viernes, 3 de julio de 2009

¿Con qué psiquiatra se atienden los psiquiatras?




"¿Podríamos aumentar la dosis? Aún me quedan sentimientos."




"La psiquiatría es una profesión relativamente segura pero tiene un riesgo que no es aparente a simple vista; si te has dedicado a ella por algún tiempo, puede llegar un punto en que no hay nadie a quién hablar de tus propios problemas."

"Ningún acúmulo de sabiduría previene la propia fragilidad personal. Uno nunca tiene edad y experiencia bastante para sus propios problemas. Cuando tú eres el profesional a quien todos acuden, ¿adónde puedes tú llevar tus propios asuntos y tu más íntimo dolor?"

Ciertamente un tema delicado y usualmente soslayado en los corros psiquiátricos: se comenta la debilidad, el traspiés del colega, se airean sus flaquezas, se expulgan sus miserias, pero sin considerar que tras de la fachada sobria y serena del médico, puede agazaparse un ser humano acongojado, sufriente, solitario.



Elissa Ely M.D. 'Where can the doctor who's guided all the others go for help?'
(leer el artículo completo en The New York Times)


6 comentarios:

José Manuel Brea dijo...

Eterno tema que, aun inconscientemente, preocupa a los galenos: el médico enfermo. Llegado el momento, ¿en quién confiar? ¿Cómo dar a entender a un compañero que se padece, que se sufre, que se necesita ayuda? El médico también es paciente y necesita comunicarse, depositar su confianza en otros seres humanos y recibir palabras de consuelo. Pero, ¡ay!, es duro hallarse bajo la piel de enfermo, y más todavía tropezarse con la pétrea frialdad de la incomprensión, que abisma al médico convertido en enfermo en una peculiar e indescriptible soledad.

vortice dijo...

A pesar de toda la problemática que expones, considero que ser psiquiatra o psicólogo es lo más fascinante que existe como trabajo de oficina, si así puede llamarse.
Por desgracia para mí, tú trabajas en lo que podría llamarse mi profesión frustrada.

Tony Chávez Uceda dijo...

Personalmente tuve la gran desventura de padecer una enfermedad seria, leucemia linfoblástica aguda, pero la experiencia sirvió para unirme e identificarme mucho con los colegas de nuestra profesión, no solo con médicos, si no con enfermeras, tecnicos, laboratoristas. En esos corredores, consultorios, salas de quimio, laboratorios y recovecos del Hospital de Neoplásicas, no solo aprendí a ponerme en la piel de los pacientes, si no también en la de aquellos a los que se le es exigía al máximo las 24 horas del día. Creo que cuando al médico le toca ser paciente, tiene todas las herramientas para comunicarse con sus colegas que lo están tratando, para implementar en si, y con la mayor corrección, todas las medidas terapéuticas indicadas, tiene toda la enorme capacidad de aceptar su pronóstico y sacar el mayor provecho de éste. Claro, aparecen los tristes eufemismos de "el médico tiene prohibido enfermarse" o "el peor paciente es el propio médico", que al final son pura chapucería. Yo creo que es todo lo contrario.

fiorella dijo...

justamente en eso radica la humildad y sencillez... en entender que todos somos humanos y hasta los mas leidos, inteligentes, sabios, necesitan del otro. El inconsciente se resiste a ser expuesto, mas aún si el ego está demasiado crecido... es duro mirarse al espejo, desnudos en cuerpo, mente y alma, pero si queremos ayudar a los demás debemos empezar por ayudarnos a nosotros mismos.

saludos a los lectores de este lindo blog

Lizardo dijo...

Ciertamente el camino del médico enfermo transita muchas veces la estación del estudiante de medicina enfermo pero usualmente no se repara en ello, con excepción de personas sensibles que se nutren de esta vivencia para su propia práctica y su propia existencia. Solemos ser embutidos con el arquetipo del médico omnipotente e infalible al punto que el subrepticio asomo de nuestra pedestre materia nos deja alelados y preferimos sumirnos en el silencio, culposos, desconcertados. Nos falta en el currículum algo de tanatogogía: aprender a morir, saber del morir, pero no sólo en el "otro" sino en uno mismo.
Como a veces comentamos con los alumnos: si a uno de ellos en su examen médico le encuentran 2 mg/dL de cretinina sérica o un nódulo de 30 mm en la placa de tórax, ninguno se quedaría tranquilo ni diría "ah... ya después veré". Pero muchos veces el propio médico sabe de su padecer psíquico y lo soslaya, muchas veces por esa 'pétrea frialdad' que describe el Dr. Brea.
Muchas gracias por sus comentarios.

sin pepas... dijo...

hum... interesante. en alguna oportunidad tuve esa preocupación por mi confesor, que siempre tuvo la mala suerte de escuchar mis lamentos y la confesión de mis innumerables pecados dejándome seguir la orientación de mi propia brújula, (ya tiró la toalla conmigo, no me aconseja, dizqué porque nunca me arrepiento de verdad)

si entre colegas no pueden darse una mano, creo que deben recurrir a un amigo que los ame de verdad, tanto que no los deje a la deriva. saber escuchar es un don, pero uds también necesitan que álguien los escuche. si pudiera, les diría que yo los escucho -pero claro, uds se medican solos-pero sorry, eso no se va a poder creo. de todas maneras, quiero que sepan que hay álguien que desde hoy los va a tener presente en sus oraciones para que el día les sea siempre leve y que puedan seguir caminando

y... tony, no sé qué telepatía fue esa con lizardo, pero después que dejaste tus comentarios mencionando que tuviste tan grave enfermedad, el poema que lizardo posteó hoy y que fallidamente se atribuye a borges, lo recordé pensando en ti. despéinate un poco tony, si algo aprendí de una experiencia similar, es que la vida es una y que la debemos aprovechar al máximo, viviendo más risueños, riéndonos más, dándonos más gustos personales, viajando, conociendo más gente y dejando que la gente se acerque más a uno. cúidate y qué bueno que te hayas recuperado