jueves, 16 de septiembre de 2010

La ansiedad y el perro que ladra pero no muerde






Recién leíamos en World of Psychology una entrada titulada What NOT to Say to Someone With Panic Disorder (que traducimos como 'Lo que no hay que decir a alguien con crisis de pánico' aunque literalmente no se alude a la crisis de pánico sino en general al trastorno de pánico). Y es que sin duda, durante la crisis misma de pánico, sobre todo si ésta se suscita en la primera consulta, no será muy sencillo iniciar un abordaje psicoterapéutico sino probablemente en las posteriores.

Todos sabemos que la crisis de pánico es un paroxismo de miedo intenso que alcanza ribetes de certeza respecto a inminente muerte, con un aterrador correlato de taquicardias, sudores, tremores, urgencias miccionales, hormigueos, mareos y otras pavorosas señales que convencen al desafortunado que la sufre de que el infarto, el derrame o la rotura aneurismática -o algo tal vez más temido, la inevitable pérdida de la razón- están ya aquí, antes de voltear la esquina, aquí mismo.

Por supuesto, las sensaciones experimentadas son reales y no imaginarias, pero el pensamiento que las interpreta como indicadores de muerte hacen que la ansiedad llegue a extremos cataclísmicos y engendre más y más ansiedad en un penoso e inescapable círculo. Al final, el asunto no va más allá: más miedo y más miedo y más miedo, pero nada más que miedo y solamente miedo.   (Hasta podría ensayarse un retorcido juramento luego en la terapia: sentir el miedo, nada más que miedo y solamente el miedo, no las temidas contrapartes 'somáticas' tan catastróficas, pero ya estamos dando un salto antes de tiempo).

Lamentablemente estas personas y sus molestias son frecuentemente mal diagnosticadas y mal tratadas en diversos servicios de salud. Desde el desconsolador e injusto "Ud. no tiene nada", enunciado tras una rápida evaluación electrocardiográfica por un joven médico que tiene que ver para creer, hasta las inacabables peregrinaciones por especialistas de diversa laya, cada quién más afanoso de pedir estériles exámenes auxiliares pues también comulgan con el ver para creer: como consecuencia el paciente, quien empezó solamente ansioso, acabará probablemente hipocondriaco, deprimido, agorafóbico, cuántas cosas quizás, pero sí ineludiblemente frustrado y confundido.

Sin afán de hacer psicoterapias a base de tips, quiero evocar una metáfora que leímos en un libro cuyo título se nos escapa, pero que era de notable factura. Aquí hela: "La ansiedad es como el perro que ladra pero no muerde". Vamos, como aquel perrillo bullanguero que nos sale al encuentro tras cualquier verja y ladra y ladra cual fiero mastín: si uno huye amedrentado, el perrillo nos perseguirá más, envalentonado y amenazante; pero si le damos altanera frente, huirá medroso y apocado -fin del perrillo-.

La metáfora, por su carga descriptiva y raigambre en la experiencia cotidiana, suele ser bien acogida por los ansiosos sufrientes pues seguramente les provee de un sentido estructurado a su experiencia desopilante (ya luego, si uno se permite engreimientos, meterá a la serotonina en el cuento, pero ello es del todo prescindible).

En términos psicológicos obvios: la evitación aumenta el miedo; afrontar el miedo -aunque pueda sonar arduo- es lo necesario. El evitar al estímulo generador de miedo simplemente agigantará al miedo; darle cara, en cambio, lo menoscabará. Ni más ni menos.

Como una anécdota que debe referirse, señalamos la existencia de una errata que se deslizó en el libro citado: era la sugerencia del corrector al autor para que analice la pertinencia estilística de incluir la metáfora refranesca que aludimos, aquella que compara a la ansiedad con el perro que ladra pero no muerde. Imagínense. (Por ventura ¿desmerece a un texto médico tal licencia o siempre es más elegante apelar a serotoninas y lactatos cuando se habla de pánico?)

No podemos culminar sino apelando al buen decir que consigue a su vez un buen entender, imprescindible en asuntos como estos de salud y enfermedad. Desde esta discretísima entrada, vaya un saludo de homenaje al magisterio de Don Arturo Goicoechea, neurólogo de polendas cuyas entradas, dada la diferencia horaria que media de Sudamérica a España, nos anuncian la alborada literal y metafórica, pues más claro y luminoso no puede ser él cuando desmitifica esotro cuco somático que en todas partes campea amedrentador: la migraña.




ENLACE:


- El blog del Dr. D. Arturo Goicoechea.


12 comentarios:

José Manuel Brea dijo...

Ese “ver para creer”, o el aferrarse a la idea de que “si no lo veo no lo creo”, ha convertido de algún modo a los modernos terapeutas en profesionales de poca fe, fríos y carentes de empatía, arrastrados por el cientifismo totalizador de la Medicina Basada en la Evidencia. Y como bien dices, amigo Lizardo, capaces de convertir a un ansioso en un somatizador, eludiendo el principio de no maleficencia. En fin… Nada más que añadir a esta entrada metafóricamente correcta.
Un saludo afectuoso.

Anónimo dijo...

Muy típico de los doctores al decir: "Ud. no tiene nada". Es, paradójicamente, lo peor que uno escucha del doctor, sabiendo que las manifestaciones que uno percibe en su organismo son reales y sientes que algo te está 'matando' poco a poco, pero ya no tienes las ganas, menos la confianza, de acudir a otro doctor.

Mi ex doctor me dijo que era ansioso depresivo (hace más de un año), me recetó un medicamento que no pude encontrar en ninguna farmacia, entonces me rendí y no tomé ningún medicamento al respecto. Asumo que después de este tiempo, mi ansiedad y depresividad ha aumentado.

Saludos, desde algún punto del planeta, Dr. Cruzado

Karen Morrison dijo...

Lizardo,

y ¿cómo enfrentarlo? ¿qué hacer en el momento? la sensación es terrible y no la quita nadie...

Un abrazo

K-M-

Lizardo Cruzado dijo...

Esto del 'ver para creer' en la profesión médica da para varias entradas aparte pues nos hace confundir objetividad con proscripción de subjetividad, lo cual es imposible en nuestra labor.
Gracias por tu lúcido comantario, amigo José Manuel, y un cálido saludo.

Lizardo Cruzado dijo...

Sin duda es descorazonador, injusto e incorrecto ese estribillo malhadado de 'Ud. no tiene nada'. A veces dieran ganas de replicar de la misma forma al médico: 'Ud. tampoco tiene nada -de empatía, de sensibilidad, de compasión-.'
Desconcertante la inusual e inhallable prescripción comentada. Afortunadamente el no recibir medicación no es sinónimo absoluto de empeoramiento pero hay que estar pendiente de cómo va el problema de marras.
Un cordial saludo, amigo, en algún punto del planeta.

Lizardo Cruzado dijo...

Sin duda es una experiencia muy desagradable la crisis de pánico, Karen, aquí lo que se reseña en uno de los enlaces incluidos al respecto:

"-Recuerda que aunque tus sentimientos son muy atemorizadores, no son peligrosos ni dañinos.
-Comprende que lo que estás experimentando es sólo una exageración de tus reacciones corporales normales ante el estrés.
-No luches contra tus sentimientos ni intentes alejarlos, cuanto menos te enfrentes a ellos menos intensos serán.
-No aumentes tu pánico pensando qué podría pasar. Si te encuentras preguntándote ¿qué pasaría si?, contéstate ¡bueno, ya está, sólo es esto!.
-Permanece en el presente. Date cuenta de lo que realmente te está pasando y oponlo a lo que piensas que podría pasar.
-Gradúa tu nivel de miedo desde 0 a 10 y mira si sube o baja. Verás que no permanece en altos niveles por más de unos segundos.
-Cuando te encuentres pensando qué te va a pasar cambia tu pensamiento y lleva a cabo alguna tarea como contar hacia atrás desde 100 de 3 en 3.
-Sé consciente de que cuando tú paras de añadir sentimientos de temor a tu situación, tu miedo comienza a ceder.
-Cuando el pánico llega, acéptalo. Espera y dale tiempo a que pase sin salir corriendo.
-Siéntete orgulloso de ti mismo por tus progresos y piensa lo bien que vas a sentirte cuando lo superes esta vez."


Un cariñoso saludo.

pacoreina103@hotmail.com dijo...

Me encanta su blog. He sufrido ansiedad y pánico en periodos de mi vida pasada (y sigo padeciendo algo similar cuando tengo que actuar en público) y estoy totalmente de acuerdo con sus análisis.
Felicidades por el blog

BLUEEVANGELION dijo...

Mi ex sufria de ataques de panico..siempre trate de cuidar de él, de apoyarlo, jamas me importó no tener la vida social de otras parejas,para mi lo importante era estar con el..pero cuando yo tuve mis crisis y me diagnoticaron TLP me lanzo una patada en el trasero y me dejo despues de mi intenbto de suicidio...¿dicen algo los estudios que los que sufren esto se vuelven unos miserables egoistas tambien?

Anónimo dijo...

Bueno pero también en ciertos casos, ese "ver para creer" para efectos de ciertos exámenes se podría convertir en el "ver para descartar", como el caso de un hombre diagnosticado como bipolar, cuyos síntomas en realidad obedecían a una deficiencia de irrigación cerebral.

Anónimo dijo...

También fui a parar al hospital en tres ocasiones, la actitud de los médicos de guardia fue displiscente, como que mi caso era nada y les interrumpíera su juego de cartas o como que estuvieran a la espera de casos más espectaculares que "simples" ataques de pánico. El último médico me prescribió alprazolam que no tomé, porque luego de ese ataque entendí que no me iba a pasar nada y que algo muy útil en mi caso, frente a la amenaza de un inminente ataque, es relajar la nuca y tratar de no hiperventilar. Sin embargo en casos de otras personas, la presión arterial y pulsaciones sube a niveles peligrosos (210/120) y en esos casos la pregunta, ¿realmente son tan inofensivos los ataques de pánico? Gracias.

Lizardo Cruzado dijo...

Estimado amigo anónimo:
Disculpa por el retraso en contestarte. Desde luego que ante el inicio de un cuadro de pánico, se impone una evaluación clínica integral y la solicitud de los exámenes pertinentes. Pero cuando ya se ha establecido con certeza dicho diagnóstico, hay que ser muy juicioso respecto a la proliferación de otros análisis y pruebas complementarias que no sean realmente contributorios sino, más bien, deletéreos.

Lizardo Cruzado dijo...

Estimado amigo anónimo:
Una crisis de pánico en un individuo sin comorbilidad y físicamente saludable, es en el común de los casos, carente de consecuencias penosas. Y la mayoría de trastornos de pánico se presenta en individuos así, jóvenes y físicamente saludables. Por supuesto, de no ser tal la situación, debe evaluarse de modo prudente y completo al caso y al paciente y tomar todas las precauciones que sean necesarias. Muy atinada tu observación. Gracias nuevamente.