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lunes, 30 de junio de 2014

Migración como factor de riesgo para la esquizofrenia








Si pensamos en la cantidad de personas que migran de un entorno cultural y geográfico y cultural a otro por las múltiples razones que motivan dicho drástico cambio, a lo largo y ancho de todo el globo, desde inmemoriales tiempos y en mayúsculas cantidades, y si reparamos en la cantidad y variedad de eventos que atraviesa el migrante en su periplo: desde la pérdida de su reducto usual, paisajes, vínculos, lengua, costumbres, con el consiguiente duelo migratorio -pero que abarca más que el síndrome de Ulises-, además de que el mismo migrante debe luego enfrentarse a vivencias de discriminación, segregación, postergación social y económica y exclusión y desadaptación, no cabe duda que estaremos de acuerdo en que el proceso migratorio constituye uno de los eventos más complejos para la adaptación del ser humano en su historia vital.

Acontecimientos así amplios y desafiantes no pueden dejar de impactar en la salud mental de los individuos y de las poblaciones. En ese sentido, creciente bibliografía vincula a los procesos migratorios con el desarrollo de procesos esquizofrénicos. En el Perú, donde más de tres millones de personas han migrado en los últimos lustros, un tema de esta envergadura, no puede ser soslayado.

Desde luego, la complejidad de factores como los enunciados, no puede circunscribirse a niveles sencillos de comprensión. Al contrario, la relevancia de los fenómenos migratorios como factor de riesgo para el desarrollo de esquizofrenia permite ilustrar y resaltar la importancia de los factores psicosociales. Es decir, a manera de un inmenso laboratorio poblacional, las migraciones ofrecen terreno fructuoso para la investigación epidemiológica de los problemas asociados a la esquizofrenia y que se vinculan a la pérdida, la soledad, el desarraigo y la lejanía, además de la pobreza, la extrañeza y el desamparo.



Diagrama que pretende resumir la sumatoria de factores psicosociales involucrados en los procesos migratorios y su desenlace final en el evento neurobiológico gatillo de procesos esquizofrénicos.



En este reporte breve, hemos tratado de resumir algunos puntos de vista sobre la relación entre la esquizofrenia y la migración como factor de riesgo. Aunque no es sencilla una perspectiva preventiva a corto plazo, conocer y reflexionar sobre estos elementos permite hacer hincapié en los fenómenos actuales de  la migración y su impacto potencial en los problemas de salud mental de la población emigrante.



http://www.upch.edu.pe/famed/revista/index.php/RNP/article/view/1750/1711



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ENLACE:

- Cabrera SAS, Cruzado L. Migración como factor de riesgo para la esquizofrenia. Rev Neuropsiquiatr. 2014; 77: 116-122.


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martes, 15 de junio de 2010

Burnout, Surmenage, Nervous Breakdown & Co.







'Mind Blog' da noticia de un interesante artículo del New York Times (On  the verge of 'Vital Exhaustion'?) sobre el Burnout Syndrome y los términos populares que usualmente solían designar a los estados de fatiga o quiebra 'nerviosa'; aquellos que, con el devenir de la psiquiatría y la psicofarmacología, han devenido en sofisticadas clasificaciones ora de trastornos de ansiedad, ora de trastornos depresivos, (o hasta trastornos adaptativos).

´Nervous breakdown' era el término empleado por la opinión pública norteamericana en la primera mitad del  siglo XX y podía englobar, de modo muchas veces inespecífico, tanto un brote psicótico como una reacción anormal de personalidad, un cuadro de duelo como una crisis suicida. El hecho es que el término era válido, aceptado y comprensible por el común de la población. Al respecto, es interesante revisar en 'Blue to blue' (sofisticado blog ahora reconvertido en Ars Psychiatrica) una propuesta reciente de Alan Schatzberg, presidente saliente de la Asociación Psiquiátrica Americana, para refinar y complicar la terminología diagnóstica de la especialidad de modo tal que su efecto sea proyectar más seriedad y respeto (o esoterismo) sobre la nosología psiquiátrica.

Benedict Carey, autor del artículo que mencionamos, en New York Times, manifiesta que posiblemente el Síndrome de Burnout sea uno de los últimos reductos de la terminología popular para designar el constructo de agotamiento psíquico, de extenuación mental. Vale recordar que el artículo original en que se proponía el concepto de Burnout fue publicado en Journal of Social Issues por el psicólogo Herbert Freudenberger el año 1974 y luego se ha ido popularizando dentro del colectivo de trabajadores de salud (no solamente mèdicos). También vale recordar que burn significa quemar y que usualmente, a no ser que uno crea en la combustión espontánea y los pyrotones, uno se quema desde afuera y por efecto de una fuente externa de calor. Como decimos por aquí cuando uno se quema: 'te pringas'. Es decir: te chamuscas, te calcinas, te carbonizas.

Entonces, si el burnout es indesligable de la fuente externa de calor o calcinación (ergo, el centro laboral con sus peculiares características), ¿cómo así podemos establecer una clasificación de las supuestas características de cada uno de los tipos de burnout sin a su vez estipular las peculiaridades de cada centro de labores? Pues bien, un reciente e interesante artículo en Journal of Occupational Toxicology and Medicine titulado A new definition of burnout syndrome based on Farber's proposal, pretende demostrarnos cómo.

Tres subtipos de burnout son propuestos: el frenético (frenetic), el desaprovechado (underchallenged)  y el extenuado (worn-out). Llama la atención que el primer tipo posee características específicas de determinadas personalidades vehementes, hiperexcitables, que reaccionan redoblando sus esfuerzos ante cualquier circunstancia de lucha, no sólo en el trabajo (¿y de por sí esto será patológico?, nos preguntamos). El subaprovechado piensa que se está desperdiciando su talento en el trabajo que posee y esto lo lleva a experimentar aburrimiento, al cumplimiento displicente de metas y a contemplar perennemente la posibilidad de conseguir otro empleo pues seguramente es exactamente así: tiene que trabajar por necesidad en un trabajo que no lo satisface cabalmente. Y el tercer tipo son aquellos que han perdido el entusiasmo lo que puede llevarlos a un actuar negligente, a síntomas depresivos y desesperanza.

Al margen del interesante método con que los autores han obtenido estos subtipos (la técnica del cuadro semiótico) y los amenos gráficos que describen el esquema teórico, la  abstracción del fenómeno del burnout soslayando las características personales del individuo y de su entorno laboral (el que pringa a los trabajadores) resulta algo maniquea y escasa. Pareciera que de aquí al DSM hay sólo un pasito...

Mientras tanto, seguiremos indagando en nuestro alrededor acerca de aquellos términos que perviven en el imaginario popular con más longevidad que los breves lapsos de cada clasificación psiquiátrica y no poseen fàcil traducción intercultural: por ejemplo, la peruana colerina, que tantas tías mías han alguna vez sufrido. De hecho, a ello alude capciosamente el título de esta entrada: Burnout, Surmenage, Nervous Breakdown & Co (lerina). No era otra veleidad más.



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martes, 13 de abril de 2010

Kokoro no kaze (心の風)









Esta es una interesante historia que nos recuerda lo imprescindible de la perspectiva transcultural dentro de la psiquiatría y además ilustra reiteradamente el rol de los intereses de la industria en la promoción de determinados constructos nosológicos, léase medicalización.

Mientras en la década de 1990 las ventas de medicamentos antidepresivos, encabezados por el Prozac, se disparaban en todo el orbe,  el Japón era uno de los escasos países desarrollados donde así no era; es más, el concepto de depresión -en su grado leve/moderado- no existía siquiera como tal.

En japonés existe el término 'utsubyo' y  solía designar a la depresión honda, melancólica, propia de la psicosis maniacodepresiva: fuera de los círculos psiquiátricos el vocablo era prácticamente desconocido. Los términos existentes en el lenguaje común del pueblo nipón solían referirse a la desazón, la decepción o la elemental y pura tristeza, pero estos sentimientos tenían correlatos de vivencia obviamente distintos en el entorno sociocultural del imperio del sol naciente.

Surgió entonces el neologismo 'Kokoro no kaze'. Aunque la traducción es arriesgada, podría ensayarse su equivalencia como 'resfrío del espíritu'.  La analogía con un resfrío común que ahora se acostumbra a tratar con sintomáticos, es inmediata.

La acelerada occidentalización del colectivista Japón tradicional sin duda ha influido en un trastocamiento de valores y sistemas originales. La filosofía budista solía desincentivar la búsqueda de la felicidad en lo material y propiciaba una aceptación serena de la adversidad. En cambio, ahora saltan a las primeras planas las noticias de suicidios de jóvenes nipones, asfixiados en un medio competitivo, consumista y desvitalizado.

A partir de 1999 se empezaron a comercializar los inhibidores de la recaptación de serotonina en el Japón. En el año 2000 GlaxoSmithKline (GSK) -productor del antidepresivo Paxil-  inició una agresiva campaña de márketing destinada a introducir el concepto novedoso y su inevitable panacea. A fines de ese año, GSK facturó 100 millones de dólares por las ventas de su antidepresivo y para el 2005 dicha suma había sido más que triplicada, con tendencia a seguir ascendiendo. Kokoro no kaze: los espíritus como nunca antes se habían resfriado. Talvez podría decirse en la manera lánguida de un haiku:


¡Oh, Luna! ¡Oh, montañas!
Fijaos cómo yo, de tanto viajar,
he acabado enfermando.





 Publicidad japonesa de Remerón (Mirtazapina).




Enlaces:


- Did antidepressants depress Japan? por Kathryn Schulz, en The New York Times (22.08.2004).

- Applbaum K, “Educating for Global Mental Health: American Pharmaceutical Companies and the Adoption of SSRIs in Japan,” In A. Petryna, A. Lakoff, & A. Kleinman, (Eds.), Global pharmaceuticals: Ethics, markets, practices. (Duke University Press, 2006). (Descargar pdf)

- Vínculo donde tuvimos noticia y de donde provienen las imágenes: Practice of Madness.


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lunes, 11 de enero de 2010

Cuando los japoneses cambiaron el nombre de la esquizofrenia





La esquizofrenia es una fea palabra, fea no sólo por el estigma inmenso que acarrea su mención sino además por la presencia de aquella chirriante sílaba fricativa: 'fffffrrrre', estremecedora como un redoble y salpicadora de saliva también. Pero sin bastar con esto, la esquizofrenia es una palabra fea porque es injusta en su etimología: acuñada por Bleuler hace más de un siglo a partir de las raíces griegas "schizo" (escisión) y "phrein" (mente), el célebre psiquiatra suizo no pretendió aludir jamás literalmente a una 'doble personalidad' como el común del público cree que el vocablo esquizofrenia significa; sino que en su análisis profundo de los síntomas, Bleuler creyó hallar una situación patológica compleja que pretendió describir con su metáfora, nada más.

Desde un inicio varios autores manifestaron su descontento con el término bleuleriano (el mismo Freud, el gran Jaspers, Kurt Schneider, Henri Ey, entre otros). Adicionalmente, y lo que es más importante, la supuesta escisión de las funcionales mentales propuesta por Bleuler como subyacente a los síntomas para él principales (los ahora llamados síntomas negativos de la esquizofrenia) no es tal. El concepto de escisión ya no es usado dentro de la comprensión psicopatológica de la esquizofrenia y otros síntomas son los que adquieren trascendencia diagnóstica y pronóstica (los síntomas positivos en el primer caso, los cognitivos en el segundo) ¿Por qué seguir entonces con tal palabreja por semejantes razones fea e inexacta?



En el Japón un movimiento iniciado en la década de 1990 por los familiares de los pacientes con esquizofrenia condujo a que en el año 2002 la Sociedad Japonesa de Psiquiatría y Neurología, luego de prolongado estudio y debate, aprobase la modificación del antiguo y tradicional nombre. Hay que tener en cuenta que en el idioma japonés, por ser ideográfico (esto es en el lenguaje escrito se observan representadas gráficamente los conceptos), se evidencia claramente lo que representa cada palabra. Si bien en idiomas como el castellano, de no conocer las raíces griegas uno normalmente no evoca la "mente escindida", en el japonés es inevitable apreciar semejante significado:



Semejante término ('Seishin Bunretsu Byo' o 'enfermedad de la mente dividida') evocaba entre los japoneses la espantosa imagen del caos mental y del deterioro inevitable. Ahora en cambio se emplea la expresión 'Togo Shitcho Sho' (Trastorno de la integración):


Se ha reportado que desde el cambio producido se ha mejorado la capacidad de proporcionar el diagnóstico al paciente y su familia por parte de los médicos y además se ha verificado, en mediciones efectuadas con cuidado máximo del sesgo de deseabilidad, efectivamente aminoramiento del prejuicio condenatorio hacia dicha enfermedad.

Lo que en un inicio parecía inabordable, de naturaleza superficial y cosmética, una veleidad sin trascendencia, es hoy hecho consistente y plasmado en la nosología japonesa. Acompañado del cambio de nombre obviamente fue menester una intensa campaña educativa al respecto. Pero se tiene que empezar por algo. En algunos lugares de Europa también hay movimientos similares. A ver por acá quién más se anima.





Referencias:

-Kim Y, Berríos G. Impact of the term Schizophrenia on the culture of the ideograph: The Japanese Experience. Schizophr Bull 2001; 27: 181-185.

-Sato M. Renaming schizophrenia: a Japanese perspective. World Psychiatry 2006; 5: 53–55.


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