lunes, 22 de diciembre de 2008

Algún día también podrían reírse de nosotros






“Partiendo de que la idea de que un zapato, bien ajustado, mejora el pie; de que un corsé, bien confeccionado, mejora la forma del cuerpo; Mariano Cubí y Soler en La frenología regenerada, llegó a la idea de que un instrumento semejante al que emplean los sombrereros para medir la cabeza (compuesto de multitud de tornillos, cada uno correspondiente a un órgano cerebral), aplicado con saber e inteligencia desde la más tierna infancia, permitiría debilitar los órganos demasiado voluminosos y desarrollar los órganos demasiado débiles, mejorando de tal manera la forma y acción del encéfalo. Y esto sería el corsé cefálico, especie de casco con clavijero, en el que los tornillos de presión variable permitirían regular el crecimiento de las protuberancias del cráneo. Cubí y Soler cifraba grandes expectativas en su artilugio al punto de avizorar que llegaría la época, cercana según él, en que el corsé cefálico sería empleado universalmente, prestando así la frenología grandes servicios a la moral y la religión al fortificar el libre albedrío así como los órganos intelectuales y morales.” (1)




Por cierto, no necesitamos remontarnos a las épocas de Ñangué para esbozar una sonrisa. Sino, vean este enlace.

Y avanzando un poco más, como un ejercicio de fututología, se podría copiar y pegar aquí algún párrafo del Stahl o del Nemeroff o del DSM-IV-TR (o alguna de esas "biblias" actuales). Si llegamos a los 60 o 70 u 80 años, vamos a sonreír sin duda revisando tales "disparates".

Por eso no podemos juzgar la ciencia desde un punto de vista anacrónico, pero es necesario, imprescindible, conocer la historia de nuestro quehacer e incorporarla a nuestro bagaje intelectual. ¿Quién dijo que quien no conoce la historia está condenado a repetirla?



Referencias

1.Postel J, Quetel C. Historia de la Psiquiatría. FCE. México, 1993.