lunes, 15 de abril de 2013

El "grabbing syndrom" y nuestra psiquiatría hoy




El "Grupo del Hospital Obrero" - con C.A. Seguín a la cabeza- en tiempos en que a unos médicos no se les ocurría preguntar cuánto cobrar por enseñar a otros médicos. 



Debe haber sido una tarde del otoño del 2003 cuando, en primer año de la especialización en Psiquiatría, íbamos con otros cuatro colegas para la sesión inaugural de un seminario sobre Sexualidad. El punto de encuentro era el consultorio del Dr. X, un reputado y añoso psiquiatra que se autoproclamaba experto en dichos rubros y que mantenía, por peculiar coincidencia, posiciones ortodoxas y ultraconservadoras en temas de religión y de política. Llegaba yo unos minutos tarde pues el barrio mesocrático a donde debía arribar distaba bastante desde el cono norte de Lima, y cuando imaginando iba alguna ruborosa disculpa que esgrimir tropecé con Hernán, mi colega residente. 

-"¿Qué, también llegas tarde?" -le pregunté sorprendido, pues Hernán, en su anancasmo, era absolutamente incapaz de llegar tarde-. 

Pero la respuesta inmediata no vino de Hernán sino de Félix, quien más allá, apoyado displicentemente en un árbol y con su rictus avinagrado de siempre, espetó: "el doctor dice que no nos va a dar ningún seminario: quiere que la universidad le pague..."

Yo había recién llegado desde la provincia a formarme como psiquiatra: Lima, era pues, mi "extranjero", y aunque había soñado ilusamente que encontraría una comunidad espiritual de psiquiatras prodigando desinteresadamente su sapiencia en todo campo a los bisoños médicos que llegábamos sedientos de ella, me di de bruces con esta situación inesperada...

Ahora cuando la psiquiatría peruana no se halla en uno de sus mejores momentos, carente de un gremio orgánico, con orfandad global de maestros, recuerdo aquel momento de hace una década y me pregunto si Honorio Delgado o Hermilio Valdizán revisaban su billetera antes de departir con los médicos que se formaban a su lado o antes de abrir sus labios para que brotase alguna perla de sabiduría. Y la verdad, es imposible imaginar semejante despropósito...

Y reviso aquel viejo libro "Conversaciones con Seguín", donde Max Silva Tuesta dialogaba apasionadamente con su maestro sobre muy distintos tópicos, entre ellos, el que Seguín denominó "Grabbing Syndrom", y transcribimos:

"C.A. Seguín: "En cuanto al Grabbing syndrom, la frase nació en un momento interesante del grupo psiquiátrico del Hospital Obrero. Durante años había reinado un espíritu de superación médica y humana, en un afán de estudio y de servicio notables. Llegamos a tener el doble número de psiquiatras ad-honorem -que asistían para aprender- que el de los rentados. Por alguna razón, que sospecho pero que, como no estoy seguro, no me atrevo a señalar, de pronto empezó a notarse un cambio. Los miembros del equipo comenzaron a hablar de dinero, de honorarios y sueldos y a mostrar inusitado interés pecuniario. A esto es a lo que  llamé el grabbing syndrom. El verbo to grab no tiene una buena traducción al español. Equivale al grabbelen alemán y significa algo como arranchar (que no es castellano académico), arrebatar, apropiarse bruscamente de algo.

Max Silva: ¿De qué vivían los psiquiatras ad-honorem?

C.A.Seguín: Los psiquiatras que trabajaban ad-honorem en nuestro Servicio pertenecían a dos grupos distintos: los becarios extranjeros, que venían especialmente a Lima para enrolarse en nuestro grupo, y los colegas peruanos. Los primeros llegaban financiados por sus universidades o sus gobiernos (algunos lo hicieron con su propio peculio) lo que les permitía vivir estrechamente. En cuanto a los peruanos vivían del trabajo de sus consultorios y entregaban sus mañanas al hospital. Todos laboraban entusiasta y honestamente, amaban lo que hacían y le aseguro que no se quejaban.

Max Silva: Yo creo que un porcentaje apreciable de médicos sufren del grabbing syndrom. ¿Porqué los noveles psiquiatras que se formaban a su lado tendrían que ser, todos, la excepción? Si tal síndrome no se evidenciaba en la época que Ud. señala, y sí después, es porque a partir de los años sesenta las cosas empezaron a cambiar notablemente. Los grandes cambios de fuera tenían que reflejarse adentro también como otros tantos cambios. Por ejemplo, la concepción de que todo trabajo debe ser remunerado.  Esta sencillísima fórmula, parece mentira, antes de los años sesenta podía haberse escuchado y conocerse de memoria, pero no era imperativo regulador del difícil engranaje de de deberes y derechos. (...) Que la buena nueva haya despertado, además, adormecidas tendencias, como la del grabbing syndrom es harina de otro costal. Si no, ¿cómo se explica que los niños de pecho que se contentaban solamente con el alimento del maestro, de la noche a la mañana, se convirtieran en voraces pirañitas?..."

Y ahora, estos tiempos de management mercantilista e individualista han triunfado -salvo valiosas excepciones- en nuestra psiquiatría. Y ya no sólo en los noveles psiquiatras sino en los viejos y experimentados, pues muchos profesores se alejan de las sedes de formación de residentes impulsados por comprensibles necesidades crematísticas y se recluyen sólo en sus consultas privadas, y el mensaje tácito que queda es "no compartas si no ganas nada, maximiza tu ganancia, lo que importa es lo contante y sonante, no se vive de lirismos..." Y esa prédica cala, sin duda alguna que sí...

Alguna vez escuchamos a una colega referir admirada ante la fortuna de otro médico: "tiene tanta plata que no sabe qué hacer con su plata...", lo cual, bien mirado, trasunta la naturaleza vulgar de aquello penosamente deseado. ¿Se podrá acaso decir: tiene tanta sabiduría que no sabe que hacer con su sabiduría? o ¿tiene tanto eros pedagógico que no sabe qué hacer con él?

No se puede, desde luego, y debemos recordar que Valdizán, Honorio y Seguín, pese a que pudieron haber lucrado con su fama, no lo hicieron, y su legado ha sido realmente trascendente y no un triste plato de lentejas descompuesto a la vera de sus lápidas.

No se trata de predicar utópicos apostolados de retórico misticismo pedagógico, -¿aunque, por qué no?- pero sí de reflexionar sin cinismo sobre aquello que el juramento hipocrático nos impone: "Tributaré a mi maestro de Medicina el mismo respeto que a los autores de mis días, partiré con ellos mi fortuna y los socorreré si lo necesitaren; trataré a sus hijos como a mis hermanos y si quieren aprender la ciencia, se la enseñaré desinteresadamente y sin ningún género de recompensa. Instruiré con preceptos, lecciones orales y demás modos de enseñanza a mis hijos, a los de mi maestro y a los discípulos que se me unan bajo el convenio y juramento que determine la ley médica..." ¿Se supone que este juramento no es mero formulismo, verdad?

Enseñar, más que dar pilas de conocimientos, es inspirar motivación, generar expectativa, iniciar cambios, insuflar hálito vital, eso puede malamente medirse en centavos, si se quiere, pero no es la única manera de hacerlo y, desde luego, no es la más justa...¿Quién hace fortuna monetaria dedicándose a la docencia de residentes de medicina? Nadie, entonces algo más es lo que debe animarnos, acicatearnos...

Ya lo decía el mismo Seguín en las entrevistas antes aludidas: "... cuando una persona tiene como único motor anímico el ganar un sueldo, trata de hacerlo de la manera más fácil posible y, por supuesto, piensa siempre que lo que gana es muy poco. No sé de alguien que tenga como único motivo el sueldo, que se manifieste contento con él. El trabajo se convierte, entonces, en una esclavitud..."

¿Y Uds.,  conocen a médicos sufrientes del Grabbing syndrom?



Fachada del antiguo Hospital Obrero, hoy Almenara, cuando allí laboraba Seguín, en aquella época dorada de nuestra psiquiatría.




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