lunes, 8 de noviembre de 2010

¡MOFFATT!







Un personaje trepidante, tumultuoso, polifacético y fascinante es el argentino Alfredo Moffatt. Resulta escueta la descripción suya que aparece en Wikipedia: "Alfredo Carlos Moffatt (1934) es un psicólogo social, psicodramatista y arquitecto argentino. Su carrera se caracteriza por distintos aportes en el ámbito comunitario y por el desarrollo de innovadoras terapias populares. Su psicoterapia, notoriamente vinculada con la filosofía existencial, presupone que la identidad se ve determinada por los proyectos que dan sentido a nuestra vida. De ese modo, cada uno se define por la relación con aquellos otros con quienes construimos un camino en el tiempo."

De hecho, Alfredo Moffat es el abuelo de la conocida Radio La Colifata , iniciativa que surgió de la Peña Carlos Gardel (luego llamada Cooperanza) en el seno del antiguo Hospital Psiquiátrico Borda de Buenos Aires; así es contado en palabras del propio Moffatt:

"La Comunidad empezó a funcionar el 11 de diciembre de 1971. La reunión principal se realizaba todos los sábados desde aproximadamente las 15 hs. hasta las 20 hs. (cinco horas) y participaban alrededor de 100 personas (incluyendo unos 20 compañeros de afuera). La estructura comunitaria estaba determinada por una integración de modelos comunitarios populares; una especie de síntesis de baile campero con guitarra y canto, con asado, con organización de sociedad de fomento (comisión directiva), con simultaneidad de actividades de cafetín porteño y algo de romería con teatro, con fogones de "materos” y costumbres de pulpería (las peleas). Pero fundamentalmente hubo un sentimiento de hermandad y de compromiso afectivo ’a muerte” de cada uno con la comunidad, con la ”peña”, que ya tiene una existencia mítica independiente de cada uno de nosotros. Entre los compañeros internados (y también entre los de afuera) es un símbolo y una esperanza de que el mundo pueda cambiar y volverse un poco menos injusto, menos individualista y menos ”paranoico”. Para nosotros la experiencia tiene otro nivel más también, y es que no sólo resolvemos el problema para 300 o 400 compañeros internados, sino que es fundamentalmente, un área de demostración de que es posible el cambio, que un nuevo planteo desde la cultura popular cree una alternatíva nueva respecto a la locura. Desenmascara el sometimiento como falso criterio de salud mental y propone otros criterios de cordura para el pueblo; la cordura de asumir su identidad cultural y personal."



Peña Carlos Gardel

Para Moffatt, el tema de la identidad es fundamental. Y la emoción social y la perspectiva social también. Expresándose de manera más o menos metafórica lo da a entender así:

"Tal como a la pobreza (o a la riqueza) también a la locura es necesario redistribuirla. Los chivos emisarios no necesitarian existir si cada uno de nosotros asumiera su parte de locura, su delirio chico o grande. También se puede ver el problema a la inversa, es decir, lo que perdemos al reprimir todo pensamiento no racional con un pensamiento estereotipado, renunciamos tanto a la locura desintegradora como también a la imaginación creadora. Defendiendo una redistribución y elaboración de los contenidos irracionales también estamos defendiendo nuestro derecho a la creación, a la imaginación y a conocernos nosotros mismos, hacia adentro, hacia nuestro inconciente."




Por supuesto, el trabajo de Moffatt no pudo circunscribirse al espacio intramural (que era con pacientes generalmente psicóticos) y pronto desarrolló El Bancadero, una 'mutual' de ayuda psicológica autogestionaria en un suburbio de Buenos Aires. (En la jerga lunfarda, 'bancar' es aguantar, soportar la adversidad):

"Lo lógico, si uno quería poner un Centro de Salud Mental, hubiera sido tener personal, un edificio adecuado, una habilitación y dinero, pero no había nada de eso. El personal era gente que yo había preparado en un curso seis meses de Auxilio en Crisis, y menos podíamos pedir habilitación de Salud Pública, ni nada. Aparentemente, la intención de hacer un Centro de Salud Mental en esas condiciones era disparatada. Pero se ve que la dirección era correcta, porque la gente se enganchó. Tuve dos ayudas importantes: una era cierta casa, que destruida, podrida y todo, era hermosa, y la otra fue que, por esos días, salió un artículo de María Esther Giglio, que había sido paciente mía, titulado "Curaos los unos a los otros", a dos páginas, en Clarín, donde hablaba del Bancadero. Ese artículo salió un domingo, y como consecuencia, el lunes a la mañana, había más de cuarenta personas afuera, esperando para entrar. Nos miramos desesperados, preguntándonos que íbamos a hacer, y por fin los hicimos pasar, y en las piezas de adelante (las barrimos un poco primero) nos sentamos todos en el suelo, e hicimos una reunión. Inmediatamente organizamos equipos, que no quise llamar terapéuticos, sino de asistencia. Y en vez de "terapeuta" y "paciente" ( que corresponde a un modelo clínico), decíamos "asistente" y "asistido", que corresponde a un modelo más comprometido, más vivencial. Como “a grandes males, grandes remedios”, solucionamos esto transformando a los pacientes en “albañiles”, a través de técnicas de trabajo terapéutico (que habíamos ya desarrollado con éxito en el Hospital Borda). La jornada se dividía en dos horas arreglando la habitación que ese grupo terapéutico iba a utilizar, y una última hora en la que se elaboraban las ansiedades y logros que había generado la tarea. Cuando el grupo terminaba la habitación, se hacía un festejo. Vimos que la reparación física del hábitat servía para simbolizar la reparación subjetiva de los síntomas de impotencia, soledad, y paralización que son la base de un padecimiento psicológico."

"Si hubieran venido los de Salud Pública, yo había preparado decirles que era una casa que yo había alquilado y que todos los que iban eran amigos míos (eran como trescientos) que venían y con los que conversábamos de temas de la infancia. Les iba a ofrecer que revisaran bien para ver que no había ni divanes ni electroshock. Nada que ver con psicoterapia oficial. ( Pero, en 23 años no vinieron nunca…)"

Sigue recordando el mismo Moffatt:

"En el Banca, se trabajaba con toda seriedad. Lo que pasa es que a la psicología oficial, evidentemente, esto le daba una patada en el hígado. Nosotros no respetábamos todo ese ritual almidonado, de pobreza operativa en las crisis, ese mundo del encuadre ritualizado. Por supuesto que yo, por años, fui considerado por los psiquiatras y psicoanalistas oficiales, como el improvisado, el intruso en el sagrado mundo psi. Ultimamente ( tardaron más de 20 años) el ambiente me reconoce más que todo porque la realidad viene para el lado donde yo estuve siempre trabajando, la marginación, la violencia y la crisis."


"La terapia en el Bancadero estaba atravesada por el humor, el arte, la trasgresión, la informalidad. En el Banca, nosotros también parecíamos informales, pero se laburaba muy estrictamente, con encuadres, con supervisiones, reuniones de área (psicología, laborterapia, arteterapia, etc.) Fue una época de efervescencia comunitaria, muy romántica, muy trasgresora, jodona. La experiencia del Bancadero fue bastante compleja, se atendieron muchísimos pacientes, y, además, se puede decir que nunca hubo una politización. Tampoco hubo un laissez faire de la joda, de la irresponsabilidad, porque una cosa es la trasgresión y otra no cuidar el encuadre terapéutico. El Bancadero fue una aventura humana en la que participó mucha gente que pudo armar aquello que llamábamos “un espacio solidario para compartir la angustia”.



Asistentes de El Bancadero.


Y otra de las iniciativas de Moffatt, donde el ámbito de labor de salud mental se engarza con las organizaciones comunitarias a plenitud es la denominada 'Las Oyitas'.


Fundando Las Oyitas.


Imposible es compendiar toda la amplia y diversa labor de Alfredo Moffatt en una entrada. Visitar su página electrónica es una experiencia desbordante de estímulos, de desafíos, de acicates. Sus libros son de acceso gratuito, sus fotografías son cuantiosas, su labor inagotable. Como él mismo lo dice: debemos ir de lo solitario a lo solidario. Moffatt puede ser estrambótico, inelegante, aparatoso, que más da, pero necesitamos muchos como él, (y aquí en el Perú siquiera uno). Aquí unos escuetos fragmentos de sus escritos (pero queda pendiente revisar  su página toda):


"Nuestra querida locura

Ese loco interno, que nos tienta con los suicidios, las perversiones, las paranoias es, a veces, el que organiza el sentido profundo, a veces confuso, a veces trágico, de nuestra existencia, que contiene el absurdo de la muerte y los absurdos del mundo . En general, el psiquiatra sólo percibe los síntomas y los extirpa con exceso de medicación. Aquí está el peligro de que también se extirpe el sentido de esa historia, porque la locura más íntima está en el centro de la identidad. Es como tirar el agua del baño con el niño adentro. "

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"Lo difícil de explicar es la razón, no la locura, porque la razón es más complicada y nos llevó miles de años construirla."
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"Los psiconautas

Organizar un taller del tiempo para explorar el pasado y el futuro de cada uno, algo así como un Club de Psiconautas. Hay dos maneras fundamentales de sostener la historicidad, de generarla. Una es sólo de sostén, son las secuencias que nos entretienen: el fútbol, las telenovelas, los hábitos, las ceremonias cotidianas. Hay otras que son los modelos de integración, que es lo que nos permite elaborar, como podría ser, tal vez, una buena película de Bergman, que nos permiten entender algo de las transformaciones de la vida y son elaborativas, es decir que realizan una tarea, no la tapan. Por lo tanto, en algún momento la terminan y no es necesario más dosis. En cambio, las de sostén son como prótesis de la continuidad de la conciencia pero, como son evitativas, son adictivas; es decir que si suspenden, aparece lo tapado. Hay que repetir la dosis siempre.

De todas maneras las que son integrativas y van al fondo del tema, hacen aparecer el vacío. El gran agujero de la vida, y la tarea es aceptar razonablemente el sinsentido final de la existencia. Razonablemente, digo, porque no es posible aceptarlo totalmente, ya que enloquece. Es el tema de la muerte: sólo saber que está ahí ... y nos espera... Ese es el gran agujero."

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"...una psicoterapia para la liberación, para que redistribuya la locura como también se debe redistribuir la riqueza."

"Una psicoterapia descolonizada que elabore sus modelos teóricos resolviendo la problemática real y concreta del país y no importe con sumiso respeto los modelos de pensamiento que resuelven y se adaptan a lejanos problemas sociales europeos. Acá aclaramos que no proponemos pelear con arcos y flechas, pues nos parece muy eficiente el “armamento” científico europeo- norteamericano (tan eficiente que con él nos sometieron); todo lo contrario, debemos aprender a usarlo bien, sólo que desde la perspectiva opuesta, esto es desde y con el pueblo."

"Para esto es necesaria la inversión de la relación teoría- práctica, pues consideramos que solo luego de una praxis es posible establecer una teoría. Si, por ejemplo, las teorías sobre el Complejo de Edipo de Freud explican las relaciones familiares en la Villa Miseria, la usaremos y si, por el contrario, comprobamos que la estructura matriarcal lo vuelve inútil buscaremos otra. Esta inversión del orden entre la teoría y práctica va a impedir la principal patología de nuestros grupos intelectuales, que es la teorización sobre la teoría, lo cual crea un mundo cerrado sobre sí mismo y donde nada puede ser realmente demostrado ni negado pues todo llega a ser un enorme bosque de palabras que impide ver la realidad concreta que lo rodea. Con la teoría puede pasar lo que con los muebles viejos: se acumulan tanto que no nos permiten mover en el cuarto. Y la solución pensamos que es la misma: quedarse con lo necesario y tirar el resto. O también puede suceder (y de hecho así ocurre muchas veces) que se afila tanto el cuchillo que se gasta sin haberlo usado nunca”.

"Pensamos que la finalidad de esta modalidad de súper elaboración conceptual que reina en nuestros medios profesionales, es desarrollar un mecanismo de evasión respecto a una realidad social rechazada y temida (valga como ejemplo los infinitos Seminarios lacanianos, althuserianos, etc. sobre Freud y Marx). Son palabras que explican a palabras y en ninguno de los análisis está contenida nuestra realidad concreta. Pero lo más triste y aburrido de este juego es que siempre somos espectadores, serviles alumnos de estrellas lejanas y nunca protagonistas y creadores de nuestros modelos de interpretación de la realidad. Este juego, aparentemente frívolo, - que además enmascara la verdadera inserción del profesional “revolucionario” en el sistema económico - (el corazón a la izquierda y el bolsillo a la derecha) es grave si pensamos en todos los desposeídos, explotados, reventados y degradados de nuestra tierra, de ese pueblo que viene desde el fondo de nuestra historia y que ahora ha comenzado su marcha; ellos necesitan de una sociología, una psiquiatría, una psicología, una historia, una antropología que les ayude a enfrentar el sistema ideológico de los opresores y que nos dicen desde las villas miserias, las fábricas, los quebrachales, las cárceles y los manicomios, ¿de qué lado están ustedes?... ¿A quiénes sirven? ¿A los explotadores... o a nosotros?..."




Quizá el título del que más se enorgullece Moffatt.




ENLACES:

- http://www.moffatt.com.ar/index.html

- http://www.sht.com.ar/reportajes/moffat.htm

- http://www.elortiba.org/mofat.html

20 comentarios:

Almudena y Raúl dijo...

Maravilloso, comparto con su permiso. Un saludo desde BCN!!

Jose Valdecasas dijo...

Absolutamente impresionado. Así es como estoy después de leer tu entrada, Lizardo. No conocía a Moffatt ni su trabajo y, desde luego, marca un camino o, por lo menos, una meta, más o menos utópica según las circunstancias, hacia la que intentar encaminar nuestro trabajo. Cuánto bien hacen algunas personas.
Un saludo.

José Manuel Brea dijo...

Tras esta amplia presentación del personaje Alfredo Moffatt, creo hallar a un ser indómito, insurrecto, bohemio… psicoterapeuta de la liberación, antipsiquiatra, loco-cuerdo… necesario para la redención terapéutica de un mundo demasiado reglado.
Un moffattiano abrazo, querido Lizardo.

Karen Morrison dijo...

Pero que buena post, Lizardo!

Mira que lo lee una eterna paciente que se ha encontrado con cada psiquiatra y psicólogo autómata a la vuelta de la esquina, y bueno, el último es un bobo. Al final me he dicho 'qué más da! y he dejado las pastillas. No! Lo volví a hacer de nuevo, y sé que no debí pero me harté de la falta de atención de ese "pelotudo" y de que todos piensen que dándome la pastillita del día voy a estar mejor. No se trata de eso, es decir, para que voy a tomar una pastilla que me "mejore", cuando a mi alrededor todos lo hacen, todos me dan esa ayuda (familia) solo para que me callé y ya no hable más.

Me gustó lo que hablaba Moffat sobre "teorizar la teoría", pues mis médicos (tampoco han sido tantos, unos cuatro) se le pasaban hablándome de la depresión y mi miedo al fracaso y mi problema de alimentación y etc, etc. y en verdad había leído tanto sobre ello que ya me saturaban de información, y me harté, y juré no volver a intentarlo. Hasta que sucedió lo que ya sabes, que ni caminar podía, y me dije una vez más "lo intentaré" y mis padres volvieron a llevarme donde un bobo.

Ojalá hubieran muchos Moffat aquí.
Creo que la única razón por la que volví a tratarme es porque tú me diste esperanza, Lizardo.

No la he perdido aún, espero no hacerlo. Tendré que volver con la medicación.

PD: Abusando de tu cordialidad, una pregunta ¿qué pasa si dejo la lamotrigina de repente?

Un gran abrazo,

K-M-

Amaia Vispe dijo...

Me ha gustado muchísimo esta entrada. Pena me da que el tiempo en el que (mal)vivimos no haya lugar para una "locura" como esta.
Seguimos aprendiendo.
Gracias.

metallic kitty dijo...

Muy pero muy bueno tu blog Lizardo, te felicito de corazón. Me encantó!
Saludos desde Montevideo, Uruguay

Jesús Castro Rodríguez dijo...

Atónito. No entiendo como no conocía nada de esta persona. ¿Por donde, como, o de que manera diste con esta información Lizardo?.
Me a encantado, y cojo referencias para leer mas sobre esto.
Muchísimas gracias.
SAludos.

Lizardo Cruzado dijo...

Para mí ha sido una revelación gratísima y esperanzadora el trabajo de Don Alfredo, qué bueno que también les haya impresionado favorablemente. Un abrazo, Almudena y Raúl.

Lizardo Cruzado dijo...

Comparto tus palabras, Jose, hay gentes que nos dan enorme aliento y desde tan lejos. Me gratifico por haber podido presentaros a Moffatt. Un fraternal abrazo.

Lizardo Cruzado dijo...

Tú lo has dicho, amigo José Manuel, captado has la esencia dionisiaca de Moffatt, esa vitalidad de tromba que es imprescindible en los páramos donde todo nos rutiniza.
Un moffattiano abrazo también.

Lizardo Cruzado dijo...

Querida Karen:
Qué bueno que compartas mi admiración por este tremendo Don Alfredo. Gracias por tus palabras. Estoy comentando específicamente en tu blog. Un cariñoso saludo.

Lizardo Cruzado dijo...

Gracias Amaia. Fascinante Moffatt, eh, excluído de los 'círculos oficiales' porque lamentablemente 'no vende'. Qué bueno siempre aprender de gente como él. Un cordial saludo.

Lizardo Cruzado dijo...

Agradezco tus palabras, amiga Metallic Kitty. Espero que sigas visitando el blog desde ese extremo de nuestra patria grande.

Lizardo Cruzado dijo...

Yo también, amigo Jesús, me he quedado turulato con el gran Moffatt y apenas empiezo a conocerlo. Comparto el entusiasmo. Un cordial saludo.

Francisco Doña dijo...

¡Sublime Moffatt!
He quedado impresionado por esta magnífica entrada, Dr. Cruzado, y apunto a Alfredo Moffat en mi relación de personajes esenciales de la historia de la medicina.
Un cordial y -como dice nuestro común amigo, el Dr. Brea- "moffattiano" abrazo.

Lizardo Cruzado dijo...

Gracias a Ud., Dr. Doña, por su estimulante comentario y por compartir este entusiasmo que no debe extinguirse entre quienes estamos al lado de las cuitas de la gente.
¡Un moffattiano abrazo para Ud., querido amigo!

Blog salud mental dijo...

Fascinante. Muchas gracias por presentarnos a Moffatt. Seguiremos descubriéndolo.
Esther.

Juan M. Vazquez e Idoya Jarabo dijo...

Tambien me ha encantado esta entrada. Con tu permiso lo compartiré. Un saludo.

Lizardo Cruzado dijo...

No hay de qué, Esther. Sigamos descubriéndolo. Saludos.

Lizardo Cruzado dijo...

Compartir es el sino de Moffatt, ¿eh? Gracias por hacerlo. Un abrazo para vosotros, Juan e Idoya.