martes, 11 de febrero de 2014

No tema por Ud., Doctor, es una entrevista psiquiátrica solamente...






"El estudiante no debe tratar de imitar la imagen de Freud con un traje de doble pechera. Si el paciente dice un chiste y éste es bueno, ría con él. Si el paciente quiere saber algo acerca de Ud., de dónde proviene, si es casado y tiene hijos, respóndale. Es un  mito desdichado que las relaciones entre médico y paciente deben ser únicamente unilaterales, y que el paciente debe decirlo todo, y el médico nada. De manera no preocupada, y respetando siempre la dignidad del paciente, debe sentirse Ud. libre de decir quién es, tanto en los hechos que ponga de manifiesto como en la actitud que comunique.  Hay veces en que es apropiado -de hecho indicado- tocar al paciente en la mano o el hombro. Esto se percibirá como un acto "de falsedad" si Ud. es naturalmente reservado, por lo que quizá no deba efectuarlo; si este es el caso, no fuerce las cosas, pero nunca debe temer abrirse y ser humano. El contacto físico es un "fármaco" potente que, como cualquier otro, puede tener efectos colaterales de primer orden. Se requiere experiencia para saber cuándo tocar al paciente y cuándo no. Aún así, se ha escrito mucho sobre el psiquiatra como témpano de hielo: silencioso, frío, inflexible. Se sabe también que al paciente se le puede "tocar" de muchas maneras. La expresión comprensiva o el aspecto sincero de preocupación en su rostro pueden tocarlo a menudo con mayor profundidad que la mano de Ud.  sobre su hombro. Sea Ud. mismo. Cuando se comunique, ya sea mediante palabras o movimientos de las manos, déjese guiar por su respuesta a la pregunta; "¿Estoy haciendo esto por mi paciente?"


Goldman HH. Psiquiatría general. 
México: Manual Moderno: 2001. p. 151. 



El Goldman  fue uno de mis primeros -hoy viejos- libros de psiquiatría al principiar la residencia psiquiátrica. No recuerdo luego que nunca ninguno de mis maestros me haya enseñado esto aparentemente tan sencillo, aparentemente tan justo. Y es irónico lo muertos de miedo que vamos tantas veces a la entrevista psiquiátrica los propios psiquiatras, con nuestra ridícula pedantería destinada a esconder nuestra ignorancia, con nuestra irrisoria arrogancia que impide el encuentro real y auténtico de dos seres humanos -mientras nos apresuramos a escribir una receta llena de psicofármacos-.







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