jueves, 15 de enero de 2009

Postal para el futuro







Tal vez algún día los médicos residentes pregunten qué era la internacionalización del Instituto, si es que acaso no siempre había sido así como en la época que ellos vivirán: Anales de Salud Mental (sí, existe ahora y existirá luego una revista con ese nombre y es y será el órgano oficial de la institución) con un factor de impacto que nunca bajaba de 20 y usualmente arañaba el 30.

Quizá algún día, en medio de la vorágine de stages en Johns Hopkins y la Pitié-Salpêtrière -donde les suplicarán para que acepten las pasantías-, los residentes del Instituto se interroguen desconcertados: ¿¡Dios mío, y a qué debemos todo esto!?

Posiblemente alguna mañana soleada, en el intermedio de las Jornadas Internacionales del Instituto, mientras los residentes de primer año tuteen y discutan de pico a pico con el nieto de Kandel y los biznietos de Akiskal y Andreasen, una duda los asalte: ¿y cuándo tendremos invitados más importantes, digamos, de nivel interplanetario o intergaláctico?

Probablemente entonces el Dr. Alvarado, presidente honorario de las XCIII Jornadas, pero a la vez el miembro más lozano del Cuerpo Médico para ese entonces, dictará una conferencia sobre la historia del Instituto y la prehistórica internacionalización.

Para esa época, que no veremos con estos ojos que la tierra deglutirá, dejo esta postal: herederos de tal legado, residentes del futuro, mirad y admirad: todo empezó con este humilde cuadrito colgado en todas las oficinas, escaleras, dormitorios y baños del instituto. Él nos imbuyó en irrenunciable mística, ese triángulo amarillo nos bañó con su poderosa energía, bajo su misterioso influjo deambulábamos alelados por los pasillos verbigerando ¡sí se puede!, ¡sí se puede! y, arrebatados en masa por desquiciante éxtasis, principiamos esta maravillosa historia sin fin...


Nota de redacción:
Para los interesados en untar algodones con esta reliquia o frotarla sobre partes adoloridas de su cuerpo, comunicarse con este blogger. No necesita velitas pues refulge con un inexplicado, indescriptible y connatural resplandor.