jueves, 30 de agosto de 2012

Como perro persiguiéndose la cola





Cierto colega nuestro usualmente grafica un estado anímico suyo mezcla de ansiedad,  inquietud y desasosiego, con la expresión: “como perro mordiéndose la cola”.  Es claro que mi colega aprecia a los perros antes que a los gatos y ha observado a los primeros detenidamente mientras que yo jamás he notado a un pequeño felino, usualmente solemne, digno y hasta hierático, en actitud tan peregrina como perseguirse el hopo (al colega y a mí nos consuela saber que una clasificación frívola y simple de los seres humanos es aquella que los divide entre los que prefieren a los perros y aquellos que prefieren a los gatos).

Aunque pretendí explicar heurísticamente al colega la conducta de estos perros perseguidores de sus colas con la culta y wikipedista alusión del Ouroboros,  aquella serpiente mítica que se devora a sí misma como representación de la continuidad interminable de los ciclos y la unión dialéctica de los contrarios, fallé clamorosamente. Esta conducta de los canes ouroborósicos es ahora mejor explicada desde la prestigiosa neurociencia como conducta análoga a un humano fenómeno compulsivo (dado que no se puede presumir pensamiento obsesivo en los canes). Habíamos sabido sí de situaciones compulsivas en ratas con el gen Hoxb8 alterado, y que exhibían conductas de aliño desmesurado lamiéndose y extrayéndose pelos hasta el paroxismo. Pero ahora sabemos que esto no es privativo de los roedores inferiores sino de otros animalitos más cercanos como los perros.

No deja de ser interesante en el estudio de Tiira K y cols. que inspira esta entrada, lo señalado acerca de que estas conductas estereotipadas se hallan solamente en animales en cautiverio o domesticados.

- ¿No será –le espeté entonces a mi colega- que “heurísticamente” hablando también esto aparece en nosotros los humanos, de algún modo, por estar demasiado domesticados y en cautiverio?

- No sé –me dijo mi colega, siempre escéptico y desencantado- o a lo mejor es que los humanos nos parecemos demasiado a los perros, ¿no crees? 

Y me contó de su perro, un faldero ansiosillo y asustadizo pero irónicamente llamado "Feroz", y que íbase ya a devorar la punta de su cola de tanto perseguirla. Y remató:

- Leí en ese blog tuyo que no sabes qué hacer con tus muestras de PRISTIQ. Bueno: habrá que ver si pepeándolo le quitamos su complejo de Ouroboros a "Feroz", ¿no?


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ENLACES

- Tiira K, Hakosalo O, Kareinen L, Thomas A, Hielm-Björkman A, Escriou C, Arnold P, Lohi H. Environmental Effects on Compulsive Tail Chasing in Dogs. PLoS ONE 7(7):e41684. doi:10.1371/journal.pone.0041684.

- En Youtube hay interesantes videos sobre conductas aparentemente compulsivas en perros.


Otras entradas relacionadas en el blog:

Más sobre el paradigma neurobiológico de la enfermedad mental y la lucha contra el estigma


- The Great Melon Brain

Ciertas 'neuromodas'

- ¡Y nos llegó el PRISTIQ!



2 comentarios:

Betty M. dijo...

Vaya entrada!
Pertenezco a esa otra mitad que prefiere a los gatos, pero eso del perro persiguiéndose la cola me ha hecho recordar a mí también.
Cosas raras.

Un abrazo,

B.

Lizardo Cruzado dijo...

Je, je, bailar el alcatraz con uno mismo, ¿no?
Yo también prefiero a los gatos.
Un cariñoso saludo.