domingo, 25 de octubre de 2009

El gay trinar y Nietzsche





¿Qué vale un libro que no sirve siquiera
para transportarnos más allá de todos los libros?
Nietzsche, en La Gaya Ciencia



Joan Miró, Mano agarrando a un ave, (1968).




SUSPIRO


Cogí aquella idea al vuelo y eché mano de las primeras palabras que se me ocurrieron para fijarla, temeroso de que se me volara otra vez. Y ahora la han matado aquellas palabras vanas, y cuelga flojamente de este guiñapo verbal, y apenas me doy cuenta de la alegría que sentí al coger aquel pájaro.


Recién he reencontrado un libro que tenía extraviado: La Gaya Ciencia de Friedrich Nietzsche. Escrito poco antes de Así habló Zarathustra, su título hace referencia a la gaya doctrina, esto es, el arte de versificar, el arte de la poesía. Y sin duda ésta es, de las obras del filósofo teutón, la más poética de todas. No deja de ser paradójico que la carátula del tomo de marras apele a iconografía de hard science para ilustrar el concepto -como si tratase de un manual de estequiometría-.



Es valioso saber que la palabra 'gay', tan poco empleada en su antigua acepción -el Diccionario de la Real Academia Española actualmente sólo reconoce significados vinculados a la homosexualidad-, parece derivar del provenzal antiguo 'gai' o 'guai', aunque comparte raíces en otras lenguas (francés: gai, español arcaico: gayo, portugués: gaio, italiano: gajo) y se postula entre otras teorías, su origen desde el vocablo latino 'gaudium': contento, gozo, alegría, placer de los sentidos.

Y el vocablo ciencia, en sus albores etimológicos, se refería a cualquier cuerpo organizado de conocimientos. Por ello era perfectamente lógico hablar de gaya ciencia o gay saber. En ese sentido, el mismo Niestzsche remarcaba el papel que la poesía había jugado en la invención del amor como pasión, como vital, gozosa afirmación de la existencia.

Aquí otro fragmento de Nietzsche. Seguramente valdría la pena intentar el rescate de esta olvidada rama de la 'ciencia':


LO QUE DEBEMOS APRENDER DE LOS ARTISTAS

¿De qué medios disponemos para conseguir que las cosas se vuelvan bellas, atractivas y apetecibles para nosotros cuando no lo son? -y yo creo que en sí mismas no lo son jamás-. En este punto los médicos pueden enseñarnos algo, como por ejemplo, cuando atenúan el amargor de sus drogas poniendo vino y azúcar, pero más todavía los artistas que continuamente están dedicados a este género de invenciones y habilidades. Alejarnos de las cosas hasta no verlas del todo, hasta el punto de que tengamos que poner mucho de nuestra parte para seguir viéndolas, o contemplar las cosas de perfil para no ver más que su contorno, o mirarlas a través de un cristal de color o iluminadas por la claridad del sol poniente, o prestarles una superficie o piel que no tenga transparencia completa, todo eso debemos aprender de los artistas, sin perjuicio de ser más cautos que ellos, pues en ellos esa fuerza sutil que les distingue acaba allí donde termina el arte y empieza la vida. Mas nosotros queremos ser los poetas de nuestra vida hasta en las cosas más menudas.


___________


NB: Solía ser incuestionable la enfermedad sifilítica del filósofo como causal de su locura y muerte, pero nuevas investigaciones en base a discordancias clínicas que ya existían en la época del fallecimiento de Nietzsche, hoy propugnan diagnósticos distintos como los de etiología tumoral, causalidad congénita como la arteriopatía cerebral autosómica dominante con leucoencefalopatía e infartos subcorticales o una probable demencia frontotemporal.


Caricatura de Nietzsche

2 comentarios:

Karen Morrison dijo...

Me encanta lo que dice Nieztche de los artistas. A lo mejor porque postulo a serlo, pero recién me sitúo en el primer peldaño.
Yo por ejemplo, siento muchas veces que soy demasiado ambigua. Ahora ando con mis ganas de odiar a los mortales, ganas de estar sola, y sin embargo cuando eso se cumple en su mayoría, necesito todo lo contrario jajaa. Cosas de cada persona, supongo.
Por lo que veo no descansas. Buena entrada.
hasta mañana!
K.M.

Tony Chávez Uceda dijo...

Acabo de leer este fantástico tratado filosófico, y me han fascinado tantas cosas en él. Me encanta la forma de tratar los temas del amor y la mujer, desde un punto de vista menos nihilista que Pitigrilli, quien de paso, se confesó seguidor de Nietzsche. Pero sus críticas al cristianismo son tan poderosas y pronfundas, como esta belleza:

141. Demasiado oriental. ¿Cómo? ¡Un dios que sólo ama a los hombres sólo si creen en
él, y que lanza miradas y amenazas espantosas contra quien no cree en ese amor! ¿Cómo? ¡Un amor contractual sentido por un dios todopoderoso! ¡Un amor que ni siquiera ha sido capaz de superar el sentimiento del honor ni el espíritu irascible de vengarse! ¡Qué oriental es todo esto! La frase: "qué te importa que te ame" sería ya una crítica suficiente a todo el cristianismo.

Nietzsche es un verdadero maestro!!