martes, 13 de abril de 2010

Kokoro no kaze (心の風)









Esta es una interesante historia que nos recuerda lo imprescindible de la perspectiva transcultural dentro de la psiquiatría y además ilustra reiteradamente el rol de los intereses de la industria en la promoción de determinados constructos nosológicos, léase medicalización.

Mientras en la década de 1990 las ventas de medicamentos antidepresivos, encabezados por el Prozac, se disparaban en todo el orbe,  el Japón era uno de los escasos países desarrollados donde así no era; es más, el concepto de depresión -en su grado leve/moderado- no existía siquiera como tal.

En japonés existe el término 'utsubyo' y  solía designar a la depresión honda, melancólica, propia de la psicosis maniacodepresiva: fuera de los círculos psiquiátricos el vocablo era prácticamente desconocido. Los términos existentes en el lenguaje común del pueblo nipón solían referirse a la desazón, la decepción o la elemental y pura tristeza, pero estos sentimientos tenían correlatos de vivencia obviamente distintos en el entorno sociocultural del imperio del sol naciente.

Surgió entonces el neologismo 'Kokoro no kaze'. Aunque la traducción es arriesgada, podría ensayarse su equivalencia como 'resfrío del espíritu'.  La analogía con un resfrío común que ahora se acostumbra a tratar con sintomáticos, es inmediata.

La acelerada occidentalización del colectivista Japón tradicional sin duda ha influido en un trastocamiento de valores y sistemas originales. La filosofía budista solía desincentivar la búsqueda de la felicidad en lo material y propiciaba una aceptación serena de la adversidad. En cambio, ahora saltan a las primeras planas las noticias de suicidios de jóvenes nipones, asfixiados en un medio competitivo, consumista y desvitalizado.

A partir de 1999 se empezaron a comercializar los inhibidores de la recaptación de serotonina en el Japón. En el año 2000 GlaxoSmithKline (GSK) -productor del antidepresivo Paxil-  inició una agresiva campaña de márketing destinada a introducir el concepto novedoso y su inevitable panacea. A fines de ese año, GSK facturó 100 millones de dólares por las ventas de su antidepresivo y para el 2005 dicha suma había sido más que triplicada, con tendencia a seguir ascendiendo. Kokoro no kaze: los espíritus como nunca antes se habían resfriado. Talvez podría decirse en la manera lánguida de un haiku:


¡Oh, Luna! ¡Oh, montañas!
Fijaos cómo yo, de tanto viajar,
he acabado enfermando.





 Publicidad japonesa de Remerón (Mirtazapina).




Enlaces:


- Did antidepressants depress Japan? por Kathryn Schulz, en The New York Times (22.08.2004).

- Applbaum K, “Educating for Global Mental Health: American Pharmaceutical Companies and the Adoption of SSRIs in Japan,” In A. Petryna, A. Lakoff, & A. Kleinman, (Eds.), Global pharmaceuticals: Ethics, markets, practices. (Duke University Press, 2006). (Descargar pdf)

- Vínculo donde tuvimos noticia y de donde provienen las imágenes: Practice of Madness.


Otras entradas relacionadas en el blog:

- Cuando los japoneses cambiaron el nombre de la esquizofrenia.

1 comentario:

Jesús Castro Rodríguez dijo...

Efectivamente, la perspectiva transcultural da muchísimo que pensar, y pistas sobre el peso de la cultura en el enfermar.
http://haymicabecita.blogspot.com/2009/05/el-hikikomori-un-grano-en-el-culo-de-la.html
Saludos