo metafísico, revelador de la desolada condición humana.



Martín Adán, óleo de C. E. Polanco.

"Poesía se está de fuera:
Poesía es una quimera
Que oye ya a la vez y al dios.
Poesía no dice nada:
Poesía se está callada,
Escuchando a su propia voz."




(De La piedra absoluta)



ENLACES: 

- La Colección Martín Adán, en la Universidad Católica del Perú, que incluye material de interés, textos literarios y su reveladora biografía.

- Homenaje al poeta en el diario El Comercio.