lunes, 5 de abril de 2010

Descarrilamientos





Descarrilamiento, escultura de Juan Muñoz.


La bitácora de nuestra amiga Susana Borobio hace pocos días ofreció un bello poema de Carmen Martín Gaite titulado Descarrilamiento. (Demás está decir que leer el blog literario de Susana me suscita serios propósitos de retomar mis antiguas veleidades poéticas -de hecho en Desde el manicomio padecemos debilidad por el desborde lírico y el retruécano, venga o no a cuento-). Pero no iba a eso. Leyendo los versos de Descarrilamiento, que hacen contrapunto entre los momentos previos desbordantes de alegría por la gira y los posteriores de desolación ante el súbito accidente que arroja al tren fuera de la vía férrea -y que a su vez son delicada metáfora de un desencuentro afectivo, de una desilusión intempestiva- hemos recordado que en psicopatología descriptiva el término descarrilamiento tiene también cabida, si bien no precisamente poética.

Aunque el término descarrilamiento, en inglés 'derailment', en alemán 'entgleisen', ya había sido empleado según Berríos por alienistas franceses del siglo XIX, y ciertamente también por Kraepelin y Bleuler; suele adjudicarse al psiquiatra alemán Carl Schneider -en su monografía Psychologie der Schizophrenen (1930)- el uso específico del vocablo para designar a una alteración del curso o flujo del pensamiento consistente en ruptura de las asociaciones tal que se interpolan pensamientos carentes de conexión comprensible con la cadena regular de pensamientos. Jaspers consagró el uso citando a C. Schneider en su Allgemeine Psychopathologie -por cierto, no debe confundirse a Carl con el preclaro Kurt Schneider-. Citamos el ejemplo del texto de Sims: "La carretera está atestada de tráfico. Todos viajan al norte. ¿Por qué las chicas hacen siempre pantomimas de héroes?"

El fenómeno de descarrilamiento era uno más de los que describía C. Schneider en el discurso del paciente esquizofrénico. Fenómenos estos que podían subsumirse en el constructo de 'pensamiento disgregado', que para Honorio Delgado entrañaba una perturbación más profunda que el compromiso del mecanismo de asociación de las ideas para corresponder más bien a una quiebra en la normal aprehensión de las relaciones: es decir, donde los pensamientos se producen sin nexo ni concierto. Otros autores como Scharfetter subsumen los descarrilamientos dentro de las parasintaxis o paragramatismos.

Carl Schneider (1891-1946)

Cuando se enumeran los egregios nombres de psiquiatras alemanes como Kraepelin, Wagner-Jauregg, Alzheimer, Jaspers, uno puede preguntarse cómo en el transcurso de solamente pocos lustros la misma academia que los formó a ellos pudo engendrar la psiquiatría nazi. Miles y miles de individuos en la época de Hitler fueron esterilizados o asesinados para supuestamente evitar la diseminación de las taras genéticas, purificar la raza y además ahorrar recursos al estado alemán para atender a los soldados enviados a la guerra. El pavoroso recuento de cómo se escogió el utópico ideal 'preventivo' en desmedro de la vida de los individuos  desprotegidos es bien reseñado en este artículo de Mary Seeman: Psychiatry in the Nazi Era.

Entre los psiquiatras que en comité autorizaban las ejecuciones, esa especie de macabra 'solución final' para las enfermedades y deficiencias mentales, se hallaban entre otros, Ernest Rüdin, sucesor de Kraepelin en el afamado Instituto de Psiquiatría  de Munich, y Franz Kallmann, pionero de la genética psiquiátrica, además por supuesto de Carl Schneider. Por cierto, cabe recordar que la doctrina de la 'degeneración' como causa de la patología mental era una teoría muy en boga desde la segunda mitad del siglo XIX -el mismo Kraepelin fue uno de sus adeptos- pero su desarrollo hasta la enormidad de la psiquiatría nazi abarca multitud de complejos factores que exceden esta discreta nota.

 En la actualidad, cuando parece tan distante la ordalía nazi, debemos recordar que las falsas concepciones sobre la eugenesia a partir de una mala comprensión de la teoría de Darwin son vigentes: la tentación de la terapia genética en el sentido eugenésico, verbigracia, o la imposición de principios morales como pretendidamente incuestionables por deducirse a partir de hechos biológicos. Esto adunado a la constatación de que hoy los estudios genéticos gozan largamente de mayor predicamento frente a los estudios de causalidad ambiental para los problemas de salud mental, no deben fomentar una visión sesgada e indiferente que torne 'normales' o 'aceptables' tales propuestas, como pasó en aquel entonces en la Alemania nacional socialista: es poco lo que puede costar preparar un 'caldo de cultivo' semejante en nuestra sociedad, y donde se incuben  tales descarrilamientos. (Martin Brüne lo explica magistralmente en su artículo: On human self-domestication, psychiatry, and eugenics).

El considerar que la ética es totalmente relativizable a la  circunstancia histórica o a la cultura,  que el individuo posee únicamente un valor traducible en 'productividad' o cifras monetarias, que la ciencia por sí y ante sí puede establecer límites objetivos entre el bien y el mal o que el psiquiatra posee roles supremos y excluyentes ante otros actores sociales, son tentaciones todas que en germen albergan la proclividad al avasallamiento y el totalitarismo. No se debe olvidar, como lo resalta Strous RD en Psychiatry during the Nazi era: ethical lessons for the modern professional que la ciencia del más alto nivel exige igualmente una ética del más elevado estándar. Y ello es un llamado no sólo para los jerarcas de la profesión médica sino para cada individuo vinculado al cuidado de la salud, quienes no podemos abdicar de la crítica de nuestra realidad ni exculparnos en las responsabilidades colectivas: tal Karl Jaspers y Kurt Schneider, quienes rechazaron las prácticas de la psiquiatría nazi y fueron expulsados de sus cargos asistenciales y académicos por las instancias gubernamentales del momento, pero luego de la guerra fueron justamente reivindicados.

Carl Schneider no. Capturado por los ejércitos aliados y antes de su proceso judicial, se suicidó ahorcándose en prisión.


ENLACE:

- Covington MA, et al. Schizophrenia and the Structure of Language: The Linguist’s View. Schizophrenia Research 2005; 77: 85-98. (Descarga PDF)


16 comentarios:

Jesús Castro Rodríguez dijo...

Como siempre, magnifica entrada. En España, como sabe, porque creo que leí en su blog una entrada al respecto, el régimen de Franco tuvo a su servicio a psiquiatras que se encargaron de "encarrilar" a determinados individuos no afines al régimen. En este caso todo estuvo teñido de la legitimidad moral que otorgaba la Iglesia Católica que estaba en íntima convivencia con el régimen y por supuesto con el estamento psiquiátrico afín.
Totalmente de acuerdo Lizardo, ética, mucha modestia, y no ofrecer certezas que no se tienen.
A mi, al igual que a usted, me preocupa el auge y confianza desmedida en los aspectos genéticos, especialmente cuando nos referimos a lo que nos hace personas. Esta preocupación no va en detrimento, de que lo que es investigar, investiguemoslo todo, e interpretemos los resultados siendo consicentes de lo que son, interpretaciones.
Perdone el atrevimiento, pero ¿para cuando una entrada referida a diagnostico diferencial?, quiero decir, una entrada que de cuenta de enfermedades físicas que pueden producir sintomatología psicológica y que pueda ser frecuentemente confundida con problemas psiquiatricos. Creo que algunos de sus lectores le estaríamos agradecidos.
Saludos.

Jesús Castro Rodríguez dijo...

Disculme Lizardo que repita el mensaje si le llegó el otro, pero mi ordenador ha ido por su cuenta, así que....
Le decía que en España, Franco tuvo a su servicio una serie de psiquiatras afines, que se encargaron de "encarrilar" a aquellos que se entendia como no simpatizantes del régimen. La Iglesia dotaba de superiridad moral, ya que estaba coaligada a la institución psiquiatria y al régimen. Dotaba de ideología a la práctica psiquiatrica.
Le decía siendo consciente de que es un atrevimiento por mi parte, que algunos lectores agradeceríamos una entrada sobre problemas orgánicos que al producir sintomatología psicológica son frecuentemente confundidos con trastornos psiquiatricos, y tratados como tales.
Saludos y disculpeme si le llegó el otro mensaje.

CCA dijo...

¡Chapeau! por el post. Desconocía la referencia de Mary Seeman en el Canadian Journal of Psychiatry, y se agradece enormemente el que se la mencionara... ni que decir tiene que alertaré a los Residentes de Psiquiatría del HUGC Dr Negrín acerca de este post (aunque la mayoría conocen ya este magnífico blog).
Por cierto, Fuller Torrey, en un Schizophrenia bulletin reciente también habla acerca de este tema.

José Manuel Brea dijo...

Tu excelente artículo, caro Lizardo, me trae a la memoria el impresionante film "El juicio de Núremberg" (¿Vencedores o vencidos?), en especial la figura del juez alemán consentidor de esterilizaciones eugenésicas y de otras atrocidades, interpretada por un contenido Burt Lancaster que se desborda (descarrila) en el momento final del juicio al que es sometido por el juez americano interpretado por un igualmente extraordinario Spencer Tracy. La historia de la humanidad está plagada de descarrilamientos psíquicos de consecuencias nefastas. Y no parece existir fórmula para evitar otros futuros.

Lizardo Cruzado dijo...

Gracias, Jesús, vea qué interesante la polisemia de 'descarrilar' y 'encarrilar' que Ud. resalta en el contexto de la normalidad y anormalidad. Le agradezco la sugerencia que será tomada muy en cuenta.
Saludos

Lizardo Cruzado dijo...

Apreciado Dr. Cabrera:
Me carteé -por correo electrónico, claro- con la Dra. Seeman solicitándole unos artículos hace poco y me respondió pronta y con exquisita amabilidad -además de gran tolerancia por mi tarzanesco 'spanglish'-. Ud. la habrá tratado tal vez en sus años canadienses...
Le agradezco por el imprescindible enlace -y que es de acceso libre- de Fuller Torrey. Permítame adjuntarlo:

http://schizophreniabulletin.oxfordjournals.org/cgi/content/abstract/36/1/26?ijkey=1a3cf8a93c75a896e64a36d8be7d621ef3c041de&keytype2=tf_ipsecsha

Pasma leerlo, sin duda.
Muchas gracias por su comentario. Un afectuoso saludo como siempre.

Lizardo Cruzado dijo...

Tengo que ver esa cinta, amigo José Manuel, gracias por la recomendación. Como dice Jesús, el peligro no son solamente los descarrilamientos sino a veces los forzados y prepotentes 'encarrilamientos'. Para no forzar el símil, qué nos queda sino estar alerta y despierto ante los primordios de los unos y los otros.
Un gran abrazo.

Susan dijo...

Gracias Lizardo por doble motivo. La ética y la estética están inherentes en todo lo que abordas y escribes. El Humanismo reina en tu blog, por eso lo leo asiduamente.
Un saludo cariñoso.

sin pepas... dijo...

voy a tener que regresar a leer de nuevo, el descarrilamiento en que me encuentro no me deja procesar tanta información, pero a lo realmente importante de todo el post: ¿qué tan serias son esas intenciones de regresar a las veleidades poéticas? y no te me descarriles, lo único que le salva a un blog de siquiatría es el desborde lírico y el retruécano, sin ellos, sería intragable hasta para los siquiatras, así es que... hasta que te me vuelvas veleidoso espero, igual que mi incendio

Lizardo Cruzado dijo...

Gracias, Susan. Se hace lo que se puede...

Lizardo Cruzado dijo...

Ninguna veleidad es seria, sin pepas. Ojalá superes pronto tu 'descarrilamiento'. Saludos.

BLUEEVANGELION dijo...

Lizardo geniales los enlaces k compartes..debo decir tambien que el fenomeno SHUTER ISLANd- -aunque esto suene un tanto snob- ha incrementado mi interes en el tema siendo una cinefila insaciable...... y si hablamos de descarrilamientos debo confesar que cada dia me "descarrrilo" leyendo tu blog en vez de atender mis sagrados debres laborales que son infintamente menos estimulantes que tus post
saludos
carla

Lizardo Cruzado dijo...

Qué satisfacción saber que gustas del blog, Carla, es un placer confeccionarlo y recibir visitas amicales como la tuya. Aún tengo pendiente ver Shutter Island. Cariñosos saludos.

sin pepas... dijo...

bah!

Anónimo dijo...

La ética no es relativizable al contexto socio cultural.
La moral,el código moral de cada grupo (y cada individuo) sin embargo sí es relativa (se relaciona con) al contexto historico, social y cultural.

(Grave error teórico y práctico justificar el relativismo moral al confundir moral y ética)


Saludos

Lizardo Cruzado dijo...

Muy pertinente precisión, amigo anónimo: el uso común suele asumir ética y moral como sinónimos pero evidentemente así se perdería la distinción establecida que nos recuerdas. Muchas gracias.