
El síndrome de Burn-out es definido como una experiencia de agotamiento físico, mental y afectivo, causado por el involucramiento a largo plazo en situaciones que que son emocionalmente demandantes. Fue descrito por primera vez por Freudenberger en 1974 y afecta sobre todo a trabajadores abocados a los vínculos interpersonales o de alta competencia (médicos, enfermeras, profesores, policías, deportistas, etc.) En palabras del propio Freudenberger, este síndrome consistiría en la extinción de la motivación o del impulso personal, especialmente cuando la devoción individual por una causa fracasa continuamente en producir los resultados deseados.

Se han descrito como síntomas del síndrome de Burn-out: fatigabilidad fácil, cansancio prevalente, sentimientos de desesperanza, desencanto, frustración, disminución de la calidez y resonancia afectiva, pensamientos de minusvalía e ineficiencia profesional, y por otro lado, desarrollo de actitudes cínicas, negativas, indiferentes o impersonales hacia los pacientes, los que son tratados como "objetos". Se han desarrollado instrumentos diversos para mensurar este síndrome, uno de los tests más usados para tal fin es el Inventario de Maslach.
El Burn-out es una etapa avanzada del estrés profesional y tiene que ver fundamentalmente con la desmesura entre lo que esperamos y lo que obtenemos, sobre todo si el curso de nuestra expectativa acaba siendo pobre o hasta infausto. Como decía Marañón: "Nadie que se enfrenta a un ser que acaba de morir y tiene corazón, puede dejar de sentir."
¿Recuerdan el Cecil? Ese clásico de la medicina interna. Tal vez no todos sus usuarios se fijaron en las palabras iniciales del pórtico -que eran a la vez una bienvenida y una advertencia-: "Nuestra profesión es una verdadera vocación en la cual los miembros no pueden separar su profesión de su vida. "

Una de las especialidades médicas más expuestas al desarrollo de este síndrome sin duda es la psiquiatría. Por el estigma, por los llamados "pacientes difíciles", por las peculiaridades de las patologías que aborda, por las características inherentes de quienes solemos escoger esta carrera, por las reacciones internas que nos abruman eventualmente. Un reflejo de todo esto se grafica en ese chiste cruel que no me canso de repetir y del que sólo conocía los tres primeros párrafos:
"¿El médico internista? Sabe mucho pero hace poco...""¿El cirujano? Sabe poco pero hace mucho...""¿El patólogo? Lo sabe todo pero ya es demasiado tarde..."
Yo no sabía que había un párrafo destinado al psiquiatra. Un colega me lo refirió:
"¿El psiquiatra? El psiquiatra no sabe nada y no hace nada..."
¿Ven? Por suerte hay factores que pueden protegernos o asegurarnos. A fin de cuentas, como decía Nietzsche: "Todo aquel que tiene un porqué vivir, siempre encuentra un cómo."

ENLACE:
- Kumar S. Burnout in psychiatrists. World Psychiatry 2007; 6: 186-189.
(Fotografías: Algunos miembros del Cuerpo Médico del manicomio donde laboro -se ha protegido convenientemente su identidad-.)






