domingo, 27 de abril de 2014

Apuntes cuando está vacía la consulta









Para romper el hielo en consulta cuando los padres acuden con hijo adolescente, y el sentirse juzgados les estraga el ánimo poniéndolos recelosos y animadversos, anticipamos:

- "No existe papá perfecto ni mamá perfecta..."

Continuamos:

 - "...ni hijo perfecto..."

Y rematamos con sutil hilaridad:

- "...ni psiquiatra perfecto."



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Hemos observado que al recién terminar su formación psiquiátrica los colegas elaboran su sello y su tarjeta de visita presentándose como MÉDICO PSIQUIATRA - PSICOTERAPEUTA. El título formal es de Especialista en Psiquiatría solamente pero ellos consideran pertinente remarcar que han llevado algunos cursos de formación en psicoterapia y que su trabajo tiene, supuestamente, un añadido de sofisticación y calidad.

Y lo digo con conocimiento de causa porque también así sucedió en mi caso. Pero al poco tiempo, hastiado de ese apéndice con visos de relumbrón, lo podé para ser solamente "médico psiquiatra". 

Ahora, por veleidad minimalista, o por indefiniciones o sabe qué, apenas me autodenomino "psiquiatra". Son pocos años y gradual ha sido la comprensión de aquello que dijo H.S. Sullivan: "La actitud más sensata de un psiquiatra (...) es, probablemente, limitarse a alcanzar la muy seria comprensión de que se está ganando la vida y que, para eso, tiene que trabajar intensamente."





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No nos cansamos de advertir a los colegas jóvenes que no nos dan puntos por diagnosticar un trastorno mental grave y que siempre debemos ser muy cautos a la hora de expresar un diagnóstico sino tenemos una certeza absoluta y, aún entonces, no es la etiqueta diagnóstica como la entendemos nosotros sino sobre todo como la entiende la familia, lo que debemos considerar.

No nos hace más perspicaces sospechar o intuir esquizofrenias tan tempranamente que solo nosotros podríamos distinguir. Podemos equivocarnos y ¿quién quita luego la etiqueta? Hay que observar el caso y seguirlo pero, ante la duda, abstenerse. 

Nunca hay apuro: atendamos a la persona, enfoquemos sus problemas, escuchemos sus solicitudes, eso es más prioritario que "etiquetar"... Y por supuesto: evitemos el innecesario amedrentamiento que solo consigue aversión y alejamiento e impide iniciar un trabajo realmente terapéutico.




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