domingo, 16 de septiembre de 2012

Recordando a Szasz



Recuerdo la época en que finalmente decidí abocarme a la psiquiatría. Por aquellos años recién se tornaron comunes las instalaciones domiciliarias de internet y me recuerdo buscando en Google -como hasta ahora- todo lo que tuviera que ver con la especialidad elegida. Una sorpresa para mí fue la profusa aparición de páginas no de psiquiatría sino de "antipsiquiatría". Y en mi desconcierto recuerdo un apellido peculiar, repetido una y otra vez en los enlaces de la desconcertante "antipsiquiatría" y que era como la sonora onomatopeya de una bofetada o un portazo: SzaSz, SZasZ, szASz.



Desde luego, Thomas Szasz (1920-2012), reconocido psiquiatra neoyorquino fallecido recientemente, no aceptaba ser incluido entre los prominentes miembros de la antipsiquiatría, pero lo suyo iba abiertamente por la disidencia y la crítica indesmayable del establishment psiquiátrico. Por ello precisamente conviene leerlo, porque, como es obvio, dialécticamente los contrarios se encuentran y la psiquiatría y la antipsiquiatría así deben hallarse. No tenemos seminarios de "antipsiquiatría" pero debiéramos, tal es la riqueza de una praxis que puede prohijar una corriente "anti", y si no no hay "antipediatría" ni "antianestesiología" en la medicina, en nuestra especialidad sí debemos aprovechar y estudiar fructíferamente semejante tendencia.

Cuando uno empieza en psiquiatría, bisoño e ingenuo, como hace años con mi flamante internet vertiginosamente lento, yo necesitaba creer; pero a medida que uno va "avanzando" en una especialidad como ésta, más es menester el saludable escepticismo del descreer. Y es que ¿quién dijo que un pesimista no es sino un optimista con experiencia?

Las obras de Szasz se hallan libremente la mayoría en internet, un fascículo de sus sentencias breves como dagas es el denominado Heresies, (Herejías) publicado en 1976, donde toca tópicos como el amor, la familia, el matrimonio, el sexo, la política, la medicina, la psiquiatría, etc, de modo lúcido y mordaz. No hemos podido resistirnos a intentar traducir algunos apotegmas sobre el amor y el matrimonio como recordatorio del pensamiento de Szasz:


Se dice que los matrimonios se conciertan en el Cielo, debe ser por ello que no funcionan en la Tierra.

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Al volverse los dos cónyuges “un solo cuerpo” en el matrimonio, la esposa puede afectar a su esposo comiendo mucho o el esposo a la esposa bebiendo mucho. Lo que hace tiempo los psiquiatras denominan, y ahora finalmente el público reconoce, como comportamiento “autodestructivo”, viene a ser exactamente lo opuesto: un intento de preservarse uno mismo destruyendo a lo que se considera como parásito “de uno”.

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Una metáfora para muchos matrimonios modernos: dos nadadores calificados en el agua, seguros y solitarios: deciden hacer un juego: uno finge que se ahoga, el otro finge que ejecuta el rescate; continuando con la charada, ambos se hunden, entran en pánico y finalmente se ahogan juntos irremisiblemente.

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Los hombres cuando entran en prisión pierden su nombre; las mujeres cuando se casan.

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Esposo y esposa no son tanto compañeros sexuales sino “añadidos a la identidad” uno del otro, esto es, cada uno es definido por el otro. Por ello la belleza o fealdad de esposo o esposa, salud o enfermedad, riqueza o pobreza, buena o mala fama, rango social alto o bajo –convirtiéndose uno u otro en motivo de orgullo o vergüenza para la pareja- tienen más que ver con la estabilidad o inestabilidad de la relación marital que la calidad de la actividad sexual entre ambos.

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Cuando hombre y mujer están “enamorados” comparten la equivocada creencia de que viven en un mismo mundo; cuando ellos realmente “se aman” uno al otro, pueden reconocer que viven en diferentes mundos, pero que a la vez están preparados  para cruzar el abismo que los separa.


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ENLACES:



- Artículos sobre Szasz en Reason.com

- Heresies, de Thomas Szasz, en 4Shared.






6 comentarios:

Betty M. dijo...

Gracias por la contribución, Lizardo.
Me acabo de bajar su libro: El mito de la enfermedad mental.

Un abrazo,

B.

Lizardo Cruzado dijo...

Gracias a ti, mi querida amiga Betty, ¿cómo andas? Siempre me alegra recibir tu visita. Yo también voy a leer a Szasz.
Un cariñoso saludo.

Félix dijo...

No sabía que había muerto Thomas Szasz. Yo sí lo estudié en la Universidad, aunque mi formación es en Psicología y lo descubrí en la asignatura de un gran profesor que era muy revoltoso también. Es una pena, aunque tampoco se podía esperar que este señor fuese a durar para siempre (nadie lo hace)

Convengo en la importancia de estudiar sus aportaciones no sólo para psiquiatras, sino también para psicólogos y para muchos otros.

Un saludo.

Lizardo Cruzado dijo...

Así es, amigo Félix, acá está pendiente seguir conociendo la obra de Szasz. Gracias por tu comentario y saludos hasta allá.

José Manuel Brea dijo...

De este (anti)psiquiatra de origen húngaro, he hallado una interesante frase comparativa sacro-profana:
"Dado que esta es la era de la ciencia, no de la religión, los psiquiatras son nuestros rabinos, la heroína es nuestro cerdo, y el adicto es la persona inmunda."
Saludos cordiales.

Lizardo Cruzado dijo...

Ah, José Manuel, sin duda que la psiquiatrización de la vida humana ha llevado a estas desmesuras que Szasz denuncia acremente. Tuvimos una entrada sobre este tópico que pongo a tu consideración, amigo mío:
http://desdeelmanicomio.blogspot.com/2009/03/la-psiquiatria-como-ciencia-como-arte-y.html
Un gran abrazo y gracias por tu siempre amable visita.