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domingo, 19 de enero de 2014

Delusiones de cambio de sexo, transexualismo y esquizofrenia







“Un esquizofrénico paranoide, sufriendo una disentería, tiene una compleja ilusión, con falsos juicios, cuya estructura da idea de la influencia de la mentalidad en su conjunto sobre la manifestación sensorial. Se halla en cama con fiebre, tenesmo y diarrea dolorosa y dice al enfermero: ‘Destápame y auscúltame. Por el momento prepara las ropas para recibir al niño. ¿Tú nunca has sido madre? Acomódame, no quiero que se malogre el muchacho...’De pronto enmudece y queda estático: se produce una cámara con sangre y exclama: ‘¿Qué es, hombrecito? Yo, pues, soy algo así como hermafrodita. No sé qué cosa.’”

Honorio Delgado
Curso de Psiquiatría (1)




Desde las épocas helénica e hindú más remotas se han descrito divinidades andróginas y se ha registrado noticia sobre “mujeres con cuerpo de varón”; sin embargo, recién en el siglo XIX fue cuando el fenómeno llamado posteriormente transexualidad concitó atención médica: se atribuye a Esquirol la primera descripción de un paciente transexual, al que incluyó dentro de las por él llamadas “monomanías”. Hirschfeld mencionó el término “transexual” en la literatura profesional en 1923 aunque fue Cauldwell quien, en 1949, lo empleó para designar a los individuos inconformes y que aspiraban a cambiar su sexo anátomo-fisiológico original (2). Debe mencionarse que hasta bien entrado el siglo XX las personas que afirmaban pertenecer al sexo opuesto al que anatómicamente tenían, eran consideradas psicóticas, y supuestamente padecían alguna forma atenuada de esquizofrenia (3).

La disforia de género (DSM-5) o transexualismo (CIE-10) se ha descrito en todas las culturas y tiene una prevalencia actualmente estimada de 1 en 30 000 varones y de 1 en 100 000 mujeres, aunque las cifras reales podrían estar subestimadas (4): en países con libre acceso a las cirugías de reasignación de sexo se reportan tasas de un caso por cada 2 900 o cada 8 300 personas, para varones y mujeres respectivamente (5). La comorbilidad entre esquizofrenia -cuya prevalencia global es aproximadamente 1%- y disforia de género es, por tanto, posible: hay casos reportados de coexistencia de ambos diagnósticos (6,7) y, desde luego, abundan casos de transexualismo sintomático o falso transexualismo, es decir, individuos en los que con el tratamiento antipsicótico, se desvaneció igualmente su delusión de cambio de sexo (1,8,9). 

Se han reportado delusiones de metamorfosis sexual en el contexto de otras patologías neuropsiquiátricas: por ejemplo, en epilepsia (10), en episodios maniacos o depresivos (11, 12) pero la gran mayoría de casos de falso transexualismo corresponden a cuadros de esquizofrenia.

Dentro del diagnóstico diferencial del transexualismo, en la CIE-10 simplemente se menciona que la identidad transexual no debe ser síntoma de otro trastorno mental como esquizofrenia mientras que en el DSM-5 se afirma que las delusiones de cambio de sexo son raras y que, en ausencia de síntomas psicóticos, la insistencia de un individuo con disforia de género de que pertenece a al sexo opuesto no debe considerarse una delusión (13). 

Si bien es cierto que en nuestro país no existe antecedente en la literatura sobre modificación de caracteres sexuales por terapia hormonal o reasignación de sexo mediante tratamiento quirúrgico, es potencialmente factible que dichos procedimientos puedan estar brindándose y una persona psicótica llegue a solicitarlos: por tanto, es válida la posibilidad de reflexionar sobre el tema. Ello nos motiva a comentar el presente caso a la luz de la bibliografía pertinente.


El famoso caso de transexualismo de Christine Jorgensen. 


CASO CLÍNICO

Mujer de cuarenta años de edad, una hermana suya presentó depresión y conductas suicidas y su padre padece cuadro de psicosis crónica no filiada. La paciente fue siempre muy ligada a la madre y desde la infancia rechazó al padre por las conductas violentas de éste. Es la quinta de ocho hermanos, la mayoría mujeres, y la madre había esperado un hijo varón cuando la paciente nació. Desde los diecisiete años de edad, tras culminar la educación secundaria, empezó a presentar alucinaciones auditivas (incluyendo pensamiento sonoro), delusiones referenciales y de daño, desconocía a sus familiares y se aislaba, se irritaba fácilmente y no participaba en los quehaceres domésticos. Se le diagnosticó esquizofrenia paranoide y ha recibido tratamiento antipsicótico oral y de depósito aunque no de modo continuo, incluso llegó a ser hospitalizada en dos oportunidades por su conducta agresiva y rechazo de la medicación. La última hospitalización fue en el año 2012, en esa ocasión recibió 22 sesiones de terapia electroconvulsiva por su escasa respuesta al tratamiento farmacológico.

La paciente refiere que desde los 12 años de edad sentía atracción sexual tanto por mujeres como por varones; a esa edad supuestamente se enamoró de una compañera de estudios y recuerda que sentía que “era mujer aunque tenía un hombre escondido dentro de sí misma”. Sus familiares, sin embargo, niegan haber observado preferencia por conductas o vestimenta masculina durante su infancia, de hecho, hasta los quince años la veían normalmente femenina y coqueta, incluso tuvo breves flirteos con chicos antes de su enfermedad. Desde los 23 años de edad notaron en ella preferencia por la vestimenta varonil y se enfadaba si cuestionaban su atuendo. Hasta los 30 años de edad ella afirma que se enamoró de distintas mujeres aunque en una ocasión llegó a tener una pareja de sexo masculino; sus familiares coinciden en afirmar que en esa época era evidente su conducta seductora hacia las féminas. La paciente explica: “cuando yo quería, era mujer; pero si quería, era hombre. Los demás me veían como mujer porque tenía mi máscara, pero por dentro yo era hombre. Para sacarme la máscara tenía que avisarle a mi mamá porque ella no quería que la gente se dé cuenta.” A los 35 años refiere haber tenido una pareja de sexo femenino: “había una chica por mi casa, yo la miraba y ella pasaba mirándome mucho, entonces nos hablamos y nos besamos y tuvimos relaciones sexuales. Yo era hombre en ese momento, me saqué la máscara y el cuero de mi cuerpo, y salió mi pene”, “creo que la dejé embarazada, no sé, ella se fue”. Durante su última hospitalización mencionó que había una chica que le gustaba: “era flaquita y bonita, siempre venía a verme”, (en realidad era una trabajadora del comedor quien llevaba la comida diariamente y la paciente interpretó que iba a visitarla “con ese pretexto”). Manifiesta además: “yo en realidad me llamo Pepe Lucho, soy esposo de Elizabeth Taylor y tengo muchas mujeres. Tengo fotos de cuando era un niño varón, mi mamá me sacó la máscara de mujer desde acá -señala su nuca- y entonces me vi: blanco, fino, alto, guapo, pelirrojo.”

Al egreso, luego de cuatro meses de hospitalización, la paciente presentaba aún delusiones de daño y referencia que no alteraban su conducta; igualmente reiteraba que su sexo era masculino pero transigía en que “sería mujer” para no tener problemas con su madre (antes de su ingreso  agredía verbalmente si contradecían su delusión de cambio de sexo). Aceptaba sin dificultad el tratamiento consistente  en 30 mg. diarios de trifluoperazina y 50 mg. mensuales de decanoato de flufenazina, sin embargo su conciencia de enfermedad era muy incipiente.

En un control ambulatorio a los seis meses de su alta se observó a la paciente con el cabello largo y recogido en una cola: su vestimenta era masculina y bastante holgada (pantalones vaqueros, camisa a cuadros, zapatillas de varón). Mostraba conducta seductora: miraba fijamente a la entrevistadora, le decía galanterías y trataba de hacer contacto físico con ella. Reivindicaba tajantemente su afirmación de ser varón (“yo nací varón pero mi mamá me puso una máscara de mujer cuando era bebé”) aunque supuestamente se reprimía por temor a la madre quien la habría amenazado “con  internarla otra vez si volvía a hablar del tema”. No descartaba la idea de casarse en el futuro con una chica “pero quitándose la máscara de mujer”. Los familiares, por su parte, corroboraban que la paciente ya no mencionaba el asunto aunque a veces pedía a la hermana que “busque el cierre de su máscara” tocándose la nuca. No habían notado interés sexual de la paciente hacia alguna persona, mientras tanto colaboraba en quehaceres del hogar y cumplía con su tratamiento farmacológico.

Actualmente el tratamiento de la paciente es irregular y ha vuelto a manifestar: “me gusta ser mujer, pero es mejor que sea yo misma, sin máscara”. Se muestra irritable cuando cuestionan su delusión de transexualismo y sigue empleando vestimenta y ademanes masculinos. Las delusiones de daño y referenciales hacia su padre nuevamente se han intensificado.



Los Hijras, un complejo fenómeno cultural de la India.

DISCUSIÓN

Diversos autores han indicado que en la esquizofrenia la alteración de la imagen de uno mismo y la quiebra de la conciencia del yo es global y afecta siempre, de un modo u otro, a los sentimientos ligados a la sexualidad (14). Arieti afirma incluso que una de las características más comunes de los niños y adolescentes, desde la etapa premórbida de la esquizofrenia, consiste en que su autoimagen es indefinida respecto a la identidad de género (15).

La constatación de los disturbios esquizofrénicos de la identidad sexual es continua en la psiquiatría moderna, uno de los clásicos al respecto es el caso del magistrado Daniel Schreber (1842-1911), cuya patobiografía analizó Freud; este personaje, en el principio de su cuadro psicótico, fue asaltado por una perturbadora fantasía hipnopómpica acerca de lo bello que debía vivenciar una mujer en el momento que el varón la penetra coitalmente. A partir de ese momento se fue configurando en Schreber la delusión de que su cuerpo iba a transformarse en el de una mujer, y luego, fecundado por Dios mismo, sería capaz de engendrar una raza nueva de seres humanos (16). Algo antes, el famoso psiquiatra austriaco Krafft-Ebbing, con la terminología latina que empleó en su clásico texto de sexología, denominó “metamorphosis paranoica sexualis” a la delusión de transformación sexual que solía presentarse en personas con esquizofrenia (15).

Eugen Bleuler afirmaba que, casi sin excepción, las personas con diagnóstico de esquizofrenia sostienen creencias delusionales que contradicen el sexo al que pertenecen (17); investigaciones posteriores han cuantificado entre 20 a 25% de pacientes como portadores de estas delusiones. Las delusiones de cambio de sexo abarcan la creencia de tener un sexo indefinido o neutro, de poseer ambos sexos, de ya no pertenecer al sexo original o de pertenecer definidamente al sexo opuesto: éstas últimas son predominantes en varones solteros (17,18). Estos pacientes pueden solicitar reasignación quirúrgica de sexo y hasta, en inusitados casos, mutilar sus genitales en un extravagante intento por cambiar su sexo (19).

Debe puntualizarse que los hallazgos descritos sobre delusiones de cambio de sexo en personas con esquizofrenia se obtuvieron a través de preguntas explícitas: no se trata de delusiones reveladas espontáneamente (17,18).  No se ha profundizado en el significado de estas diferencias con los pacientes esquizofrénicos que proclaman abiertamente su creencia delusional (como nuestra paciente) o que solicitan que se les practique cirugía de reasignación de sexo. Para algunos autores, estos casos donde tras el proceso esquizofrénico persiste la idea de metamorfosis sexual, podrían tratarse de individuos con homosexualidad latente en los que ésta, debido a la psicosis, afloró después transfigurada como disforia de género (7).

Aunque escasos, estudios posteriores han apuntalado la impresión clínica de que los pacientes con esquizofrenia experimentan su identidad de género en modo diferente al de personas sin esta psicosis: en general, las mujeres se aprecian menos femeninas y los varones menos masculinos (20).  Otro hallazgo diferencial es la mayor frecuencia de conductas autoeróticas en las personas con esquizofrenia (15). Desde luego, dado que la sexualidad es un punto de encuentro de lo psicobiológico con lo sociocultural, dirimir qué proporción de cada factor influye en estos fenómenos, es difícil, pero sin duda resulta de una compleja combinación de dichos vectores con la psicopatología esquizofrénica. Otro factor que se debe mencionar acerca de los hallazgos mencionados es la influencia de las prolongadas estancias hospitalarias sobre la sexualidad de los pacientes esquizofrénicos (21).

De manera resumida, se ha afirmado que la disgregación de la estructura psíquica  en las personas con esquizofrenia (con la irrupción de fantasías de procreación, arcaicas, pregenitales y asexuales) aunada a su dificultad de enfrentar la incertidumbre de su identidad y rol de género, puede influir en la génesis de algunos síntomas esquizofrénicos casi patognomónicos: alucinaciones genitales, delusiones de cambio de sexo y automutilaciones genitales (15). Análogamente, sobre todo en varones, la dificultad para establecer relaciones íntimas con el sexo opuesto junto a la presión de la tendencia instintiva natural, podrían influir en la mayor frecuencia de relaciones autoeróticas y homosexuales, no necesariamente porque estos individuos sean homosexuales per se (15,20). Con todo, la evidencia clínica y anecdótica sobre los disturbios de la identidad de género y orientación sexual en esquizofrenia, no puede explicar cabalmente porqué estos fenómenos se desarrollan solamente en una minoría de individuos con dicho diagnóstico.

Bleuler afirmaba que en las delusiones de los individuos esquizofrénicos puede encontrar expresión todo lo que se desea y se teme. A su vez, en diversos periodos de la enfermedad cabe observar estadios intermedios entre la idea delirante y la fantasía consciente (22). En el caso de nuestra paciente, no puede confirmarse la sospecha de alguna inclinación homo o bisexual previa a su esquizofrenia y no se debe soslayar la posibilidad de que varias afirmaciones sobre su pasado constituyan simplemente paramnesias fantásticas propias de su psicosis (1). Es claro que su manifestación sobre poseer caracteres sexuales de varón y poder adoptarlos a voluntad “quitándose una máscara”, reviste rasgos extravagantes propios del delirio esquizofrénico: el desvanecimiento y reaparición de su idea ante el abandono del tratamiento antipsicótico, abona a dicha apreciación psicopatológica. El vínculo aglutinado de la paciente con la madre y la expectativa materna de que ella fuese un hijo varón junto al rechazo a la imagen paterna son, desde la perspectiva psicodinámica, elementos frecuentes en disturbios de orientación sexual (5): esto concordaría con la referencia acerca de que la orientación homosexual preexistente podría aflorar deformada, luego de la psicosis esquizofrénica, en forma de transexualismo sintomático.




El transexualismo es un fenómeno desconcertante y no solo desde la perspectiva médica sucinta (23). Pese a la polémica de su naturaleza diagnóstica -el debate se asemeja a aquél sobre la homosexualidad en la década de 1960 y 1970-, se lo considera un trastorno psiquiátrico pero es el único cuyo “tratamiento” consiste en procedimientos hormonales o quirúrgicos. Hasta épocas relativamente recientes se lo reputaba un cuadro incuestionablemente psicótico: no hace mucho se reportó que la creencia de transexualidad en un paciente varón pudo ser desvirtuada con medicación antipsicótica (24), cual si este hecho fuese una prueba terapéutica y demostrase, por sí mismo, la índole psicótica del fenómeno.

El problema del transexualismo nos obliga a asomarnos a un panorama inédito donde se ponen en tela de juicio los linderos de lo que es delusivo y lo que es real, de lo absoluto y lo contingente, de lo que es tabú y lo que es socialmente tolerable; y precisamente la esquizofrenia y las delusiones de cambio de sexo permiten tal inédita perspectiva;  en ese tenor, consterna la exigua cantidad de literatura científica dedicada al estudio de la sexualidad en personas con diagnóstico de esquizofrenia (20).

La implementación de tratamientos de reasignación de características sexuales, ya sean hormonales o quirúrgicos, debiera solamente efectuarse tras un minucioso seguimiento y evaluación (2,5,7). Se han reportado numerosos casos donde estos tratamientos fueron erróneamente administrados a personas con falso transexualismo, con las irreversibles secuelas consiguientes (2). Aunque en nuestro país no se brindan oficialmente aún dichos procedimientos, debe anticipadamente reflexionarse sobre el momento en que llegue esa eventualidad. En esta época de mayor apertura, tolerancia y respeto a los derechos sexuales del individuo y cuando eventualmente la disforia de género podría ser eliminada de futuras clasificaciones psiquiátricas, no puede apresuradamente soslayarse el escrutinio fenomenológico individualizado de cada caso (25). Recordemos con Scharfetter que: "El paciente no “tiene” síntomas, sino que vivencia determinadas experiencias y se comporta así de un modo, describible, desviado con respecto a la norma del grupo. Nada de lo que hace es, sin más, absurdo. No se trata aquí de una afirmación de índole científica, sino del reconocimiento de la psicopatología como doctrina del vivenciar y camino hacia la terapéutica. Tan sólo adoptando esta actitud nos ajustaremos al hombre enfermo." (26).







Referencias bibliográficas

1. Delgado H. Curso de Psiquiatría. 6ta. edición. Lima: Universidad Peruana Cayetano Heredia; 1993.
2. Borras L, Huguelet P, Eytan A. Delusional "pseudotranssexualism" in schizophrenia. Psychiatry.2007; 70: 175-179.
3. Hyde C, Kenna JC. A male MZ twin pair, concordant for transsexualism, discordant for schizophrenia. Acta Psychiat Scand. 1977; 56: 265-275.
4. American Psychiatric Association. Diagnostic and Statistical Manual of Mental Disorders – DSM-5.Arlington DC: American Psychiatric Association; 2013.
5. Crespo M, Labrador FJ, de la Puente ML. Trastornos sexuales. En: Belloch A, Sandín B, Ramos F. Manual de Psicopatología. México: McGraw Hill; 2008. (pp. 309-353)
6. Bhargava SC, Sethi S. Transsexualism and schizophrenia: a case report. Indian J Psychiatry.2002; 44: 177-178.
7. Baltieri DA, De Andrade AG. Schizophrenia modifying the expression of gender identity disorder. J Sex Med. 2009; 6:1185-1188.
8. Jiloha RC, Bathla JC, Baweja A, Gupta V. Transsexualism in schizophrenia: a case report. Indian J Psychiatry.1998; 40: 186-188.
9. Commander M, Dean C. Symptomatic trans-sexualism. Br J Psychiatry.1990; 156: 894-896.
10. Kasper BS, Kerling F, Graf W, Stefan H, Pauli E. Ictal delusion of sexual transformation. Epilepsy & Behavior.2009; 16: 356-359.
11. Chakrabarti N, Sinha VK, Parial A. Secondary gender identity disorder - a case report. Indian J Psychiatry.1999; 41: 257-259.
12. Habermeyer E, Kamps I, Kawohl W. A case of bipolar psychosis and transsexualism.Psychopathology.2003; 36: 168-170.
13. Organización Mundial de la Salud. Clasificación estadística internacional de enfermedades y problemas relacionados con la salud. 10ª revisión (CIE-10). Washington D.C.: OPS,  1995.
14. Sims A. Síntomas mentales. Introducción a la Psicopatología descriptiva. Madrid: Editorial Triacastela; 2008.
15. LaTorre RA. Schizophrenia. En: Widom DS. (ed.) Sex roles and psychopathology. New York: Plenum; 1984. pp. 157-179.
16. Schreber DP. Memoirs of my nervous illness. New York: New York Review of Books; 2000.
17. Gittleson NL, Levine S. Subjective ideas of sexual change in male schizophrenics. Br J Psychiatry.1966; 112: 779-782.
18. Gittleson NL, Dawson-Butterworth K. Subjective ideas of sexual change in female schizophrenics. Br J Psychiatry.1967; 113: 491-494.
19. Orzan E, Deveci E, Oral M, Yacizi E, Kirpinar I. Male genital self-mutilation as a psychotic solution. Isr J Psychiatry Relat Sci. 2010; 47:297-303.
20. Sajatovic M, Jenkins JH, Strauss ME, Butt ZA, Carpenter E. Gender identity and implications for recovery among men and women with schizophrenia. Psychiatr Serv. 2005; 56: 96-98.
21. Lukoff D, Gioia-Hasick D, Sullivan G, Golden J, Nuerchterlein K. Sex education and rehabilitation with schizophrenic male outpatients. Schizophr Bull. 1986; 12: 669-677.
22.  Bleuler E. Demencia precoz. El grupo de las esquizofrenias. Buenos Aires: Ediciones Hormé; 1993. (Trad.Wagner DR).
23. McHugh PR.  Witches, multiple personalities, and other psychiatric artifacts. Nat Med. 1995; 1: 110-114.
24. Puri BK, Singh I. The successful treatment of a gender dysphoric patient with pimozide. Aust N Z J Psychiatry.1996; 30: 422-425.
25. Campo J, Nijman H, Merckelbach H, Evers C. Psychiatric comorbidity of Gender Identity Disorders: a survey among Dutch psychiatrists. Am J Psychiatry. 2003; 160: 1332-1336.
26. Scharfetter C. Introducción a la psicopatología general. 3ra ed. Madrid: Morata; 1988


NB.- La presente nota clínica ha sido publicada en la Revista de Neuro-Psiquiatría, con la autoría de Katia Caballero, Carla Cortez y el suscrito.



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sábado, 12 de enero de 2013

El tamaño del pene y su connotación sobre la salud mental




Sileno ebrio (Museo de Louvre)



UNA CUESTIÓN DE TAMAÑO

Mucho después, cuando Zelda sufría por primera vez lo que entonces se designaba con el nombre de depresión nerviosa, Scott y yo coincidimos en París, y él me invitó a almorzar en el restaurante Michaud, en la esquina de la rue Jacob y de la rue des Saints-Pères. Dijo que quería consultarme algo muy importante, algo que para él contaba más que nada en el mundo, y me pedía le contestara la pura verdad. Le prometí hacer lo que pudiera. Siempre que él me exigía la pura verdad, cosa en todo caso difícil de alcanzar, y yo procuraba decírsela, lo que yo le decía le ponía furioso, aunque muchas veces no se ponía furioso en seguida sino más tarde, después de cavilar sobre el asunto. Mis palabras se convertían en algo que había que destruir, y a veces, de ser posible, había que destruirme a mí de paso.

Con el almuerzo bebió vino, pero no le afectó, y no llegó ya bebido, como preparación para la entrevista. Hablamos de nuestro trabajo y de los amigos y me pidió noticias de gentes a quienes no veía desde hacía tiempo. Comprendí que estaba escribiendo algo bueno y que por varias razones el trabajo no le resultaba fácil, pero que no era ése el asunto de su consulta. Esperé a que asomara la cuestión sobre la cual yo debía pronunciar la pura verdad, pero no lo descubrí hasta el fin de la comida, como si fuera un almuerzo de negocios.

Por fin, mientras comíamos la tarta de cerezas y terminábamos la última jarra de vino, me dijo:

- Ya sabes que nunca me he acostado con ninguna mujer, salvo con Zelda.
- No, no lo sabía.
- Creía habértelo dicho.
- No. Me has dicho muchas cosas, pero no esto.
- Bueno, quiero consultarte sobre esto.
- Venga.
- Zelda me dijo que con mi conformación nunca podré dejar satisfecha a ninguna mujer, y que por esto tuvo ella  su primer trauma. Dijo que es una cuestión de tamaño. Me destrozó, y quiero saber la verdad.
- Vamos con los caballeros.
- ¿Qué caballeros?
- El retrete, hombre.

Volvimos a la sala del restaurant y nos sentamos otra vez a la mesa.

- No hay problema -dije-. Estás perfectamente conformado. No tienes ningún defecto. Tú te miras de arriba y te ves en escorzo. Da una vuelta por el Louvre y fíjate en las estatuas, y luego vete a casa y mírate de lado en el espejo.
- Tal vez esas estatuas no sean exactas.
- No están mal. Mucha gente se contentaría con menos.
- ¿Pero por qué lo dijo?
- Por declararte en quiebra. Es el más viejo procedimiento que la humanidad ha inventado para declarar en quiebra a un hombre. Mira, Scott, me pediste la verdad, y podría decirte muchas cosas más, pero lo que te digo es la pura verdad y es cuanto necesitas saber. Podías consultar a un médico. 
- No quería. Quería que tú me dijeras la verdad.
. ¿Y ahora no me crees?
- No sé -dijo.
- Vamos al Louvre -le dije-. Está enfrente, sólo tenemos que cruzar el puente.

Fuimos al Louvre y miró las estatuas, pero le quedaban dudas respecto a sí mismo.

- Lo que cuenta no es el tamaño en reposo -le expliqué-. La cuestión es el tamaño que adquiere. También es una cuestión de ángulo.

Le expliqué el modo de utilizar una almohada, y unas cuantas cosas más que tal vez le resultara útil saber.

- Hay una chica -dijo- que parece sentir cariño por mí. Pero después de lo que Zelda me dijo...
- Olvídate de todo lo que Zelda te dijera -repuse-. Zelda está loca. No tienes ningún defecto. Puedes tener confianza, y le darás a la chica todo lo que te pida. Lo único que Zelda quiere es destrozarte.


Ernest Hemingway
París era una fiesta.
(1964)



Con el desenfado que caracterizaba a Hemingway, nos narra este episodio (ficticio o no) acontecido con otro grande de la literatura norteamericana, Francis Scott Fitzgerald, a quien describe angustiado por la opinión minimizadora de su esposa Zelda acerca de las dimensiones de su miembro viril. (Cabe mencionar que Zelda Sayre Fitzgerald fue también escritora conocida en su época, los locos años 1920, y padeció enfermedad psiquiátrica diagnosticada como esquizofrenia por el mismísimo Eugen Bleuler).

Es interesante toda la parafernalia de creencias populares expresada en el chiste, rumor, mito, chisme y habladuría soterrada, relacionada con la inseguridad masculina prevalente y relacionada con la satisfacción o insatisfacción con su miembro viril y, en general, con su desempeño sexual. Tal vez un palmario ejemplo de ello es el éxito colosal de fármacos como el Viagra, más utilizado por jóvenes inseguros y apocados que por adultos mayores y con verdadera disfunción eréctil.

Dado que la sexualidad es un tema tabú, descuidado usualmente en el proceso educativo familiar y escolar, a los varoncitos desde temprana edad se les va desarrollando en sus mentes la idea sobrevalorada de la dimensión fálica como garantía de felicidad sexual y de valía como "macho". Y asumen usual y equivocadamente que la sexualidad femenina se basa en los mismos espurios postulados falocráticos y temen con pavor las comparaciones milimétricas, los parangones  de calibre y las mensuraciones de grosores, en sus contactos con el sexo femenino.

Afortunadamente, los profesionales de la salud mental, carentes totalmente de tales absurdos complejos y poseedores de la capacidad empática para abordar fácilmente tales temas en la relación médico-paciente, acostumbran enfocar de manera directa estas dudas e inquietudes de sus pacientes varones, subyacentes tantas veces detrás de discordias conyugales, neurosis, obsesiones y disforias... El texto que al pie enlazamos expone breve y claramente una perspectiva saludable sobre ello.


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ENLACE:

- Penis Size: A Consideration of Fantasy and Reality, por Lawrence Blum, de su blog Beyond Freud, en Psychology Today.


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lunes, 7 de enero de 2013

Priapismo y psicofármacos: a propósito de un caso



En la mitología antigua, Príapo era un diosecillo menor representado con un miembro viril de grotescas proporciones, alegorizando así la anhelada fertilidad de la naturaleza, los sembríos y los rebaños. De su nombre se deriva el término médico "priapismo", con que se denomina a una erección prolongada, dolorosa, que no cede con la actividad sexual y que resulta de un desequilibrio entre los factores que regulan la erección y la detumescencia del pene. Incluso, si el caso de priapismo es severo, puede acabar siendo la última erección del individuo que la sufre pues acarrea daños irreversibles al mecanismo fisiológico responsable de la capacidad eréctil.

Diversos medicamentos se han asociado a la posibilidad de ocurrencia del priapismo, entre ellos los antipsicóticos. Aunque es un fenómeno sumamente infrecuente (1-2 casos en 100 000 personas de sexo masculino), conocer y prevenir la concurrencia de otros factores que pudiesen incrementar su riesgo, es necesario. 

Encontramos un caso de priapismo asociado a risperidona y preparamos un breve reporte al respecto que aquí adjuntamos.








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ENLACES:

- Cruzado L, Vallejos C. Priapismo secundario a antipsicóticos: a propósito de un caso asociado a risperidona. Rev Med Chile 2012; 140: 1445-1448.



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miércoles, 10 de noviembre de 2010

Mi escena primaria








En la terminología psicoanalítica llámase "escena primaria" a la, real o imaginada, circunstancia en que el niño es testigo del coito de sus padres. Se reputa a esta visión usualmente como traumática y nuclear en el devenir del desarrollo del individuo. Siempre según la teoría psicoanalítica, el coito sería interpretado por el niño como una agresión del padre a la madre dentro de una relación sadomasoquista: a su vez, dicho suceso provocaría una excitación sexual en el niño que al mismo tiempo le inocularía un germen de angustia. Pero no cualquier angustia sino el mismísimo temor a ser castrado.

Por cierto, o no recuerdo a mis padres en semejante -para ellos- goloso trance o reprimida albergo mi escena primaria en los entresijos hipocampales. Sea como fuese, sublimadora como siempre la poesía a mí acude:



cuerpo anterior

El arco iris atraviesa a mi padre y a mi madre
Mientras duermen. No están desnudos
Ni los cubre pijama ni sábana alguna
Son más bien una nube
En forma de mujer y hombre entrelazados
Quizás el primer hombre y la primera mujer
Sobre la tierra. El arco iris me sorprende
Viendo correr lagartijas entre los intersticios
De sus huesos y mis huesos viendo crecer
Un algodón celeste entre sus cejas
Ya ni se miran ni se abrazan ni se mueven
El arco iris se los lleva nuevamente
Como se lleva mi pensamiento
Mi juventud y mis anteojos.





Por supuesto, la represión, ese piadoso olvido, es lo más probable. Habiendo transcurrido los primeros años de mi vida  arracimado con dos hermanos en la alcoba de mis padres, imposible sería no haber percibido ese resoplido ahogado que trata de no ser sino de parecer. Quizá mis propios somniloquios precipitaron la interrupción cautelosa, la abreviación del goce, la premura del disimulo. Pobre padre, pobre madre. Tras las largas jornadas diarias para que nada nos falte, extenuados y deseosos de no estarlo, mirando el reloj mientras su quisquilloso vástago no se dormía cual si intuyese edípicamente algo, calculando si valía ya la pena, si no era mejor aprovechar unos minutos más de sueño en vez de dedicarse a improvisar arcoíris desvaídos.

Tal vez inquieto por dichos repetidos simulacros de escena inconclusa y por mi frustrante incapacidad de espiar en vela, solía aventurarme en los armarios y la cómoda materna, escrutador de percudidas lencerías, de desvencijados portaligas, impotente y resignado voyeur de naftalina y de gaveta. Algo buscaba, algo sospechaba en su ira Edipo mientras los días de Layo y de Yocasta se consumían entre privaciones y discordias.

En aquellos procelosos merodeos accedí al cajoncillo con llave del velador de mi madre: entre papeles antiguos y revoltijo de envoltorios -¿qué escondían?-, encontré lo que sería mi escena primaria: una píldora -pero no la anticonceptiva-, aunque de hecho, había sí un disco giratorio que hablaba de cierto ritmo y que yo malentendí por un método para hacer rítmicos los movimientos -¿pero cuáles?-.

La píldora que hallé venía en un tubito metálico, liso y frío, duro de abrir y donde las pastillitas no tenían el confite colorado de otras que eran para la alergia y que yo lamía hasta que se acababa el dulce y escupía el resto. Éstas no, éstas eran amargas desde el principio. Su envase estaba rotulado con grandes letras que rezaban Ansiopaz.

Mamá tomaba estas pastillas. O sea que mamá ansiaba paz. Y esas pastillas le daban paz.

No ha sido fácil y no sé cuánto haya podido resolver mi complejo de Edipo enfrentado no a mi padre sino a un tubo de benzodiazepinas.


cuerpo enamorado


Miro mi sexo con ternura
Toco la punta de mi cuerpo enamorado
Y no soy yo que veo sino el otro
El mismo mono milenario
Que se refleja en el remanso y ríe
Amo el espejo en que contemplo
Mi espesa barba y mi tristeza
Mis pantalones grises y la lluvia
Miro mi sexo con ternura
Mi glande puro y mis testículos
Repletos de amargura
Y no soy yo que sufre sino el otro
El mismo mono milenario
Que se refleja en el espejo y llora




NB: Los poemas son de nuestro amado poeta Jorge Eduardo Eielson.



ENLACE:


- La escena primaria de nuestro flamante Premio Nobel Mario Vargas Llosa según su amigo psicoanalista Max Silva Tuesta: Vargas Llosa y la 'escena originaria'. LIBERABIT. 2007; 13: 79-88. (PDF)


Otras entradas relacionadas en el blog:

-Eielson.

martes, 6 de octubre de 2009

Docencia en Psiquiatría & Masturbación


Ya desde hace algún tiempo hemos venido admirando las páginas electrónicas de Docencia en Psiquiatría del Doctor José Luis Día Sahún en el Hospital Universitario Miguel Servet de Zaragoza:


Su versación en psicopatología y fenomenología, en la nosología de los clásicos, la prolija sistematización de su actividad docente, el derroche de referencias bibliográficas y la oportuna divulgación por medio de la Internet de los temas tratados y casos presentados, han sido motivo de sana envidia para muchos de los que por aquí nos iniciamos en la psiquiatría asistencial y académica, además de versátil fuente de referencia siempre cercana.

Hemos hallado esta delicada joya bibliográfica de autoría del Dr. Día Sahún y no queremos confinarla para nuestro solo goce: 'Del onanismo a la psicosis masturbatoria'. En el documento que compartimos se pasa revista somera y solvente a la psicopatología del autoerotismo y las vertientes históricas de los conceptos correspondientes, con el deportismo estilístico y el gracejo natural que es el sello de Día Sahún. Nada de acartonamiento ni solemnidad para erigirse como Maestro. No está demás anotar que el texto fue presentado en la ceremonia de bienvenida de los médicos residentes 2006-2007 y despedida de los psiquiatras 2002-2006 del mencionado hospital zaragozano.


Dr. J. L. Día Sahún


Anduvimos buscando en Youtube el video de la mencionada ceremonia, con prolegómenos y esperables secuelas, pero nos quedamos con ganas de participar electrónicamente en el jolgorio. Seguiremos frecuentando la página del Dr. J. L. Día Sahún y recibiendo a la distancia su magisterio. En sus valiosos documentos académicos él siempre se ha encargado oportunamente de recordarnos: "¡Esto no es DSM-IV!"

Pues enhorabuena, sí señor.

Las páginas electrónicas antedichas merecen ser divulgadas por doquier para conocimiento e ilustración de todos los aficionados a la psiquiatría. Pero, a propósito del tema y con una cierta añoranza de nuestros idos años mozos, nos provoca mas bien de manera cómplice decir: 'Guardad fielmente el secreto...'

Y que la noche nos sea propicia.

"Del Onanismo a La Psicosis Masturbatoria". Psicopatología del autoerotismo desde Tissot a H.Ey.


sábado, 11 de julio de 2009

Caballero solo









Los jóvenes homosexuales y las muchachas amorosas,
y las largas viudas que sufren el delirante insomnio,
y las jóvenes señoras preñadas hace treinta horas,
y los roncos gatos que cruzan mi jardín en tinieblas,
como un collar de palpitantes ostras sexuales
rodean mi residencia solitaria,
como enemigos establecidos contra mi alma,
como conspiradores en traje de dormitorio
que cambiaran largos besos espesos por consigna.









El radiante verano conduce a los enamorados
en uniformes regimientos melancólicos,
hechos de gordas y flacas y alegres y tristes parejas:
bajo los elegantes cocoteros, junto al océano y la luna,
hay una continua vida de pantalones y polleras,
un rumor de medias de seda acariciadas,
y senos femeninos que brillan como ojos.



 





El pequeño empleado, después de mucho,
después del tedio semanal, y las novelas leídas de noche en cama,
ha definitivamente seducido a su vecina,
y la lleva a los miserables cinematógrafos
donde los héroes son potros o príncipes apasionados,
y acaricia sus piernas llenas de dulce vello
con sus ardientes y húmedas manos que huelen a cigarrillo.









Los atardeceres del seductor y las noches de los esposos
se unen como dos sábanas sepultándome,
y las horas después del almuerzo en que los jóvenes estudiantes
y las jóvenes estudiantes, y los sacerdotes se masturban,
y los animales fornican directamente,
y las abejas huelen a sangre, y las moscas zumban coléricas,
y los primos juegan extrañamente con sus primas,
y los médicos miran con furia al marido de la joven paciente,
y las horas de la mañana en que el profesor, como por descuido,
cumple con su deber conyugal y desayuna,
y más aún, los adúlteros, que se aman con verdadero amor
sobre los lechos altos y largos como embarcaciones:
seguramente, eternamente me rodea
este gran bosque respiratorio y enredado
con grandes flores como bocas y dentaduras
y negras raíces en forma de uñas y zapatos.









____________________


ENLACES:

- Caballero solo, de Pablo Neruda (Chile, 1904-1973), incluído en el poemario Residencia en la Tierra (1932).

- Ilustraciones: Pin-up girls de Alberto Vargas (Perú, 1896-1982).


sábado, 27 de junio de 2009

El tafanario de Dios y de lo apotropaico



Marco Aurelio Denegri, polígrafo peruano versado en sexualidad, gallística, gramática y otros rubros del conocimiento humano, asaz de esta inusual combinatoria despliega en un programa de TV difundido a la medianoche de cada viernes, un variopinto y erudito abanico de entrevistas, comentarios, crítica de libros y diálogo epistolar con sus televidentes.




Sus videos, muchos de ellos colgados en Youtube, nos muestran a un Denegri gestoso, sarcástico las más de las veces y ríspido en otras muchas, pero en una estimulante atmósfera de cultura y contracultura que se agradece por su carácter de oasis dentro de la TV nacional. Sus temas van desde la masturbación, las desacostumbradas variedades de la costumbre sexual, la fotografía, la literatura, la historia, la sociología, la antropología, y un dilatadísimo etcétera.

Presentamos en esta ocasión un video de su programa 'La función de la palabra' en que, entre otros iconoclastas tópicos, Denegri alude a la divina nalgamenta y a su carácter apotropaico. Muy didáctico para los creyentes y los no creyentes.



Denegri alude a los frescos de la Capilla Sixtina y a su autor Michelangelo Buonarroti. El fresco específicamente mencionado es 'La creación de los astros" -octavo tramo de la bóveda, específicamente la creación del sol y la luna- (demás está decir que la flechita es redundante añadidura nuestra para enfatizar las sublimes posaderas de Dios):




En su momento, la cantidad de desnudos que aparecían en la Capilla Sixtina originaron distintas protestas entre la cucufatería eclesiástica. De hecho, las partes pudendas de la mayoría de personajes fueron finalmente cubiertas por la chambona brocha de Daniele de Volterra tras la orden del Papa Pablo IV. Volterra, luego de esta labor de gazmoño disimulo, recibió el apelativo de 'Il Braghettone' -es innecesaria la traducción-. Ante la consumada mutilación de su obra, Miguel Ángel declaró con desprecio: "Decidle a Su Santidad que eso es una pequeñez fácil de arreglar. Que Su Santidad se dedique a arreglar el mundo: arreglar una pintura no cuesta gran cosa."

En la Capilla Sixtina hay escenas poco conocidas y poco comentadas, como ésta supuestamente de 'castigo de la sodomía' incluída en el fresco del Juicio Final. Huelgan comentarios obviamente (la práctica contemporánea se denomina fisting):






Y siguiendo con Miguel Ángel, que era según el consenso de sus biógrafos, de orientación homosexual, he aquí una pintura suya que vista sin candor puede resultar ambigua y turbadora: La Sagrada Familia con San Juan Bautista (1503).

 


Curiosa la forma en que la Virgen extiende su mano hacia el sexo de su hijo. ¿Y qué pinta en un cuadro religioso, esa guirnalda de efebos de pagana desnudez?




Referencia


- Neret G. Miguel Ángel. Taschen, 2005.





viernes, 5 de junio de 2009

¿La talla de los zapatos se relaciona con el tamaño del pene?



 

Lo que solía divulgarse como una leyenda urbana amedrentadora, que habrá causado más de una insomne obsesión adolescente, subrepticias miradas para constatar diferencias milimétricas, rellenos de algodón en las punteras de zapatos con talla sobrante... ha sido asumido cual motivo de investigación seria por un par de acuciosos urólogos británicos. Hay que deplorar, eso sí, el pequeño tamaño muestral empleado: habrá que pasarle la voz a los epidemiólogos locales para replicar el trabajo en nuestro medio con una multirracial y variopinta muestra, estratificada y por conglomerados, claro está.



El resultado... ¡albricias!: no hay correlación estadísticamente significativa.



(Gracias a Baroja Lovecraft's shared items, de Nietos de Kraepelin, por el dato).





ENLACES:

- El estudio que aniquilará complejos mil ante la compra de zapatos.

- The definitive penis size survey.

martes, 5 de mayo de 2009

Maratón de masturbación






Ah, no hay nada después de un largo y extenuante día de guardia en el manicomio como encontrar noticias divertidas y originales así en la prensa (el resumen es de varias agencias noticiosas):
"La ciudad de San Francisco celebró las virtudes del placer solitario en la edición 2009 de la maratón de la masturbación, llamada “Masturbate-a-Thon”, destinada a banalizar una práctica sexual aún tabú y a recaudar fondos para obras caritativas.


“Es como una maratón; la diferencia es que los pies no duelen al final, excepto si uno se masturba de manera inusual”, explicó el sábado una de las fundadoras de esta manifestación, Carol Queen, empleada del “sex-shop” Good Vibrations, en San Francisco.


En 1995, la tienda había decretado que el mes de mayo sería el de la masturbación e instó a sus clientes a buscar auspiciadores dispuestos a pagar por minuto para verlos masturbarse, con el fin de recaudar fondos para causas vinculadas con la sexualidad.


La primera Masturbatón ocurrió en el 2000 e inspiró luego eventos similares en Londres y Copenhague.


Entre los cientos de personas que pusieron manos a la obra el sábado, Masanobu Sato, número dos de un fabricante japonés de juguetes sexuales, viajó desde Tokio para defender el título de resistencia que ganó el año pasado, con una duración de 9 horas y 33 minutos.


Quienes viajan y donan son invitados a asistir al espectáculo desde una galería que bordea el “masturbatorium”, donde los participantes son observados por sexólogos a lo largo de la competencia. “Lo más importante es ir despacio y respirar”, recomendaba el “sex coach”, Ed Ehrgott. “Es una manera de conectarse con uno mismo. Es la práctica más segura que hay”, según este antiguo campeón del concurso. Entre los varios títulos a los que se podía aspirar en la Masturbatón también figuraba el de la cantidad de orgasmos.


Entre los récords de este año, la mayor distancia alcanzada por el flujo seminal llegó a superar los cinco pies de distancia y Masanobu Sato pulverizó su marca de duración arañando las diez horas aunque le faltaron apenas dos minutitos."

Javier Bardem como Anton Chigurh, en una escena de No country for old men, que fue eliminada durante el proceso de edición.



Ahhh, no hay nada después de un largo y extenuante día de guardia en el manicomio...