miércoles, 3 de diciembre de 2008

Pinel ha vuelto




Y ha vuelto para sujetar a los pacientes manicomiales, a sus bienamados orates. Después de liberarlos en el Hospital de Bicetre (el cuadro es de Muller, alrededor de 1840, y es poco conocido)



y luego en La Salpetriere en la época de la Revolución Francesa (en la pintura mucho más popular, de Robert-Fleury, de 1882)...



Ha vuelto, sí señor, Philippe Pinel (1745-1826) ha regresado y ahora recargado, sofisticado y perfeccionado para volver a aplicar sujeción y amarra a todos los pacientes psiquiátricos que los psiquiatras crean conveniente (y, sobre todo, las enfermeras psiquiátricas que son las más amarradoras, aún sin prescripción médica -y aunque no se haya investigado adecuadamente este tema-) (1). Pero ahora la amarrada ya no es a lo bestia sino con estilo, ¿ven?







Ya no esas anticuadas muqueñeras que estrangulan y laceran la piel de nuestros clientes vesánicos, nunca más las tobilleras de tocuyo que demandan tanto tiempo para ser aseguradas convenientemente con aquellos enrevesados nudos marineros. Ahora la empresa Pinel Medical ("The one system that handles ALL restraint conditions") nos ofrece artilugios innovadores para los avatares de la contención física de pacientes violentos, pegalones y faltosos.

De hecho, estos novedosos dispositivos de sujeción (siempre el último y penoso recurso de todas las intervenciones psiquiátricas) facilitarían el trabajo puesto que es imprescindible que el proceso de sujección mecánica sea lo más breve posible. Ya se ha demostrado que la aplicación de la sujeción mecánica constituye el periodo de mayor riesgo de agresión y violencia interpersonal, además de ser el generador de mayor estrés para el paciente que lo sufre. (2)

(Indudablemente, la institución rectora de la salud mental en nuestro medio debe ya encontrarse a punto de implementar esta tecnología -si es que no lo ha hecho ya-, como complemento, claro está, a su innovador protocolo de sujeción mecánica que a estas alturas debe hallarse "en prensa" para el próximo número de Anales de Salud Mental. Anhelosos aguardamos ser los primeros en la cola para hojear el flamante ejemplar).

Aunque las pinturas son bonitas y aureolan a Pinel de un velo romántico, graficándolo en el acto material de liberar de las cadenas a los alienados, no son sino parte de una leyenda originada desde Francia, cómo no, pues era el centro neurálgico del desarrollo intelectual y médico en el siglo XIX. De hecho, Pinel nunca se atribuyó la primacía del hecho. Más bien reconocía que la responsabilidad de la supresión de las cadenas fue de un perspicaz vigilante del hospital de Bicetre, Jean-Baptiste Pussin, en el año 1797, cuando Pinel ya no era director de Bicetre sino de La Salpetriere. Luego Pinel imitó el gesto de Pussin en La Salpetriere, pero ya iniciado el siglo XIX.






En su famoso Traite Medico-philosophique de l'Alienation Mentale (1801), Pinel no da relevancia al hecho y lo considera prácticamente trivial. Por siempre a los alienados se les había puesto y quitado las cadenas. No había en ello nada que mereciera la gloria eterna. (3)

Para mayor rigor histórico, se relieva actualmente, entre otras, la figura de Vincenzo Chiarugi (1759-1820), nacido en lo que es Italia hoy, y que en 1789 (antes que Pinel) implementó su Rigolamento (reglamento hospitalario) para el Hospital de San Bonifacio, del que era director. En él, proveía a los pacientes mentalmente insanos (en esa época no se hablaba de pacientes psiquiátricos) de cuidados humanitarios y dignos, incluyendo estándares de higiene, alimentación, recreación y actividades ocupacionales. (4)






A los psiquiatras nos cabe la potestad trascendental de privar a personas de su libertad por causa de una enfermedad mental (léase, encerrar y amarrar). Hasta antes de los psicofármacos, los congresos científicos de la especialidad incluían, entre otros temas de actualización, agudos y sesudos aportes sobre formas y maneras de sujeción mecánica (reportes de nuevos nudos, innovadoras camisas de fuerza, grilletes más seguros e inviolables). Actualmente, aún no hemos podido dejar de lado totalmente el acto tremendo de amarrar a un prójimo enajenado. Ello nos obliga a investigar, a cuestionarnos incesamente al respecto y en cada procedimiento que indiquemos. De no hacerlo, Pinel y Chiarugi, decepcionados, se revolverán en sus tumbas como si estuvieran acatísicos.

Referencias

1. Stucchi S . Comunicación personal, 2008.

2. Zun LS, Downey L. Level of agitation of psychiatric patients presenting to an emergency department. Primary Psychiatry 2008; 15: 59-65.

3. Postel J, Quétel C. Historia de la Psiquiatría. FCE. México, 1993.

4. Pallanti S. Vincenzo Chiarugi, 1759-1820. Am J Psychiatry 1996; 153: 944.