domingo, 6 de diciembre de 2009

Las ideas sobrevaloradas


Francis Bacon, Head VI, (1949).


Las ideas sobrevaloradas, como concepto psicopatológico, han sido largamente desatendidas en la investigación ad hoc. En el índex de la monumental History of mental symptoms de Berríos el tópico es inubicable, verbigracia. En el pedestre mundo de la práctica diaria suele asumirse escuetamente a las ideas sobrevaloradas como cierta especie de subdelusiones, de vicedelirios, donde una mera diferencia cuantitativa de insight haría patente tal sutileza. Así lo procura la mendicante definición del DSM-IV respecto a idea sobrevalorada: 'creencia persistente y no razonable que se mantiene con menos intensidad que la idea delirante'.

El término idea sobrevalorada fue aportado por Karl Wernicke (1848-1904), prematuramente desaparecido neuropatólogo y psiquiatra alemán, quien definió a la idea sobrevalorada con mayores dimensiones que la estrictamente acendrada en la conviccionalidad. Para Wernicke, las ideas sobrevaloradas se diferenciaban nítidamente por cuanto no eran consideradas por el enfermo como ideas intrusas o extrañas en la conciencia (tal las obsesiones), por el contrario, los enfermos veían en ellas la expresión de su ser más íntimo y al luchar por ellas emprendían en realidad una lucha por su propia personalidad, tal era la identificación asumida, (aunque a veces los enfermos se quejasen de que no podían pensar en otra cosa). Wernicke igualmente destacaba la intensa participación afectiva inalienable del vigor de la idea sobrevalorada.

Jaspers rescataba que estas conviciones, además de hallarse teñidas profundamente por el estado afectivo, resultaban comprensibles como desarrollo en el marco de la personalidad y la historia del paciente. De hecho, las adjudicaba predominantemente a ciertas personalidades anormales y las comparaba por analogía con las convicciones políticas, éticas o religiosas apasionadas.

Bash dedicó más espacio a las ideas sobrevaloradas en su Lerbuch der Psychopathologie: afirmaba que las ideas sobrevaloradas no constituyen en sí nada patológico y en sus formas más atenuadas podrían darse en casi todas las personas. Serían su intensificación y predominio los causantes de graves choques con el medio ambiente, tornándose entonces patológicas. Bash descarta la incorregibilidad como elemento angular para diferenciar idea sobrevalorada del delirio, pues aunque la primera podía ser esencialmente corregible, en muchas ocasiones no era tal. Por cercanía cuantitativa en la parte baja del espectro se adosaban tal vez a las ideas catatímicas que describía Weitbrecht, como las propias por ejemplo de depresiones neuróticas, afloradas desde 'complejos', como las ideas de baja autoestima y otras.

Kretschmer en su Medizinische Psychologie ilustró más el concepto de idea sobrevalorada con ejemplos a propósito: 'Alguien ha perdido un litigio y cree haber sido víctima de una injusticia: hace de este percance el centro de todas sus preocupaciones psíquicas día a día, durante años enteros, apela a las instancias superiores, ciego y sordo para cuanto no se relacione con su importante asunto...' Aquí distinguía sagazmente la idea sobrevalorada del complejo por cuanto éste sería un centro energético secundario e independiente, un cuerpo extraño, solicitante de aislamiento por su hipersensibilidad al contacto; mientras que aquélla era centro único y principal, no disociado sino amalgamado con la personalidad, que se acomoda a la exageración y le suministra de buen grado toda la energía psíquica de que dispone y la convierte en su núcleo y remate.



F.Bacon, Head surrounded by sides of beef, 1954.



Acotaba magistralmente Kretschmer que las ideas sobrevaloradas constituyen uno de los principales resortes de la actividad humana pues concentraban a la máxima fuerza en un punto mínimo: 'hacen lo mismo que el polo de un imán con las limaduras de hierro: todo se dispone a su alrededor, orientado en su dirección... En resumen, la exageración afectiva de las ideas reduce el campo visual psíquico.'

Así las captó sintéticamente Honorio Delgado cuando las caracterizó como: 'Pasiones al servicio de ideas directivas, lógicas o ilógicas por sí mismas'.

Fish acotó, por su parte, que era más propio de las ideas sobrevaloradas (y también de las ideas deliroides -también llamadas delusiones secundarias-) el acarrear su puesta en práctica denodada y repetidamente, a diferencia de las delusiones o delirios verdaderos, que solían emerger de personalidades ya desintegradas por la patología y usualmente no se traducían en actos efectivos.

Una clásica revisión de PJ McKenna sobre trastornos con sintomatología de ideación sobrevalorada (Brit J Psychiatry 1984; 145: 579-585), rescataba entre los cuadros más frecuentes el estado paranoide querellante (querulous paranoid state) cuya descripción clásica dio Kraepelin, enumeraba también una variedad de celotipia mórbida, la hipocondriasis, la dismorfofobia y la anorexia nerviosa. McKenna advierte con perspicacia que las ideas sobrevaloradas como síntoma psicopatológico desafían las divisiones usuales de la nosología psiquiátrica.

En una revisión más amplia y reciente, D Veale hace un amplio análisis conceptual de las ideas sobrevaloradas (Behav Res Ther 2002; 40: 383-400). Aparte del deslinde fino con otros fenómenos psicopatológicos, Veale desbroza la esencia multidimensional de la idea sobrevalorada a partir del distingo entre creencias y valores, adscribiendo el tópico en mención a una evaluación desmesurada que prohija una creencia y se identifica visceral y rígidamente con el yo.

Ciertamente es lícito como siempre interrogarse dónde se hallan los hitos -y quiénes los han colocado y cómo- entre la idea sobrevalorada y una idea normalmente 'valorada' . Ahí está el quid del asunto. Hoy surgen y resurgen desde diversos bandos fanatismos de toda laya. Pero la frase final del texto de McKenna advierte sin aspavientos: 'The overvalued idea may thus be only the pathological expression of a pattern of behaviour of which we are all capable."

Retrato y rúbrica de Karl Wernicke.

2 comentarios:

Jesús Castro Rodríguez dijo...

A mi me da la impresión, y disculpe la osadia, de que el criterio de idea sobrevalorada, de "disparate" es a toro pasado, es decir, dependiendo de si al final del día, el individuo sobrevalorador acaba teniendo razón o no.
Si no hubieran habido individuos que basaron su vida en demostrar una idea, que redujeron su campo psiquico a esa idea, lucharon por mantenerla, ¿hubieran habido los mismos avances en todos los campos, que si nunca hubieran existido?.
Se me ocurre empezar por Copérnico o Galileo.....Pero claro, aquí diremos que las ideas tenian tal o cual caracteristica que no la hacían merecedoras de aplicar la etiqueta.
Incluso hay locos que han llegado, en su delirio a morir por una idea que luego se demostró acertada.....
Saludos.

Lizardo Cruzado. dijo...

Ninguna osadía, Jesús, que así mismo lo señalan varios de los autores citados y precisamente allí está el toque: en resaltar un fenómeno variopinto, multifacético y que desborda algunas clasificaciones al uso. Aquí el énfasis no es primariamente en lo correcto o incorrecto, lo verdadero o falso como en las delusiones (delirios) sino en el vigor de la valoración adjudicada. Sin duda existen ideas 'sobrevaloradas' en individuos que no son 'enfermos'. Aquí el criterio de normalidad aplicable no es el estadístico sino el teleológico. Como siempre, gracias por su comentario.