sábado, 17 de noviembre de 2012

Acerca de la atención, su déficit, la estupidez y la lluvia



"Óyeme como quién oye llover,
ni atenta ni distraída"

O. Paz

*

La proclividad al etiquetaje en psiquiatría es costumbre no reciente pero más escandalosa hoy por la psiquiatrización de la vida humana. Y es que más fácil que ahondar en el penetral del alma humana es apresurarse a adherir en la frente del individuo una etiqueta de moda y prestigiosa para supuestamente "explicar" determinada actitud o conducta o rasgo. Así, aupados en el trono fantochesco del DSM-IV, disparamos a diestra y siniestra adjetivos como "bipolar" para cualquier fluctuación anímica; "depresión" para cualquier descorazonamiento, desazón, pesadumbre o desilusión; "evitativo" para toda conducta discreta, cautelosa o introvertida; "síntomas negativos" para cualquier anhedonia, apagamiento, apocamiento, desgano; y recientemente "¡TDAH!" para cualquier alegado desmedro de la atención o concentración...

(Y si por usar y abusar de etiquetas diagnósticas y de sus pretendidas panaceas psicofarmacológicas, Big Pharma nos obsequia "desinteresadamente" vacaciones en el Caribe con todos los gastos pagos, será lastimosamente predecible que esta malsana perversión proliferará en muchísimos colegas, como hoy sucede, usurpando el nombre de "Psiquiatría").

El otro día conversábamos con una colega residente que maguer de su abultada formación psicoterapéutica (varias formaciones en psicoterapia en tres años, nada menos) y pese a su nula impulsividad (pues posee mas bien una mayúscula compulsividad) e inexistente antecedente de hiperactividad, tras asistir a un cursillo de las hoy prestigiosas "Neurociencias" ha caído desamparada en las fauces del "monstruo que diagnostica TDAH" y ahora ella sospecha compungida que pudiese tener una forma de inatención "ligada al estado de ánimo".

Este no es el monstruo que diagnostica TDAH.

Y aunque el caso de la colega se parece al de "El muchacho que no tenía TDAH del adulto" y a varios "Nuevos 'casos' de TDAH del adulto",  y no pretendemos en base a un enfoque idiográfico (centrado en la individualidad de un caso) desconocer la seguramente inabarcable información metaanalítica y nomotética (centrada en la generalidad de miles de casos), esta viñeta es un recordatorio de cómo estamos perdiendo una batalla más ante Big Pharma y la Psiquiatría Caribeñizada (dícese de la praxis psiquiátrica que se ejecuta pensando, antes que en el paciente, en el viaje al Caribe que obtendrás recetando pródigamente psicofármacos innecesarios y de marca). Afortunadamente nuestra dilecta colega sí ha logrado huir del "Monstruo que receta Strattera (R)" y del "Monstruo que receta  Concerta (R)" aunque todos ellos son uno solo y con muchas caras, como los monstruos más taimados y ladinos y que Borges hubiera recogido en su "Manual de Zoología Fantástica" (No le alcanzó el tiempo pero él sí avizoró, todo buen poeta es profeta, la barbaridad de la clasificación  DSM).

Atesoramos, en tal sentido, el comentario que un apreciado colega desde el otro lado del Atlántico dejó hace un tiempo en esta bitácora. Él decía:
"Este tema del TDAH es un problema grave. No es el hablar de los necios sino el silencio de los informados lo que traerá problemas a la salud pública en pocos años.
Cenando con un representante de ventas de un fármaco anti TDAH le comenté que era un "producto difícil de sacar" a lo que me respondió que ahora sí, pero que en 5 o 10 años sería muy diferente. Dijo que yo no había oído hablar del TDAH en adultos durante mi formación, pero que ahora los residentes lo oyen desde el primer año, y que ven que sus mayores lo recetan...
Hay una batalla y hemos perdido. Creo que ellos ya han ganado. No creo que exista el TDAH en el adulto pero creo que pronto habrá asociaciones de pacientes, en pocos años habrá incapacidades pagadas por el estado por TDAH y pronto problemas de efectos secundarios por uso indiscriminado de la medicación."

O como anotaba otro colega, sagaz e irónicamente: "TDAH en realidad debe significar Trastorno por Déficit de Atención Honrada (de parte del profesional médico o de ciencias de la salud)" y en muchas ocasiones, muchas, qué duda cabe que así es.

En nuestra premura por el etiquetaje (contra el que ya nos advertía un verdadero monstruo en el mejor sentido del témino: Kurt Schneider), hemos olvidado la diferenciación y discernimiento psicopatológico apropiados. Ya Honorio Delgado advertía: "La atención es una de las funciones psicológicas más discutidas, al extremo que hay autores que la consideran sólo concepto superfluo. (...) En teoría el análisis de sus actos ofrece grandes dificultades; de ahí que esté por profundizarse el estudio de sus fenómenos y su dinámica. (...) La atención se desvía de la normalidad por defecto y por exceso. En uno y otro caso es menester distinguir si lo afectado es el momento inicial, la constitución del acto intencional, o la continuidad del mismo. Si se trata de anormalidades por defecto debe determinarse qué es lo comprometido, y en qué medida: la amplitud, la claridad o la rapidez de aprehender." Y luego Honorio se detenía en el sopesamiento y discusión de las distintas variedades anunciadas.

Es penoso que a los psiquiatras nos falte a veces clamorosamente una perspectiva de la normalidad humana; en cuanto al tema que estamos tocando, pareciese que solamente concebimos la exigua dicotomía: "Atención - Déficit de atención", y frente a la persona que tenemos que atender todo se debiera limitar a encasillarla hueramente en semejante añagaza. Recuerdo que un viejo profesor preguntaba antes de empezar la consulta: "¿Bueno, vamos a VER o vamos a ATENDER pacientes?" Porque ante esto pareciese que el "déficit de atención" lo adoleciésemos realmente nosotros, los monstruos-etiquetadores-de-DSM-pero-que-nos-dejamos-comer-por-Big-Pharma.

No, no existe una sola inatención o una sola distraibilidad como no existe una sola estupidez. En cuanto a ésta, Honorio nos ilustra primorosamente y discrimina la oligofrenia, la falsa oligofrenia, la estupidez relativa, la estupidez afectiva, la estupidez emocional, el sentimiento de estupidez, la mengua de la fecundidad intelectual, y otros rubros, que enriquecen el panorama para la comprensión de este fenómeno tan humano. Porque si a veces todos podemos hallarnos distraídos y tantas veces es imprescindible distraerse, no podemos en cambio hacernos los distraídos con el etiquetaje superficial e intonso y con la Psiquiatría mercenaria que por doquier menudea: eso sería estúpido.

La expresión "como si oyera llover" alude a la indiferencia pero sería ocioso aquí clasificar la tipología de la indiferencia porque en temas como éste, la indiferencia es, por sus ominosas consecuencias, una sola. Qué distinto a la consideración sutil, discretamente amable de la lluvia de la que nos habla el poeta. Así dijimos a nuestra colega que se estaba etiquetando como distraída pero que en su avatar psicoterapéutico es sumamente observadora y detallista como pocas. ¿O es que hablar de la atención flotante, verbigracia, es ahora anacrónico y es mejor atender al cuadriculado y ramplón DSM solamente?


(*) Respecto a la imagen que encabeza esta entrada, advertimos: si no se oye llover, es que tal vez se está prestando demasiada atención.

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