sábado, 24 de enero de 2009

Juan Gonzalo Rose






LOS MALOS POEMAS

No los destruyas.
No los eches
al pozo de los cielos.

Tal vez ellos retornen
después que la belleza
se haya ido.

Cuando la soledad
camine libremente
de la cama hasta el patio
y mi casa parezca
-al ojo del infante-
algún enorme erizo.

Entonces,
quizás entre sus líneas
descubras un instante
inadvertido;
la palabra extraviada
en domingos zoológicos;
algo más verdadero que lo hermoso.

Nadie sabe.
Consérvalos.

Cambia tu piel. También
la piel del mundo.
pero el poema queda
guardando su misterio.

Tal vez no hay en tu cuerpo
-todavía-
esa única lámpara
con la que puedes verlo.



EXACTA DIMENSIÓN

Me gustas porque tienes el color de los patios
De las casas tranquilas…


Y más precisamente:
Me gustas porque tienes el color de los patios
De las casas tranquilas
Cuando llega el verano…


Y más precisamente:
Me gustas porque tienes el color de los patios
De las casas tranquilas en las tardes de enero
Cuando llega el verano…


Y más precisamente:
Me gustas porque te amo.




GASTRONOMÍA

Para comerse un hombre en el Perú
hay que sacarle antes las espinas,
las vísceras heridas,
los residuos de llanto y de tabaco.
Purificarlo a fuego lento.
Cortarlo en pedacitos
y servirlo a la mesa con los ojos cerrados,
mientras se va pensando
que nuestro buen gobierno nos protege.

Luego:
afirmar que los poetas exageran.

Y como buen final:
tomarse un trago.




ÉGLOGA TARDA

Me he acostumbrado a ti
como los ríos al color del cielo.
Odio lo que se pierde en cada paso;
el tiempo de mi espera, sin esperanzas lleno.
Me he acostumbrado a ti
como la luz del mundo a las ventanas.
Obscurece y no llegas.
Será para mañana.
Doblo amorosamente mi flor para mañana
pues las rosas ya saben esperarte conmigo.




CUARTA CANCIÓN

Yo me ahogo de cielo.
Mi corazón se inclina
Y las islas no llegan.
Dame tu mano entonces,
Quiero morir tocando
El extremo más dulce de la tierra




SEXTA CANCIÓN

Aquí sepulturera, aquí;
éste es mi pecho:
el de la roja orquídea
y el de los palomares.
No te tiemble la mano.
Ya no vaciles, corta
el hilo de mi sangre:
que cortarás en vano;
pues toda la agonía
la puse en mis cantares,
y hoy día mis cantares,
se van...
de mano en mano.




YA ESTOY PURIFICADO, POESÍA

Ya estoy purificado, poesía.
Ya podemos mirarnos a los ojos
Como en la tarde de la luz aquella:
Yo jugaba la ronda entre chiquillos,
Y tus manos, temblando, me eligieron.







Juan Gonzalo Rose (1928-1983) es uno de los grandes poetas olvidados del Perú. Se debe acotar que en el Perú todos los poetas son grandes olvidados, incluyendo al mismo César Vallejo. Pero de Rose nos hemos acordado releyendo aquella entrevista que le hiciera César Hildebrandt (1) en 1980 y donde trasluce todo el desaliento y congoja de la depresión que lo agobiaba como en tantos momentos de su vida:


CH: Usted ha dicho, desgarradoramente, que las fuerzas creadoras lo han abandonado, pero que todavía espera un milagro...

JGR: Es una manera de expresar una esperanza, dictada sobre todo por el sentimiento. Porque, racionalmente, yo me doy cuenta de que mis posibilidades de creación están agotadas.

CH: Yo me he preguntado muchas veces, Juan Gonzalo, qué fue lo que lo quebró. En un poema de Las Comarcas usted dice: "pero el gran desamor, sólo noches oscuras acarrea..." ¿Fue eso? ¿Fue la soledad?

JGR: Sí, en parte... Pero hay otros factores. En primer lugar, naturalmente el tiempo: tengo 52 años. Luego, esa soledad a la que nos hemos referido y que en mi caso es muy especial... Porque desde hace cuatro años yo padezco de depresión. Esta depresión me conduce a encerrarme en mi cuarto, y pasan semanas y semanas y yo no converso con nadie. De tal modo que, faltándome la experiencia, no hay material para la creación. Toda creación se nutre de vivencias...

CH: El país, Juan Gonzalo, nuestra realidad, ¿tienen que ver con su tristeza?

JGR: Creo que es posible. Sin duda el clima político influye...

CH: No sólo el clima político. Me refería al maltrato sistemático que este país administra a sus poetas, a sus músicos, a lo mejor de su gente en muchos casos...

JGR: Sí. El sentirse no estimulado, el sentirse siempre prescindible, esta especie de ofensiva muchas veces silenciosa, tienen que ver con mi depresión... Pero también influyen otros factores. Por ejemplo el doctor Mariátegui me decía que a mí me hace mucho daño no tener ninguna seguridad económica. Esto es cierto... He llegado a la edad que he llegado y yo vivo mantenido por mi madre... (...)

(...)

CH: ¿Alguna vez ha sido usted feliz, Juan Gonzalo?

JGR: No. No he conocido lo que es la verdadera felicidad.

CH: ¿No la buscó?

JGR: Todos la buscamos. No he tenido oportunidad de encontrarla.

CH: ¿Cómo la hubiera encontrado?

JGR: En compañía de alguien que me entendiera.

CH: ¿Nunca llegó ese alguien?

JGR: No.

CH: ¿No es esa una visión muy deprimida?

JGR: La verdad es que en lo amoroso nunca pude alcanzar una verdadera estabilidad. Fue mi juventud extremadamente bohemia. (...) Bebía mucho, sí. Yo he tenido una juventud alcohólica, de la que felizmente he logrado alejarme. Fue una batalla bastante dura.

(...)

CH: Habla usted de descansar. ¿Qué es aquello de lo que más quisiera descansar, Juan Gonzalo?

JGR: De la monotonía en que se ha convertido mi vida, del estar encerrado en mi cuarto... Yo soy una persona curiosa: no voy al cinema, no veo televisión, no escucho música, no leo, no escribo. Yo no sé qué hago con mi tiempo. Es totalmente un vacío... Todo me molesta, me repele...

CH: ¿Le molesta estar en este momento hablando de sí mismo como lo está haciendo?

JGR: No... Porque es una catarsis...

CH: ¿Teme algo de especial manera?

JGR: Sí... Me da miedo que, de agravarse este círculo de circunstancias adversas en que me muevo... Tengo pánico de retornar al alcoholismo. Sé que sería irremediable...







La penosa y fluctuante intensidad del estado de ánimo que se suele asociar con la locura también ha sido, a veces, un aspecto inseparable de muchos grandes artistas. Al respecto un libro clave es el Kay Redfield Jamison (2) donde analiza biográficamente entre otros a Byron, Shelley, Poe, Melville, Schumann, Woolf -es decir artistas del ámbito europeo y norteamericano-. En nuestro medio tal vez el ejemplo más preclaro de vida y obra de un artista depresivo y además suicida es el de José María Arguedas (3,4). Otros poetas nuestros "tocados con fuego" serían Luis Hernández, María Emilia Cornejo, Juan Ojeda y un largo etcétera.


Más allá del hipotético diagnóstico retrospectivo de Juan Gonzalo Rose, allí queda su poesía deslumbradora e inusitadamente tierna. Él también fue tocado con el fuego, con las llamas del dolor, del amor y de la melancolía. Unos versos del poema "Poetas" de su compañero generacional, Washington Delgado (1927-2003), son quizás su justo epitafio:


A menudo se emborrachan
con tabaco y aguardiente
y placeres sexuales y otros placeres
igualmente nerviosos
o simplemente con el aire de la primavera,
pero si alguien los toca
estallan miserablemente y entonces
su melancolía es incurable.




Referencias

1. Hildebrandt C. Cambio de palabras. 2a ed. Tierra Nueva. Iquitos, 2008.

2. Jamison KR. Marcados con fuego. La enfermedad maniaco-depresiva y el temperamento artístico. 1a ed. española (Trad. A. Bustamante de S). FCE. México, 1998.

3. Stucchi S. La depresión de José María Arguedas. Rev Neuropsiquiatría 2003; 66: 171-184.

4. Manrique E. Huayronqos e ima sapras en la vida y obra de Arguedas: depresión y esquemas maladaptativos tempranos. Revista de Psiquiatría y Salud Mental Hermilio Valdizán 2005; Vol VI (2): 3-32.