martes, 30 de octubre de 2012

Ser normal





"Nadie repara en que muchas personas emplean energía en enormes cantidades para ser, simplemente, normales".

Albert Camus


Foto de Spencer Tunick


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No es locura, señor; es pobreza.


sábado, 27 de octubre de 2012

μελαγχολί / Melancolía / Bilis negra





La representación plástica de los padecimientos de la mente puede abarcar todo un volumen de la historia del arte. Desde la vereda del utilitario y pedestre diseño gráfico, minimalista, Patrick Smith ha diseñado pósters representando algunos problemas de salud mental como el que mostramos arriba, evocativo de la depresión: en él, así como el recuadro diminuto parece aplastado en medio de la oscuridad circundante  -ominosa, asfixiante bilis negra-, también puede vislumbrarse a manera de una luz, desfalleciente pero luz al fin, que asoma al fondo del túnel.


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ENLACE:

- Adapt. Create. Web de Patrick Smith con sus pósters.


Y sobre cómo en el difuso constructo de "depresión mayor" se ha subsumido la "melancolía", para desmedro de la mejor diferención clínica, he aquí un par de -magistrales- pinceladas:

- Berrios GE. Melancholia and depression during the 19th century: a conceptual history. Br J Psychiatry 1988; 153: 298-304. (Texto completo PDF

- Jansson A. Mood Disorders and the Brain: Depression, Melancholia, and the Historiography of Psychiatry.  Med Hist. 2011 July; 55(3): 393–399. (Texto completo PDF)




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jueves, 25 de octubre de 2012

Bodas de diamante de la clorpromazina





Una añorada forma de presentación de Clorpromazina: los supositorios (Science Museum, London).


Conmovedor es recordar que la clorpromazina cumple ya 60 años y lo hace convertida en toda una respetable matrona.

Y no sólo es notable la efeméride por lo que pudo haber significado positiva y simbólicamente esta molécula antipsicótica en la historia de la psicofarmacología y la psiquiatría, sino porque permite rememorar el contexto en que dio sus primeros pasos.

Hojeo un Compendio de Psicofarmacoterapia de Walter Pöldinger, editado por el Servicio Científico Roche en 1968. Pöldinger era jefe de psicofarmacología clínica en la clínica psiquiatrica de la universidad de Basilea. Uno podría presumir, a la actual usanza, un grueso conflicto de intereses y que el Dr. Pöldinger en su manual, editado contimás por laboratorio farmacéutico, reventaría ensordecedoras bombardas a las moléculas psicotropas.

Pero no, con austeridad germana Pöldinger apuntaba: "Lejos de oponerse, la farmacoterapia y la psicoterapia deben combinarse de manera adecuada. (...) Éstas se completan en las indicaciones oportunas, debiendo constitutir siempre la psicoterapia, y sobre todo la toma de conciencia de la conducta errónea  inconsciente y el estímulo de las relaciones sociales, la clave fundamental de todo tratamiento psiquiátrico." 

Luego Pöldinger enriquece su expresión con el siguiente gráfico donde compara los planes de tratamiento psiquiátrico antes y después de los medicamentos psicotropos, (atención al detalle pues en ambos esquemas un mismo vértice se privilegia):




Y enternece rememorar en el mismo manual la clasificación de entonces de los medicamentos psicotropos: categorizados en neurolépticos, timolépticos, timeréticos, estimulantes y psicolíticos, según sus actividades diferenciales sobre la mente. Por supuesto, enternece no porque se haya hoy modificado hasta la obsolescencia dicha clasificación, al contrario, sigue sin mayor cambio en cuanto a dispar y, de hecho, es hasta menos sofisticada en algún aspecto. (En una entrada previa comentábamos precisamente sobre un "nuevo antidepresivo" y cómo en los últimos 30 años o más no se han diseñado realmente nuevos psicofármacos).  





Este otro gráfico en forma de colorido disco da puntual cuenta del traslapamiento de los efectos de varios de los fármacos reseñados (y da cabida a la nostalgia de aquellos psicodélicos años 1960):




Séanos excusado este largo introito para recomendar el artículo del Dr. Juan Medrano recientemente aparecido en la Revista de la Asociación Española de Neuropsiquiatría y cuyo título tomamos a préstamo para la entrada: Las bodas de diamante de la clorpromazina. El Dr. Medrano, autor de aquella memorable página electrónica denominada Psiquiatría Insólita (durante los años que cursamos la especialidad, a la par que instruirnos, nos demostraba que la psiquiatría no tiene porqué ser ampulosa ni acartonada y que una sonrisa suele ser más inteligente y constructiva que un rictus destemplado), no sólo revisa la historia del fármaco sino que lo ubica en la perspectiva temporal del hoy, sesenta años luego, con la vieja "Clorpro" rodeada de nietos legítimos y bastarduelos y parientes distanciados. Tras tanta revolución farmacológica posterior donde supuestamente los antipsicóticos aparecidos en épocas recientes desbancaban del todo a los clásicos, Medrano apostilla que una clasificación más honesta de estos fármacos sería no en "típicos y atípicos" ni en "de primera y segunda generación" sino simplemente en "antipsicóticos baratos y antipsicóticos caros." Hay que leerlo.


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ENLACES:

- Medrano J. Las bodas de diamante de la clorpromazina. Rev. Asoc. Esp. Neuropsiq. 2012; 32 (116): 851-866.

- Del admirado blog postPsiquiatría, recomendamos varias enjundiosas entradas referidas al tema de los antipsicóticos y los gatos por las liebres:
El curioso (y costoso) asunto de la atipicidad
Bibliografía inquietante que ningún visitador comercial te pondrá delante...
Diez ¿buenas? razones para prescribir paliperidona en vez de risperidona

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martes, 23 de octubre de 2012

Criterios para una buena muerte - Edwin Shneidman





Louis Hersent. La muerte de Bichat (1802)



Recientemente nuestro dilecto amigo el Dr. Brea en su blog ha publicado una entrada denominada El arte de vivir; tras leerla -y reservarla para el sopesamiento necesario- vino a nuestra mente un texto de Edwin Shneidman (1918-2009), padre de la suicidología y tanatólogo, titulado Criteria for a good death (Criterios para una buena muerte)

El tema de la "buena muerte" es un tópico frecuente en la religión cristiana, imágenes del Cristo de la Buena Muerte, templos consagrados a la "Buena Muerte", son usuales de hallar en pueblos y calles de nuestros países respectivos. Por ironía actual, y ante el trajinado boom de la gastronomía peruana, el resultado más notorio en Google ante la búsqueda de los términos "Buena muerte" es el de un restaurante así llamado por ubicarse frente a la tradicional iglesia de la Buena Muerte en el centro de Lima.

Edwin Shneidman, psicólogo norteamericano, hijo de padres judíos rusos, fue un original investigador del suicidio. De hecho, el nombre de Suicidología (el estudio del suicidio y de su prevención) fue acuñado por él y Shneidman la consideraba una rama de la psicología porque concebía al intento de suicidio como una crisis psicológica. Otro concepto valioso por él aportado fue el de "dolor psíquico" (psychache, como análogo del dolor físico) pues para él la esencia del suicidio era el lancinante, terebrante dolor y pesadumbre moral asumidos como inescapables por el sufriente (aunque han sido discutidos y relativizados, Shneidman enunció también  los "Diez Puntos en común del Suicidio" que se pueden leer aquí).

Shneidman fue tanatólogo emérito de la Universidad de Los Ángeles, es decir llevaba una cátedra consagrada al estudio de la muerte y el morir; pero Shneidman era un amante de la vida así que inevitablemente (aún creyendo que no existía un más alla) consideraba a la muerte como epítome cenital e indesligable de la existencia.

Aunque Shneidman reconocía que no hay un tipo único de “buena muerte" pues cada persona tendría una “buena muerte” apropiada -la que cada uno escogería si pudiese escoger- pretendió enunciar los que consideraba globalmente criterios para una buena muerte A continuación intentamos traducirlos (y que no se deben confundir con eutanasia ni mucho menos, asunto de otra y más complicada índole):


DIEZ CRITERIOS PARA UNA BUENA MUERTE 
(Shneidman E. Criteria for a Good death. Suicide Life Threat Behav 2007; 37: 245-247)

1. Que sea natural: 
Una muerte natural es aquella que no resulta como consecuencia de accidente, suicidio u homicidio.

2. A edad madura:
Luego de los 70 años, en condición de lucidez y con experiencia de vida, tras haberla saboreado plenamente.

3. Que sea esperada:
Ni súbita ni inesperada, poseedora aunque sea de mínima posibilidad de advertencia -al menos unas semanas antes-.

4. Que sea honorable:
Que reciba honras finales y sin señalamientos amargos, esto es, con un obituario positivo.

5. Que esté preparada:
Esto es, que los arreglos legales y costes fúnebres queden cubiertos previamente.

6. Que sea aceptada:
Con la aquiescencia que lo inmutable de la naturaleza y el azar exigen.

7. Que sea civilizada:
Con la presencia de al menos algunos de los seres queridos y en un entorno grato para el que se va.

8. Que acabe generativa:
Habiendo entregado quien muere su legado de sabiduría, memoria y experiencia acumulada.

9. Que sea compungida:
De modo que pueda apreciarse el estado emocional propio que es una mezcla agridulce de pesar, añoranza y consideración por el que ha partido, pero sin abatimiento total.  Es mejor si quedan proyectos inconclusos pues nos recuerda que ninguna vida es “completamente completa”.

10. Que sea pacífica:
Que la escena final sea llena de amistad y amor, con el dolor físico controlado si es posible.

Finalmente, Shneidman ponderadamente ofrece lo que él considera "la regla de oro" para una buena muerte, ésta centrada en los supervivientes pero encarecida a quien muere: “apóyate lo menos posible en ellos”.  Esto es, que nuestra muerte, en lo posible, cause la menor cantidad de dolor a los que nos sobrevivan.

Como es evidente, aunque son metas ideales, altamente deseables para el buen momento de la expiración, por circunstancias de diversa laya cada vez seremos menos los que podamos gozar de una "buena muerte" como la que describía Shneidman. A lo más podremos aspirar a la aquiescencia y a la condición generativa del morir como trasmisión de experiencias a quienes nos perpetúan temporalmente -además de un seguro de vida y de pompas fúnebres, en cualquier caso- lo otro, cuántas sondas y tubos nos enganchen o en qué recodo nos asalte con su guadaña la muerte, no cabe ni intuirlo. Por ello al final, más vale revisar los postulados del post del Dr. Brea y vivir del mejor modo posible cumpliendo la obligación de todo hombre: ser justo y ser feliz.



Edwin S. Shneidman




NB: La imagen de La muerte de Bichat la tomamos prestada del blog Medicina y Bellas Artes del colega y amigo Dr. Francisco Doña (ojalá nos prestase un poco también de su versación humanística y feliz meticulosidad).
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ENLACES:

- Chávez-Hernández AM,  Leenars AA. Edwin S Shneidman y la suicidología moderna.Salud Mental 2010; 33: 355-360.

- Leenars AA. Edwin S. Shneidman on Suicide. Suicidology Online 2010; 1:5-18. (PDF)

- American Association of Suicidology, fundada por E. Shneidman.


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sábado, 20 de octubre de 2012

Boredom








"Hace falta mucho coraje para hacer frente a la primavera."

CIORAN



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ENLACE:

- Retana C. Consideraciones acerca del aburrimiento como emoción moral. Káñina, Rev. Artes y Letras, Univ. Costa Rica XXXV (2): 179-190, 2011 / ISSN:0378-0473. (Texto completo PDF)


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miércoles, 17 de octubre de 2012

STRANGERS TO REASON: LIFE Inside a Psychiatric Hospital, 1938





 "A woman patient in a camisole becomes violent." (Alfred Eisenstaedt—Time/Life Pictures/Getty Images.)


Desde hace algún tiempo la famosa revista norteamericana LIFE ha colocado sus archivos fotográficos en Internet para acceso libre del público. Hay miles de fotografías y crónicas y en medio de los contenidos frívolos de rigor, de interés circunscrito a la ocasión temporal, aparecen reportajes que trasuntan el paso del tiempo y pueden seguir siendo motivo de reflexión para la continuidad de distintos quehaceres humanos y sociales (como la psiquiatría, cuya urdimbre es ineludiblemente su historia).

¿Qué pasaba en 1938? Aún no se desencadenaba la II Guerra Mundial pero el auge de la doctrina nacionalsocialista y fascista era bullente no sólo en países europeos, sino que influía desembozadamente en la política del concierto mundial. Aún no existían los antipsicóticos como la clorpromazina y ese año recién sucedieron las primeras experiencias con la terapia electroconvulsiva (en Italia, por Lucio Bini y Ugo Cerletti).

También se hallaba en boga por aquella época (de hecho en toda la primera mitad del siglo XX) la corriente eugenésica que, si bien no fue un invento propio de los nazis, sí fueron ellos principal exponente de la tendencia más extrema: reclusión, esterilización forzada y aún eutanasia (se calcula que antes del Holocausto judío medio millón de personas con diversos tipos de discapacidad supuestamente hereditaria fueron esterilizadas en la Alemania nazi). En Estados Unidos también hubo, aunque de manera menos desembozada, una política de esterilizaciones hacia personas con discapacidades varias, incluyendo por supuesto las secundarias a trastornos mentales severos.



Alfred Eisenstaedt—Time/Life Pictures -Getty Images. (Not originally published in LIFE.)


La tendencia eugenésica más sosegada pretendía limitarse a brindar consejería y orientaciones a las parejas, por ejemplo en su texto de 1929 "Amor, Conveniencia, Eugenesia", el mismo Gregorio Marañón era apodíctico: "No tendremos, pues, la inocente pretensión de intentar someter la fuerza arbitraria y gigante del instinto de la especie a una ordenanza higiénica. Pero sí podemos decir, escuetamente, que no debe casarse quien no esté suficientemente sano" -el subrayado es de Marañón-. Quién debería ser considerado suficientemente sano aguardaba, desde luego, la opinión de la ciencia médica dependiente a los dictámenes de la coyuntura sociopolítica como cualquier producto social. Inclusive Honorio Delgado en su afamado Curso de Psiquiatría, cuyas últimas ediciones datan de la década de 1960, considera un acápite para la eugenesia psiquiátrica dentro del capítulo sobre Higiene Mental y, aunque advierte que "el facultativo, al dar dictamen eugenésico, no impone principios" sí reconoce que ni siquiera la ley de esterilización forzada de 1933 en la Alemania nazi fue suficiente para aniquilar las psicosis endógenas y añade, admonitivo: "cuando ambos contrayentes pertenecen a familias de esquizofrénicos, el matrimonio no es aconsejable".

Las imágenes de la revista LIFE en su antiguo reportaje no se agotan en la contemplación de las camisas de fuerza y las tinas de hidroterapia como testimonios de tiempos supuestamente o felizmente superados. Cuántos de los hombres y mujeres fotografiados hace 74 años en el Pilgrim Hospital de New York se hallaban esterilizados, no se puede colegir desde estas escuetas imágenes. Pero aunque la Bioética surge recién embrionaria luego de la II Guerra Mundial y actualmente estas prácticas se asumen proscritas, no se puede soslayar que en el entramado político y social de los tiempos que devienen no asegura ninguna certidumbre, ni la postura religiosa aún, sino el ojo avizor individual y la conciencia crítica colectiva. Las fotografías de los pacientes asilados en el Pilgrim Hospital State muda e irónicamente nos replican el título del reportaje: "Strangers to Reason / Ajenos a la Razón": ¿Razón, cuál razón? ¿Y quiénes son los ajenos a ella? ¿Los humanos internados en el manicomio o aquellos de afuera que los castraron?




Alfred Eisenstaedt—Time/Life Pictures -Getty Images. (Not originally published in LIFE.) 



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ENLACES:

STRANGERS TO REASON: LIFE Inside a Psychiatric Hospital, 1938.

- Capuano CF, Carli AJ. Antonio Vallejo Nagera (1889-1960) y la eugenesia en la España Franquista. Cuando la ciencia fue el argumento para la apropiación de la descendencia. Revista de Bioética y Derecho, núm. 26, septiembre 2012, p. 3-12. (texto completo PDF)

- La magistral bitácora Imágenes de la Psiquiatría, perenne inspiración y referencia autorizada en la blogósfera sobre iconografía de nuestra especialidad.


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