lunes, 27 de enero de 2014

Muerte del poeta José Emilio Pacheco





José Emilio Pacheco (1939-2014)



6.


Estaba loco, creían.
Consumió la vida atado
a una cuerda en el jardín
de su casa.
Le arrojaban
monedas, piedras y a veces
la piedad como una injuria
de que nunca se vengaba.


¿Qué habrá visto desde allí?
¿Qué habrá pensado?
¿Qué imagen
del mundo habrá construido
en su jardín infernal
con la soga que en el fondo
todos cargamos?
Se llama
nombre, época, lugar,
o vida que siempre, siempre
sabe hasta dónde permite
decir:
"Soy libre"
y llegar
hasta donde el hilo alcance.



 (Aire Oscuro, 
EL SILENCIO DE LA LUNA, 
1985-1996)









LA MOSCA JUZGA A MISS UNIVERSO


Qué repugnantes los humanos.
Qué maldición 
tener que compartir el aire nuestro con ellos.

Y lo más repulsivo es su fealdad.
Miren a ésta.
La consideran hermosísima.
Para nosotras es horrible.
Sus piernas no se curvan ni se erizan de vello.
Su vientre no es inmenso ni está abombado.

Su boca es una raya: no posee 
nuestras protuberancias extensibles.
Parecen despreciables esos ojillos
en vez de nuestros ojos que lo ven todo.

Asco y dolor nos dan los indefensos.
Si hubiera Dios no existirían los humanos.
Viven tan sólo para hostilizarnos
con su odio impotente.

Pero los compadezco: no tienen alas
y por eso se arrastran en el infierno.



(LA ARENA ERRANTE, 1992-1998)





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UN RITUAL


Se trata, dice Alfonso Reyes, de un ritual masoquista inventado por los asirios. Quizá fue la manera de distanciarnos de los hirsutos antepasados. El rostro libre de vello demostraba  que ya no éramos antropoides.


Ningún arte llega a aprenderse de verdad. Hasta en la disciplina practicada a diario desde edades tempranas hay siempre fallas, errores, movimientos en falso que se pagan con sangre. Inútiles la experiencia, el aprendizaje, la constancia, la técnica, la atención, el cuidado: como la página perfecta, la absoluta lisura no se alcanza jamás, aunque el cartucho de varias hojas se lleve jirones invisibles de piel y abra heridas microscópicas.

No importa el tiempo invertido. Así como en el texto mil veces revisado saltan los errores cuando ya no hay remedio, al terminar de afeitarse nunca falta un sector impune, una leve maleza irreductible a las navajas.


Quién sabe cuántas horas de mi vida he gastado en esta ocupación sin esperanza. Dentro de poco la barba asomará de nuevo y tendré que reanudar el proceso. Abandonada la tarea interminable, quedan millares de fragmentos. Formaron parte de mí un día y una noche y los arrasé como si fueran vegetación enemiga.

¿Adónde habrán ido en tantos años los billones de barbas en embrión que he podado o talado ante el espejo? Si la materia nunca se destruye, produce vértigo imaginar el destino de cada una de ellas. Estarán como parte de la tierra, el mar o el polvo en algún sitio inconocible.


El ritual cotidiano deja una enseñanza: la verdadera recompensa del trabajo es el placer que hay en intentar hacerlo bien, aún a sabiendas de que en poco tiempo nuestro esfuerzo será inútil y habrá que recomenzar a partir de cero.


(LA EDAD DE LAS TINIEBLAS, 2009)









NB: Acaba de morir José Emilio Pacheco, entrañable poeta mexicano. Misterio de la poesía es que, ante el fallecimiento de un poeta entrañable, pareciera que con sólo leer haber leído sus versos ya hubiera sido para sus lectores un viejo conocido o, más bien, un cordial, íntimo e irremplazable amigo.



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